Informe Beveridge. Aprendamos del pasado
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
En las primeras elecciones tras la guerra, a pesar de que Churchill había sido el gran líder en la misma, los ingleses, sabiamente, votaron a los laboristas encabezados por Clement Attlee, en 1945. Había un amplio sentimiento, especialmente en los miles de soldados que habían luchado, de que los sufrimientos y renuncias, aceptados para ganar la guerra, tenían que tener como compensación, una vida diaria más cómoda y digna.
Peter Watson, escribió que anochecía el 30 de noviembre de 1942, cuando comenzaron a formarse grandes colas, en el exterior de la sede londinense del servicio de publicaciones británicos. Se trataba de un hecho insólito, pues las publicaciones del gobierno, no acostumbraban a ser éxitos de venta. Sin embargo, los sesenta mil ejemplares del informe que salieron a la venta ese día, no tardaron en agotarse. Del “Social Insurance Allied Services” acabaron por venderse seiscientos mil ejemplares, lo que le convirtió en el informe gubernamental, más vendido hasta entonces. ¿A qué se debió este éxito editorial? El libro, más conocido como el “Informe Beveridge”, supuso la instauración del estado de bienestar en Gran Bretaña, y dio pie a toda clase de opiniones en el mundo de posguerra.
La idea de un “estado de bienestar” no era nueva. En la Alemania de los años ochenta del siglo XIX, ya Bismarck había tomado medidas en lo relativo a los seguros de accidentes, enfermedades, ancianidad y discapacidad. Austria y Hungría habían seguido su ejemplo. En Inglaterra en 1910 y 1911, a raíz de las presiones de los Web, Bernard Shaw, H G. Wells y otros fabianos, Lloyd George, a la sazón presidente del gobierno, presentó una legislación, que establecía una pensión de desempleo y senectud. En los Estados Unidos, durante los años treinta, tras el “new deal” de Roosvelt, y a la luz de las teorías de Keynes, se concibió el Plan Wisconsin, que preveía indemnizaciones por desempleo en el ámbito estatal. Sin embargo, el Informe Beveridge era mucho más amplio, y se había elaborado durante la guerra, por lo que partía de un cambio de actitud por parte de todo el país.
El “Informe” surgió por casualidad cuando, en junio de 1941, Arthur Greenwood, ministro laborista encargado de la reconstrucción del país, solicitó a Sir William Beveridge que presidiese el comité interdepartamental, responsable de coordinar el seguro social. A Beveridge, se le pidió simplemente, que remendase parte de la maquinaria social británica. Sin embargo, la gran decepción que arrastraba (pues deseaba tener una función más activa en los tiempos de guerra) lo llevó a replantearse la situación a fondo, y a darse cuenta de las amplias posibilidades que se le planteaban.
Beveridge era un hombre extraordinario y muy bien relacionado, lo que iba a influir de forma decisiva en sus logros. Había nacido en la India en 1879, era hijo de un juez británico. Se formó en Charterhouse y el Balliol College de Oxford, donde estudio matemáticas y clásicas. En 1907 visitó Alemania, con la intención de conocer el sistema posbismarckiano de seguro obligatorio, para pensiones y enfermedad.
A su regreso, escribió varios artículos sobre las medidas de Alemania en el “Morning Post”, que llamaron la atención de Winston Churchill, que le invitó a unirse al Ministerio de Comercio, como funcionario a tiempo completo. La actuación de Beveridge, ya había resultado fundamental para la legislación de 1911, del gobierno liberal de Lloyd George, que introdujo las pensiones para los jubilados, las bolsas de trabajo y un sistema de seguros para hacer frente al desempleo. El propio Churchill se sintió atraído por la reforma social, que declaró el liberalismo “la causa de los millones de excluidos”. Tras la Primera Guerra Mundial, Beveridge ocupó el puesto de director de la “London School of Economics (LSE)”, y la transformó en un centro neurálgico de las ciencias sociales.
Un mes después de su encuentro con Greenwood, en 1941, Beveridge presentó un estudio al comité que presidía, en el que no se hablaba de simples remiendos. Su título era: “Social Insurance. General Considerations”. Durante los meses siguientes, que coincidieron con los más duros de la guerra, el Comité Beveridge reunió 127 pruebas escritas, y organizó más de cincuenta sesiones, para recoger testimonios orales proporcionados por testigos. Pero antes incluso, de que el Informe estuviera listo, Beveridge hizo circular un escrito titulado: “Directrices de un proyecto”, que contenía lo esencial del informe final, que se presentó un año más tarde. Este documento fundamental, fue en esencia obra de un solo hombre.
El escrito de Beveridge hacia dos previsiones: por un lado, en el futuro habría un servicio nacional de sanidad, desgravaciones por hijos y subsidio de desempleo; por el otro, las ayudas se pagarían en virtud de una tarifa única, lo bastante elevada como para poder vivir de ella, que procedería de las contribuciones del individuo, del empresario y del Estado. “Un momento revolucionario de la historia del mundo – escribió – es un tiempo de revoluciones, no de remedios”. La guerra estaba eliminando puntos de referencia de todo tipo, por lo que se ofrecía “la oportunidad de un cambio de verdad”, ya que el “objetivo de la victoria, es el de vivir en un mundo mejor que el anterior”.
En un tiempo de tanta oscuridad, pocos esperaban que un informe gubernamental pudiese ser tan apasionado y, mucho menos, tan estimulante. Todo apunta a que Beveridge supo entender de forma instintiva que, precisamente por lo sombrío del momento y la amenaza que provenía del exterior, era éste el instante más indicado, para provocar un cambio de actitud, un cambio en la concepción de los peligros que amenazaban desde dentro a la sociedad británica.
Esta pandemia que hoy sufrimos, no es una guerra “in stricto sensu”. Pero está produciendo la misma o mayor mortalidad, que una auténtica conflagración. También dejará economías arruinadas, y una peor calidad de vida para muchos ¿No deberíamos aprovechar la circunstancia, seguramente a nivel europeo, para redactar un nuevo Informe Beveridge?
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.