EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

Thor Heyerdahl y “Rapa Nui”. VII


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El franciscano padre Englert, tenía aquello días, un motivo muy personal, para dar rienda suelta a su excitación. Y así lo comprendió Heyerdahl, cuando aquel le expuso su petición sin tapujos. “El padre Sebastián deseaba que mi equipo efectuará excavaciones, en un lugar especialísimo, que poseía más relieve que ningún otro en la tradición local: la fosa de Iko”. A continuación, Heyerdahl se dispuso a oír por enésima vez, la leyenda de los “orejas largas” y los “orejas cortas”, el trágico suceso que, según afirmaban los pascuenses, supuso el fin para los primeros, echando el cerrojo definitivamente, a la llamada Edad de Oro de la isla de Pascua.

Los presuntos hechos se remontaban a la época, en que vivían en Rapa Nui, dos pueblos éticamente diferentes. Los hombres de la segunda, eran de piel morena y constitución gruesa, más corpulentos de los que les habían precedido, los cuales tenían la tez clara y, pertenecían al tipo físico delgado de pelvis estrecha, piernas largas y andares erguidos. Estos últimos, que no eran otros que los que habían venido a la isla con Hotu Matua, dieron en llamar a los recién llegados “tangata banau eepe” (‘hombres de raza ancha’) reservando para sí mismos, por simple y manifiesta oposición, el nombre de” tangata banau momoko” (hombres de raza delgada). Entre sus diferencias netamente antropológicas, existía una realmente singular, que atrajo poderosamente la atención, de los que ya estaban asentados en el Obligo del Mundo: los “hanau eepe” tenían los lóbulos de sus orejas, desmesuradamente largos, lo cual les confería un extraño aspecto. En un principio, al parecer, hubo hasta gritos de admiración: “¡Epe roroa!” (‘¡orejas largas!’). Una equivocada traducción o interpretación, de los términos “eepe” (‘ancho’) y “eepe” (‘lóbulo de la oreja’) ha conducido a una lamentable confusión, frecuente incluso en las publicaciones científicas, que ya casi se ha convertido en artículo de fe: la de presentar ambos troncos raciales, con las falsa denominaciones de “orejas largas” y “orejas cortas”, soslayando las verdaderas de “raza ancha” y “raza delgada”.

Sostenía la tradición que los advenedizos “hanau eepe”, constituían un pueblo de hombres activos y emprendedores, duchos en el arte de levantar monumentos y esculpir estatuas de piedra. Si al principio la convivencia, con los descendientes de Hotu Matua fue amistosa, su actitud dominante fue creando a la larga, fricciones que no podía por menos, que desembocar en serias rivalidades, cuando no en odios declarados. Uno de los últimos proyectos que concibieron, fue el de despejar de piedras el suelo de la isla, a fin de poder cultivarlo. La obra la iniciaron los propios “hanau eepe”, en las alturas del Poike, arrojando las escorias volcánicas al mar, por el borde de los acantilados. Pero el terreno por limpiar era demasiado vasto y, entonces ordenaron a los “hanau momoko”, que completaran el trabajo, como también les habían obligado, durante generaciones, a colaborar en la construcción de estatuas y, trasportarlas después, para erigirlas en las plataformas de los “ahu”. Salvo que esta vez, la nueva imposición, fue la gota de agua que desbordó el vaso.

El descontento se había generalizado. Los “hanau momoko”, hartos de su obediencia servil, amenazaban con levantarse en armas. Intuyendo la que se les venía encima, los “hanau eepe” abandonaron sus hogares en el resto de la isla, para refugiarse en el Poike, ya limpio de piedras, donde pensaban que les sería más fácil hacerse fuertes. No podían haber elegido una posición más ventajosa. Por tres de sus lados, la península es inexpugnable, gracias a sus formidables acantilados, de 200 metros de altura. Les faltaba sólo resguardar el costado oeste para estar a salvo. Guiados por Iko, su jefe, prepararon su estrategia defensiva, cavando una trinchera de 3 km. de largo, de mara a mar, en la base del cerro. Una vez terminada, la rellenaron de leña hasta los bordes. Si los “hanau momoko” decidían atacarles, no tendrían más que prender fuego a los troncos y, asar a sus enemigos en la gigantesca pira.

Pues eso.

(Continuará.)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

Necesitamos tu apoyo económico para hacer
un periodismo fiable y con valores sociales

PERIODISMO DE DATOS

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. Si compartes estas preocupaciones y si valoras la labor de un medio libre que se atreve a plantearlas, apóyanos ahora.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué es importante tu aportación?

Tu contribución nos permitirá seguir publicando información esencial e independiente que podrás disfrutar de forma gratuita sin muros de ningún tipo.


¿Si tengo algún problema en mi transacción?

Escribe a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.