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Los godos. Estilicón y Alarico. II


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Podemos achacar, los problemas que se sucedieron a la muerte del emperador Teodosio, a la división de su imperio entre sus hijos, Occidente para Honorio y Oriente para Arcadio. Pero, en realidad, la base de todo, fue la rivalidad entre Estilicón, que quedó como protector de Honorio en Roma, y el eunuco Rufino, que lo fue de Arcadio en Constantinopla. Las bases del enfrentamiento, además de la reticencia del general Estilicón, a perder poder en Oriente, fueron los intereses estratégicos y militares de ambos, pues la política posterior de los magistrados orientales, estuvo encaminada a hacer rebotar hacia Occidente, todos los movimientos de masas, provenientes de las zonas del Danubio y el mar Negro, dando lugar, en esta parte del Imperio, a una etapa de auténtica inestabilidad territorial.

En este clima, destacaba la figura la figura de Alarico, como jefe de una coalición de linajes godos de gran envergadura, directamente relacionada con Estilicón. De la lectura de Zósimo (historiador griego pagano de finales del siglo V y primeros del VI), la fuente principal, que presenta los acontecimientos con gran confusión, podemos determinar que el jefe godo pretendía, gracias a la ayuda que había dado a Teodosio, en la batalla contra Eugenio, en la que murieron muchos godos, poner sus hombres a las órdenes de los emperadores, exigiendo, a cambio, el título que ya Atanarico había ostentado, de “magíster militum” del Ilírico, la zona más conflictiva de paso hacia el Imperio, y por donde nuevas oleadas de pueblos greutingos (ostrogodos), pretendían entrar. Pero este título, además del de “rex gothorum”, que se adjudicaba, le concedía muy alta autonomía, en los territorios que defendía, y que trataba ya como si fueran su propio reino. Además, al aspirar al título de general, Alarico pretendía el privilegio de la ciudadanía romana, que le capacitaba para recibir magistraturas, casarse libremente, comerciar, poseer tierras propias, testar, heredar, y regirse por las leyes romanas.

Zósimo, en el libro V, añadía que esta propuesta, fue rechazada por el emperador de Oriente, lo que obligó a Alarico, nada más morir Teodosio, a partir de Tracia y atravesar el famoso paso de las Termópilas, abalanzarse contra las provincias orientales de Macedonia y Tesalia, y llegar hasta el Ática. Allí tomó el puerto del Pireo, sitió Atenas, y conquistó, por las armas, algunas de las ciudades del Peloponeso, como Corintio y Esparta. A la ciudad de Atenas, la salvó milagrosamente la diosa Atenea Defensora, que se paseó por las murallas completamente armada, junto con Aquiles. Por eso, Alarico renunció a su saqueo, y entro en la ciudad, compartiendo con sus ciudadanos banquetes, baños y regalos, para después retirarse dejándola intacta. Es evidente que en el sitio de la ciudad, hubo acuerdos, que no nos han sido transmitidos por las fuentes, y que se repitieron después, en el sitio de Roma. Aunque parece que la causa real del abandono de Grecia, fue la acción naval, que llevó a cabo Estilicón, y que le llevó a la huida.

Es muy probable que Estilicón pactara con Alarico, hacia el año 405, el mando de la prefectura del Ilírico que, en principio, pertenecía al Imperio de Oriente, intentando con ello, arrebatársela al emperador de Occidente Arcadio.

Pues eso.

(Continuará)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.