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Federico García Lorca, encabeza un manifiesto el 1 de mayo de 1933, en protesta contra la barbarie nacional-socialista que encarcela escritores alemanes, en alemania


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Cada año, el 18 de agosto recuerdo el brutal, salvaje e inútil asesinato de Federico García Lorca. Durísimas debieron ser sus últimas horas, antes de recibir los disparos en el barranco de Víznar y ser sepultado en esa tierra que permanecerá siempre, bañada con su sangre.

Con tu angustia postrera

bajo la luz tranquila de Granada

distante entre cipreses y laureles,

y entre tus propias gentes

y por las mismas manos

que un día servilmente te alabaran.

Luis Cernuda. “A un poeta muerto (FGL)

Me causan indignación los intentos que todavía, hoy, se producen para no enfrentarse cara a cara con la verdad. Lo mataron por homosexual, por republicano y por ser un poeta, dramaturgo e intelectual comprometido con los valores democráticos.

No puedo olvidar ese “dale café, mucho café” ni la salvaje e indiscriminada represión llevada a cabo por los militares africanistas, cuya cabeza visible en Andalucía era el siniestro Queipo de Llano.

La ley de Memoria Democrática es, ante todo, justicia y reparación. Supone exhumar las fosas al borde de las carreteras, en los aledaños de los cementerios… y sustituir la propaganda de los vencedores por un conocimiento de los hechos bien documentado y riguroso, lo que no excluye claro está, distintas interpretaciones.

Los hechos están ahí, son tozudos. Los historiadores han dado cuenta de lo que sucedió. ¿A quién molesta, entonces, la Ley de Memoria Democrática heredera de la de Memoria Histórica? A los nostálgicos de la dictadura franquista, a quienes justifican el totalitarismo… y a quienes se niegan a pasar página y permanecen anclados en el pasado.

Sobre Federico García Lorca no está todo dicho. Constituye una de las cimas del teatro español del siglo XX, junto con Valle Inclán y Buero Vallejo. Es uno de los poetas más vivos y actuales de la Generación del 27, ahí está su Poeta en Nueva York, como botón de muestra.

Quizás, no se haya hecho excesivo hincapié sin embargo en su compromiso intelectual y ético con los valores republicanos y su identificación con la política cultural de la Segunda República. La Barraca es un buen ejemplo de ello.

Federico García Lorca tiene muchas facetas, algunas de las cuales no han sido a penas exploradas.

No está demás, por tanto, que le dedique hoy mi colaboración para El Obrero, procurando hacer hincapié en lo que de forma un tanto apresurada se ha venido pasando por alto.

Es poco conocido, por ejemplo, que el 1 de mayo de 1933, encabezó un manifiesto contra la barbarie nazi, en concreto contra el encarcelamiento por parte de Hitler y sus secuaces, de intelectuales, periodistas y escritores que les resultaban molestos.

Lo primero que quiero resaltar es que muchas conquistas en materia de derechos civiles y humanos quedaron eliminadas de un plumazo, pese a que algunos consideraban estas conquistas afianzadas y seguras. Es esta una amarga lección de la Historia. Los totalitarismos y, el nacional-socialismo es el peor de ellos, siempre suponen una marcha atrás de efectos demoledores. Los populismos son, por desgracia, sus continuadores hoy con su adanismo, su negacionismo y su ignorancia.

Los enemigos de la libertad, primero tergiversaban los hechos para pasar después, a “amordazar” a los intelectuales, periodistas y escritores que se atrevían a contar lo que realmente estaba ocurriendo.

El manifiesto aludido habla de la ofensiva de la barbarie contra las fuerzas de progreso. El manifiesto, es una prueba de solidaridad contra las arbitrariedades, torturas e injusticias cometidas contra Ludwig Renn, Carl von Ossietzky, Egon Erwin Kisch y otros, a los que impunemente se les acusaba de delitos falsos, inventados por una propaganda adicta. El totalitarismo recurre a la intoxicación y a la mentira para favorecer sus intereses.

¿Quiénes suscribieron el manifiesto? el primer firmante es Federico García Lorca, también aparecen las firmas de Ramón J. Sender, Rafael Alberti, César Vallejo, Manuel Altolaguirre, Pedro Garfias o Luis Buñuel, entre otros. Es significativa la presencia y la adhesión de algunas mujeres como María Teresa León, Rosario del Olmo o Concha Méndez.

