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El Golpe de Casado. II


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El comienzo de la crisis política, que iba a producir el clima propicio para el golpe de Casado, puede situarse en abril de 1938, cuando la toma de Vinaroz (Castellón) por los ejércitos franquistas, dividió en dos el territorio republicano. Este hecho agravó el nivel de separación de la zona centro-sur del gobierno republicano, y de las direcciones nacionales de los partidos políticos y organizaciones sindicales, establecidos en Barcelona desde octubre de 1937.

La conciencia de división física, se transformó, con peligrosa facilidad, en una sensación de aislamiento político y abandonó moral. En este sentido, la militancia de base socialista, salió especialmente mal parada. Durante mucho tiempo acumuló frustración y amargura, por lo que percibía como un exceso de tolerancia por parte de Lamoneda, respecto a las agresiones del PCE.”Desamparo” era la palabra que con más frecuencia utilizaban los militantes socialistas, para describir su sentimiento de indefensión. Y la mayoría de las críticas, iban dirigidas al Secretario General (Ramón Lamoneda).

Araquistáin también censuró la frialdad de Lamoneda. “ese hombre será un magnífico corrector de imprenta, pero no tiene vida, es frío como el mármol y no siente, ni los dolores de nuestro pueblo, ni las necesidades de nuestro partido”. El hecho de que la Ejecutiva de Lamoneda, se marchara a Francia tras la caída de Cataluña en febrero de 1939, transformó la sospecha en amarga certeza, para muchos de los socialistas atrapados en la zona centro-sur, rodeados tan solo por territorio franquista y el mar. La larga ausencia de Lamoneda de dicha zona, acabó por entregar el control del socialismo a sus rivales. La desesperación y el caos de los tiempos, difuminaban fidelidades políticas pasadas. Aunque también es cierto, que no todos los militantes de la Agrupación Socialista Madrileña (ASM), que acabaron apoyando a Casado eran caballeristas. Este grupo incluía, por ejemplo, al compañero de Lamoneda, Rafael Henche.

En una atmósfera tan desfavorable, la fatiga de la guerra ocasionó pronto, una desmoralización profunda entre la población civil. El acuerdo de Munich (entre Francia, Inglaterra y Alemania) en septiembre de 1938, fue la culminación del proceso, cuando no sólo Checoslovaquia, sino también la República española, fueron sacrificadas en el altar de la política del apaciguamiento. Visto el cansancio de la clase trabajadora y la indecisión y el descontento de la clase media, el PCE fue incapaz de movilizar a ningún sector de la población, tras un Frente Popular en rápida desintegración. El socialista e historiador Antonio Ramos Oliveira, comentaba después de la guerra, el tono general de expectación pasiva, en el que el golpe de Casado había tenido lugar: “El Consejo de Defensa apenas halló oposición. Le favoreció en sobremanera, la pasividad sus enemigos y el desconcierto o la expectación de la masa general”.

Fue el anticomunismo visceral, en el seno de la Agrupación Socialista Madrileña, lo que llevó a varios de sus principales dirigentes, a conspirar con Casado. De hecho la agrupación, se convirtió en el centro de la conspiración civil. Se establecieron conversaciones en su sede central, entre Besteiro, Carlos Rubiera, Wenceslao Carrillo, Ángel Pedrero y Cipriano Mera (jefe anarcosindicalista del IV cuerpo del Ejército del Centro). Hacia finales de febrero de 1939, Orencio Labrador (socialista que hacía las veces de intermediario de Casado) captó para el golpe a su compañero socialista Wenceslao Carrillo (padre como sabemos de Santiago). También estuvo involucrado Enrique de Francisco, a quien, por medio de sus contactos con jóvenes disidentes de las Juventudes Socialistas Unificadas (lideradas por Santiago Carrillo) no le quedaron dudas, acerca de la postura que adoptaría, la mayor parte de los socialistas madrileños, respecto al golpe de Casado.

Las relaciones entre las bases socialistas y comunistas madrileñas, eran probablemente las peores de toda la zona republicana. Por iniciativa de los veteranos de la agrupación de Madrid (el feudo de Largo Caballero, no lo olvidemos) el comité de enlace PSOE-PCE, había estado prácticamente inactivo, a lo largo de la segunda mitad de 1938, lo cual significaba que los dos partidos, no tenían formalmente contacto directo entre sí.

Debilitado, pues, el PCE debió afrontar la creciente hostilidad de los movimientos socialistas y anarcosindicalistas, cuya ingente reserva de resentimiento hacia él, se desató ante la inminencia de una casi segura derrota militar. También en el resto de las provincias de la zona centro-sur, se sucedieron las declaraciones de incompatibilidad con el PCE, de todas las fuerzas políticas leales a la República. Esta declaraciones tenían ya un precedente claro, en la retirada de los jóvenes socialistas de las JSU, y la suspensión definitiva de los comités de enlace PSOE-PCE, en Albacete, Alicante, Valencia, Ciudad Real y Murcia.

“No fue ciertamente Casado quien se sublevó. Antes que lo hiciera Casado en el orden militar, lo hicieron nuestras agrupaciones socialistas en lo civil… En Albacete se reunieron los socialistas de la provincia, y a iniciativa de estos, lo hicieron todos los republicanos y la CNT”, escribió Araquistáin (Ver la carta de Araquistáin a González Peña del 15 de julio de 1939. Y también el informe de Togliatti en sus “Escritos”).

Pues eso.

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.