Breve Historia del feminismo en España. II
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Desde el principio del siglo XX hasta 1918 el feminismo catalán encontró aliados dentro del radicalismo lerrouxista. En 1906, Ángeles López de Ayala fundó en Barcelona la revista “El Gladiador”, destinada a las mujeres, y que fue el órgano oficial de la Sociedad Progresiva Femenina. Allí colaboraron lerrouxistas, espiritistas, masones y las “Damas Radicales”. Al desaparecer esta publicación, nuestra infatigable López de Ayala fundó “El Libertador” en el año 1910, cuyo subtítulo llevaba la siguiente nota: “Periódico defensor de la mujer y órgano nacional del Librepensamiento”. En 1914 impulsó “El Gladiador del Librepensamiento”, que desapareció en 1920, juntamente con la Sociedad Progresiva.
El 10 de julio de 1910 se produjo la primera manifestación de mujeres, entre diez y quince mil participantes, en Barcelona. Esta manifestación fue organizada por la organización feminista y con el apoyo de los radicales.
En estas décadas primeras del siglo XX veremos surgir un movimiento de mujeres ligado a la burguesía catalana, aunque no puede ser considerado claramente feminista. Destacó Dolors Monserdà y el grupo de la revista Or i Grana (1906-1907), Carmen Karr, directora de Feminal (1907-1917) y Francesca Bonnemaison, creadora del Institut de Cultura y de la Biblioteca Popular per la Dona (1910).
En 1918 se fundaba la Asociación Nacional de Mujeres de España, por Consuelo González Ramos y María Espinosa de los Monteros, para luchar por el sufragio femenino. En ella se integraron Clara Campoamor, Victoria Kent, Elisa Soriano, etc. Fomentó, con otras asociaciones, la creación del Consejo Supremo Feminista de España.
Pero no podemos olvidar tampoco a la Unión de Mujeres de España, la Juventud Universitaria Feminista, Acción Femenina, y Cruzada de Mujeres Española, donde destacó Carmen de Burgos.
Debemos aludir también a la creación del Lyceum Club Femenino, asociación de mujeres en Madrid, que existió entre 1926 y 1939, impulsado por María de Maeztu, y formado por una élite femenina muy activa, destacando Victoria Kent, Zenobia Camprubí, Isabel Oyarzábal, etc. Su objetivo fue la defensa de los derechos de la mujer y establecer un espacio donde las mujeres podían desarrollar su interés profesional y cultural.
En el ámbito del movimiento obrero, el anarquismo siempre fue muy favorable a la causa femenina, y costó más abrirse camino en el socialista, aunque terminaría por incorporar sus reivindicaciones, destacando la figura de María Cambrils.
Durante los años veinte se vivió un evidente impulso del movimiento sufragista y del feminismo de signo socialista en el mundo occidental. En España, Primo de Rivera concede el voto a las mujeres en el ámbito municipal cuando es aprobado el Estatuto Municipal en 1924, aunque esta ley nunca llegó a ponerse en práctica. En la Asamblea Nacional Consultiva se sentaron trece mujeres hacia 1929.
La Segunda República comenzó reconociendo el derecho de las mujeres a ser elegidas para ocupar un escaño en el Congreso, pero no la capacidad de votar. En las primeras Cortes republicanos obtuvieron dos escaños de los cuatrocientos setenta fueron ocupados por dos mujeres capitales en la Historia Contemporánea de España: Clara Campoamor por el Partido Radical, y Victoria Kent por el Partido Radical Socialista. Más tarde se incorporaría Margarita Nelken por el PSOE.
En las Cortes se entabló un intenso debate sobre el derecho al voto femenino en el que se destacó Clara Campoamor con su defensa al voto. Al final, ganó la propuesta de reconocimiento del derecho al sufragio para las mujeres, como se recogió en el artículo 36 de la Constitución, además del reconocimiento formal de la igualdad entre hombres y mujeres.
Durante la vida de la II República no asistimos a un desarrollo autónomo del movimiento feminista sino que se vio inmerso en el encendido conflicto entre las derechas y las izquierdas. El discurso feminista español del momento se inscribe dentro del discurso igualitario y liberal occidental, pero sin el apoyo masivo de las mujeres que se puede comprobar en otros países. Entre los movimientos más destacados de la época estarían la Unión Republicana Femenina, la Agrupación Socialista Femenina, el Comité de Mujeres contra la guerra y el fascismo, y la Comisión Femenina del Frente Popular.
En la guerra civil no se produjo una verdadera liberación de la mujer. En la zona republicana la incorporación de las mujeres al mundo laboral y a otras facetas de la vida política, social y de la lucha estuvo condicionada por las necesidades bélicas. En todo caso, su posición en dicha zona era más importante que en la del bando sublevado donde comenzó a aplicarse el modelo falangista-católico de mujer subordinada al hombre. Este modelo se impuso, claramente, durante la dictadura franquista.
La situación de la mujer no comenzó a cambiar en España los años sesenta cuando el país sufrió una fuerte transformación socioeconómica: modernización social, turismo e industrialización. En 1960 se aprueba la Ley de Derechos Políticos Profesionales y Laborales de la Mujer. La situación de cambio obligó a introducir esta reforma para permitir que la mujer se pudiera incorporar a la vida laboral fuera del ámbito doméstico.
Como pioneras del movimiento feminista aparecen figuras como Lidia Falcón, autora de obras como Cartas a una idiota española y Mujer y Sociedad, así como María Aurelia Capmany con su libro La donna en Catalunya. En estas obras se denuncia la situación de discriminación que sufren las mujeres españolas. Es el comienzo de creación de grupos feministas vinculados a organizaciones políticas, como el Movimiento Democrático de Mujeres, cuyos orígenes debemos encontrarlos en los grupos de mujeres solidarias con los presos políticos del franquismo.
Con la llegada de la democracia el feminismo español alcanza un evidente auge. En diciembre de 1975, recién fallecido el dictador, tienen lugar las Primeras Jornadas Nacionales para la Liberación de la Mujer. Se van a definir dos corrientes del feminismo: uno más radical, que expresaba la necesidad de mantener un movimiento estrictamente feminista, independiente de partidos, sindicatos y organizaciones políticas; y un feminismo que buscaba la reivindicación feminista, pero vinculándola con la lucha por la democracia y las libertades en España.
En la segunda mitad de la década de los setenta se crearon numerosas organizaciones feministas en toda España, encuadradas en la Coordinador de Organizaciones Feministas de Barcelona o en la Plataforma de Organizaciones Feministas de Madrid.
Por fin, la democracia estableció una serie profunda de revisiones legales a favor de la igualdad de la mujer: el artículo 14 de la Constitución Española de 1978 establece dicho principio, las leyes del divorcio y del aborto, etc.., aunque el camino hacia la igualdad aún no ha terminado, como lo demuestran las diferencias salariales y laborales, la violencia de género y la persistencia de ciertas mentalidades.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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