El Federico García Lorca que encabeza el manifiesto, claro está, es el mismo que se enfundaba el mono azul y con el grupo de teatro La Barraca, iba a llevar la cultura y el teatro a pueblos alejados y pertenecientes a la España profunda. La experiencia que significaron las Misiones Pedagógicas es solidaria, hermosa y forma parte del afán de la República por llevar la cultura hasta lugares recónditos y olvidados por el escaso interés educativo y cultural de la España caciquil.

Unas cuantas ideas sueltas, un tanto deslavazadas y que merecería la pena sistematizar y ampliar ayudarán quizás, a entender esas facetas de Lorca y a interpretar correctamente su trayectoria. Es ostensible que Federico no es un poeta anacrónico. ¿Por qué? porque está dotado de una inspiración, de un duende y de una pasión por la verdad que le lleva a ir un paso más allá del que han dado otros.

Porque habla simbólica y creativamente al corazón del hombre. En Federico, de una forma u otra, siempre está presente la sombra de la tragedia. Le interesa y mucho, conocer el pasado y las formas de expresión populares así como las innovaciones vanguardistas. Se identifica de una manera espontánea con los perdedores, con los perseguidos, con los marginados. Sean estos los gitanos o los negros de Harlem.

En Federico García Lorca hay un profundo deseo de comunicar y de comunicarse. Ese deseo parte de una soledad manifiesta que le angustia, le ‘muerde’ y que “vuela” en forma poética o dramática. Podría decirse que hay una tensión dialéctica -unas veces perceptible y otras de forma críptica- entre su soledad, que lo aísla y aparta y, el deseo de compartir y de identificarse con el otro o los otros que son también parte de su yo vulnerado.

Para Federico la poesía es diálogo. Tal y como la concibe, el aliento poético supone un intento de pedagogía social que recorre, desde el Romancero Gitano hasta Poeta en Nueva York, pasando por sus composiciones más atrevidas y transgresoras como los Sonetos del amor obscuro.

Pese a su simpatía arrolladora, a su vitalidad, a su aparente alegría hay en el fondo de sus creaciones algo sombrío que le impide reconciliarse con el mundo y que convierte ‘lo trágico’ en un grito ahogado de angustia que no dejará de acompañarlo nunca.

Como todos los creadores dotados de una fuerza y energía excepcionales, la mejor forma de establecer vínculos y de comunicarse es hacer, experimentar hasta la extenuación. Ese y no otro es ‘el modus operandi’ de su literatura.

En muchas ocasiones el poeta ‘rasga’ el velo convencional de la realidad para explorar zonas ocultas y –a menudo obscuras- de la existencia.

Aquí y allá el dolor aflora, quizás por eso, en toda verdad profunda hay mucho ‘de quejío’. Podría añadirse que en sus creaciones lo telúrico está presente, así como una lucha a brazo partido entre la libertad y el destino.

Su poética tiene mucho que ver con las aguas del río de Heráclito. Adquiere una destreza, nada usual, en convertir los sentimientos en palabras. Sus poemas son más que una forma de comunicación. El sentido trágico lo acompaña en su laberinto interior, donde no hay lugar para el conformismo y cada logro se convierte en un nuevo reto para seguir avanzando en su búsqueda incesante.

El suyo es un fulgor que no envejece. Es de agradecer que, libro a libro, poema a poema, la curiosidad hacia el mundo y los enigmas que contiene son su leitmotiv junto a una crítica a las injusticias y a las humillaciones perpetradas contra los perdedores.

La obra creativa de Federico García Lorca deja constancia de que ha vivido y de los sinsabores, experiencias y alegrías de la vida… dejando para la posteridad mensajes poéticos que plantean enigmas, algunos de los cuales todavía están por resolver e interpretar.

Por eso, a finales de agosto de 2023, cuando desde los círculos más casposos e ignorantes se pretende derogar la Ley de Memoria Democrática, con estas breves y sinceras reflexiones sobre García Lorca y su legado, hago a los lectores de El Obrero, la siguiente propuesta: este breve ensayo es un ejemplo de Memoria Democrática y hemos de estar alerta contra quienes pretenden tergiversarla, edulcorarla y en los casos más brutales prescindir de ella.

 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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