Masonería y Política española entre 1900 y 1922
- Escrito por Manuel Según Alonso
- Publicado en Historalia
Se puede decir que desde la Restauración y especialmente tras la pérdida de Cuba y Filipinas, la sociedad española vive inmersa en una crisis de identidad que tiene su reflejo en las logias y que el periodo estudiado viene a constituir un momento de formación del espacio masónico que se estructura hasta la guerra de España en función de la implantación de los partidos de oposición, especialmente los partidos republicanos, la transformación de los espacios de sociabilidad y la labor de algunos miembros de la masonería.
Es por ello que la masonería cree que ha llegado el momento de que otras formas de gobierno más acordes con las necesidades y aspiraciones del país tomen el poder y por ello, abandona su nunca clara neutralidad política, defendiendo abiertamente los principios democráticos.
Entre 1900 y 1923, la reconstitución de la masonería es lenta y se lleva a cabo gracias a la presencia e influencia del Gran Oriente Español (GOE), la concentración en torno a la logia madrileña Ibérica y las figuras de fuerte liderazgo y que dirigen la obediencia hasta su muerte, primero, Miguel Morayta y más tarde, Luis Simarro.
La Orden se preocupa de los diversos asuntos que afectan a la sociedad, como la incineración de cadáveres, el analfabetismo, la creación de barriadas obreras, la situación de los empleados del cuerpo de Correos, y en general los problemas relacionados con la sociedad, posicionándose ante los acontecimientos políticos dentro de lo que se podría denominar reformismo democrático siendo contrario al régimen alfonsino. Apoyando incluso campañas políticas de alguno de sus miembros, como en el caso del venerable maestro de la logia Catoniana, Eduardo Barriobero que finalmente es elegido diputado por Madrid en 1914 por el partido federal.
Entre esos asuntos políticos en los que se posiciona la masonería e incluso participa, se encuentra la crisis de 1909 y el posterior fusilamiento de Ferrer i Guardia, la Gran Guerra, la crisis de 1917, entre otros.
Luis Simarro manifiesta desde el primer momento su simpatía por el movimiento democratizador. Lo que le lleva a solicitar a todas las logias del GOE en 1917 la confección de una memoria y con ella, realizar un informe conjunto que determinara la posición del GOE ante los conflictos políticos y que sirva de fuente de información para los miembros de la masonería que tengan responsabilidad política.
Se encuentran miembros de logias y a la vez, diputados en el movimiento que se produce en 1917 y el comité de Huelga como Daniel Anguiano o Marcelino Domingo Sanjuan. Actúan siguiendo instrucciones de sus partidos políticos y sindicatos y no de la masonería, aunque esta, se posiciona por el cambio. La masonería simpatiza con el movimiento y cuando este fracasa, comienza una campaña para liberar a los detenidos, organizar su auxilio y el de su familia, y protestar por la represión que le sigue.
Probablemente las manifestaciones de solidaridad de los dirigentes del GOE con el movimiento revolucionario, explica la entrada en las logias de los políticos de la izquierda burguesa y de los militantes socialistas que ven en los talleres un lugar de encuentro, un microcosmo de libertad, suministrando un lugar de coordinación y movilización y una infraestructura donde organizarse y sentirse seguros, en cierta manera, las logias recogen la desorientación política en que se encuentran los partidos de progreso en su lenta modernización.
Meses después, y si aún queda alguna duda de que la masonería está posicionada políticamente, en la Asamblea General del GOE de 1918 se afirma que esta debe ser “la plataforma neutral de todas las izquierdas”.
A las logias no solo le preocupa los temas sociales y políticos de dentro de nuestro país, sino que reflexiona y se posiciona sobre los asuntos internacionales como pueden ser las relaciones con Portugal, la situación de la ciudad de Andrópolis, de Rusia, de Polonia, de Filipinas u otros más generales, como los medios de evitar las guerras y el tema de la Paz.
Este último tema, junto al de la pena de muerte es fundamental en el concepto humanista de la masonería y dentro del marco ético-jurídico laicista que defiende. Recuérdese que la Orden tiene una larga tradición pacifista que desde finales del siglo diecinueve ha estado presente en el nacimiento y consolidación de organizaciones como la Liga de Derechos del Hombre o la Sociedad de Naciones. Considera que debe contribuir a la Paz y trabajar para conseguir el cese de las guerras y que los conflictos se resuelvan por medio del arbitraje.
Con la Gran Guerra, la masonería constata que se está destruyendo el concepto humanista básico del parlamentarismo y la democracia liberal europea, y probablemente este sea uno de los motivos que le lleve a participar en las movilizaciones contra el sistema político y social imperante, pues lo considera responsable al no haber sido capaz de parar el conflicto, además de ralentizar la tibias reformas sociales. A partir de 1916, abandona su neutralidad aparente y se posiciona claramente a favor de las naciones de la Triple Entente y especialmente de Francia y Bélgica.
Manuel Según Alonso
Funcionario del Cuerpo de Gestión de Sistemas e Información de la Administración General del estado. Actualmente destinado en el Ayuntamiento de Madrid como jefe de Unidad en la subdirección general de Comunicaciones del Organismo Autónomo Informática Ayuntamiento de Madrid (IAM). Doctor en Historia e historia del arte y territorio con la tesis “Masonería y Política en Madrid (1900-1939). Miembro del Centro de Estudios históricos de la Masonería Española (CEHME). Miembro del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Libros: La quema de conventos de mayo de 1931 en el Madrid republicano. El anticlericalismo de la gasolina y la cerilla. Saarbrücken, Academia Española, 2015, y La masonería madrileña en la primera mitad del siglo XX. Madrid, Sanz y Torres. 2019.
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