Ibis
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Cultura
Ave de las zancudas, siendo la más destacada la denominada ibis sagrada, de plumaje blanco, menos en las alas y en la cola que serían negras. Era originaria de África, de Abisinia, Nubia, Etiopía y Egipto. Antiguamente, como afirmaba Diodoro Sículo, el ibis se paseaba en las orillas del Nilo acechando a los reptiles, buscando sus huevos y atacando a escarabajos y langostas.
El apelativo de sagrada nació por la veneración que generó entre los egipcios porque hacían una gran labor, en realidad. En un determinado momento de los ciclos del Nilo salían del limo húmedo y caliente verdaderos enjambres de insectos y serpientes venenosas. Los ibis se alimentaban de estos animales. Eso terminó por darles un cierto halo divino, y se convirtieron en emblema de la pureza y la virginidad porque pensaban los egipcios que se fecundaban por el pico. Los sacerdotes llegaron a considerar que los dioses desdeñaban manifestarse bajo una forma sensible, adoptando la figura y forma del ibis. Así se rendía honores divinos a estas aves, y se castigaba con la muerte a quien osase matar a una de ellas.
La veneración a los ibis generó todo tipo de fábulas y leyendas. Si una pluma de ibis tocaba a una serpiente quedaban inmóviles y podían hasta morir. También se decía que la vida del ibis era muy larga, tan larga que los sacerdotes de Hermópolis sostenían que podía ser inmortal.
En muchas sepulturas de reyes y sacerdotes egipcios, al lado de sus momias se colocaban las de los ibis. Al parecer, Buffon, el gran naturalista, afirmó que muchos pozos de momias de la zona de Saccara se denominaban “pozos de las aves” porque se encontraron muchas aves embalsamadas, especialmente ibis, dentro de grandes jarros de tierra cocida.
El ibis sagrado se vinculó a Thot, el dios de la escritura y de la sabiduría. Pero también existía el ibis eremita, con penacho de plumas tras la cabeza, como el símbolo del akh, uno de los elementos del ser humano. Pertenecía al cielo, en dualidad con el cuerpo humano, que pertenecía a la tierra. El akh sería el espíritu. El ibis eremita también se consideraba como un mensajero de los muertos, un ente sagrado que poseía poder en el mundo de los vivos. Era un símbolo de gloria, esplendor y virtud, seguramente por la vivacidad de sus alas y por los bailes que exhibían. El ibis se enlazaría con el más allá también, seguramente, por su condición migratoria, es decir, de ir y venir.
Lamentablemente, hoy no hay ibis en Egipto.
Por fin, el ibis se asoció a Mercurio porque el contraste de sus plumas blancas y negras simbolizaría la doble palabra, la exterior o articulada que se dirige a los sentidos y la interior, que sería la voz de la conciencia.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.