Voltaire. Los entierros. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
A sus 84 años (a comienzos de 1778) Voltaire es autorizado por Luis XVI, a volver a París. Se aloja en casa del Marqués de la Villete, situada junto al Sena, en lo que hoy se llama Quai Voltaire, para conmemorar el lugar donde murió. Recibe innumerables visitas de sus antiguos amigos y, las personalidades del momento, como Benjamín Franklin, con quien conversa en inglés. Las emociones se van acumulando y, su alud se resiente y deteriora una vez más. Reúne la energía suficiente, para asistir a la ceremonia de iniciación, de la logia francmasónica de las Nueve Hermanas y, asistir a una sesión de la Academia, en la que propone elaborar, un diccionario de la lengua francesa. Todo ello soportando los fuertes dolores, provocados por un cáncer de próstata.
De su final circulan muchas leyendas, relativas a un presunto arrepentimiento, merced al cual habría dispuesto reconocerse católico, para evitar problemas con el entierro, pues abundaron los interesados, en describir un final escabroso, como castigo al impío. Según su secretario, Wagnière, Voltaire la habría pedido papel y pluma, para escribir lo siguiente: “Muero adorando a Dios, amando a mis amigos, sin odiar a mis enemigos y detestando la superstición”. Pero lo único cierto, es que se negó a recibir la comunión y, puede que sus últimas palabras fueran: “Dejadme en paz”. Era el 30 de mayo de 1778.
Al ejecutarse el testamento, la mayor parte de su fortuna, va a para a manos de su sobrina, quien se apresura a casarse, con un joven treinta años más joven que ella y, que le ayuda a dilapidarla, en un breve espacio de tiempo. Ferney es vendido, ese mismo año, al Marqués de la Villete, y la biblioteca de Voltaire, compuesta por unos 7.000 volúmenes, con anotaciones de su propietario, es comprada, junto a muchos manuscritos, por Catalina II de Rusia, que ya se había hecho previamente, con la biblioteca de Diderot, si bien en este caso, se la ha vendido el propio interesado, a fin de obtener una dote para su hija.
Esta circunstancia provoca, que muchos inéditos de Diderot y Voltaire, vayan apareciendo con el tiempo, por contingencias muy diversas, como sucede con un manuscrito de Diderot, encontrado en un buquinista (vendedores de libros de ocasión o raros) de la ribera del Sena y, que fue vendido por un general blanco (como sabemos, blancos se llamaron a los que se opusieron a la revolución comunista) que se lo había procurado en San Petersburgo, a causa de la Revolución. Otros dos sobrinos de Voltaire, reciben cuantiosas sumas, con la instrucción de que reserven un año de salarios, para los criados y, cierta cantidad, para repartir entre los pobres de Ferney, “si aún quedan”, dice el testamento.
Su corazón y su cerebro son conservados, tras embalsamar el cadáver, que está en la Galería Nacional de París. Pero el arzobispo de Paris, se niega en redondo, a autorizar un entierro religioso y, hay que recurrir a una estratagema, para enterrarlo en la abadía de Seillières, cerca de Troyes. Tampoco se ofician los funerales que le corresponden, como miembro de la Academia, porque los franciscanos rehúsan hacerlo y, el rey se abstiene de intervenir. Por otra parte, el obispo de Ginebra, también impide que se realizara acto alguno en Ferney, por lo que, sólo se celebra una misa en Berlín, auspiciada por Federico II de Prusia (en cuya corte Voltaire había pasado unos años) y, otra ceremonia promovida por D’Alembert, en la Logia de las Nueve Hermanas. Y, cuando la Abadía de Seillières, ya en ruinas, iba a ser vendida, se organizó en 1791, el traslado de su sarcófago al Panteón.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.