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Deshaciendo tópicos y falsedades revisionistas sobre Francisco Espoz y Mina (1781-1836)


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

“El mero concepto de verdad objetiva está desapareciendo de la faz de la Tierra.

Las mentiras van a acabar llenando nuestros libros de Historia”

George Orwell

Hace mucho tiempo que cierta derecha ha intentado, por todos los medios, imponer una visión sesgada y falsificada de la historia. Obviamente, la que convenía a sus intereses. Los manuales y los libros de historia divulgativos son un claro ejemplo. Únase a esto, un adanismo vergonzante o la defensa de la censura como algo aceptable. Lo que viene a constatar la ignorancia de una supuesta historiografía.

A título de ejemplo, se repite machaconamente, que Espoz y Mina fue un guerrillero que luchó contra los franceses. Esto sin duda es cierto, mas se suele omitir interesadamente, que fue un liberal constitucionalista que se enfrentó al absolutismo fernandino.

La visión que nos aportan de la guerrilla y de los guerrilleros está simplificada y falsificada. Se habla de partidas desorganizadas… que tendían trampas al invasor francés. Ni se menciona que Espoz y Mina tenía una capacidad organizativa innata, unificó muchas de estas partidas logrando dotarlas de una estructura militar disciplinada que disponía en la retaguardia de aprovisionamientos y hasta dispuso “de un servicio de postas” y de algo similar a una “red de espionaje”.

Sobre todo se silencia que fue un hombre culto, comprometido con las ideas liberales, masón y firme defensor de los ideales de libertad, progreso y justicia.

Participó activamente en las conjuras, acciones y levantamientos contra el totalitarismo absolutista de Fernando VII.

Fue amigo y correligionario de Toreno y de otros insignes liberales. 
Por si esto fuera poco, durante la regencia de Mª Cristina, asumió el “encargo” de luchar contra las partidas carlistas de carácter ultraconservador.

Es significativo que se uniera a Riego tras su levantamiento en Cabezas de San Juan.

Digo esto porque con cierta frecuencia, quienes han apoyado las ideas totalitarias “presumen” de constitucionalismo. Es más, lo arrojan a la cara sin mencionar a quienes han defendido en momentos difíciles, las ideas constitucionales.

Convendría señalar con un poco de rigor, que a Francisco Espoz Illundaín, es decir, Francisco Espoz y Mina, habría que presentarlo como un militar liberal que participó en la Guerra de la Independencia y tuvo una actuación destacada en la que se ha dado en llamar Primera Guerra Carlista.

Sus acciones bélicas se caracterizaban por la planificación minuciosa, lejos de protagonizar acciones espontáneas y desorganizadas.

Todos los regímenes autoritarios recurren a la violencia e incluso imponen lo que podría denominarse “violencia estructural”. Esa es una de las causas por la que los nostálgicos de regímenes anteriores se afanan en practicar una suerte de revisionismo, adulterando los registros de la historia. Espoz y Mina significa justo lo contrario. Es lo más opuesto a quienes protagonizaron “una arquitectura represora”

Se habla con mucha frecuencia de “guerras culturales”. El filósofo italiano Antonio Gramsci, en sus “Cuadernos de la cárcel” formulaba el concepto de “hegemonía cultural”. La derecha revisionista, sin el menor pudor, se ha abalanzado sobre su legado para imponer “un relato sesgado”.

Hoy debemos insistir –nos va mucho en ello- en que los hechos verificables de la historia son vitales para el asentamiento y fortalecimiento de la democracia.

Entre los logros más destacados de Espoz y Mina puede citarse que subordinaba la acción militar a la creación de una administración civil, dotándose de fábricas de armas y lo que es más importante, de hospitales y hasta de tribunales de justicia.

Me atrevería a sugerir la lectura de sus memorias “Memorias del General Don Francisco Espoz y Mina – escritas por él mismo”, publicadas por su viuda Juana Mª de Vega, en la imprenta de M. Rivadeneyra, Madrid 1851-1852; a fin de hacernos una idea de sus proyectos, convicciones y objetivos.

Es significativo que luchara en la Guerra de la Independencia en coordinación con el Duque de Wellington o que se enfrentara más tarde a Zumalacárregui y a sus guerrillas absolutistas.

Frente a quienes lo han considerado un iletrado, hagamos hincapié en algunas de sus cualidades como: mano izquierda, simpatía, empatía, dotes de mando, carácter enérgico, tesón inagotable, determinación, visión estratégica…

Espoz y Mina es una figura histórica cuyo recorrido vital e ideas progresistas y constitucionalistas, ponen de relieve la manipulación de la historia que se ha llevado a cabo desde los Reyes Católicos, sino antes.

Por ello, hay que estar muy atentos a los sembradores de cizaña y a quienes, sin rigor alguno, interpretan los hechos históricos llevando siempre el ascua a su sardina, sin rigor alguno por la utilización de fuentes, con frecuencia, apócrifas e informaciones sesgadas y falaces.

Sobre el siglo XIX se han vertido múltiples tópicos interesados, resaltando lo que interesaba y silenciando lo que pretendían que permaneciera oculto. Los Episodios Nacionales de Galdós, especialmente la Serie 2ª y 3ª, ponen de manifiesto que si bien “el cainismo” está presente, hay que superar esa visión estereotipada, señalando la importancia de la Constitución de 1812, los intentos de libertad, justicia social y modernidad que se llevaron a cabo, aunque siempre fueron aplastados por la inercia y el fanatismo de las fuerzas de la reacción.

Espoz y Mina, como toda figura histórica, tuvo luces y sombras. Hemos expuesto con anterioridad alguno de sus rasgos descollantes, señalemos ahora la crueldad que supuso, por ejemplo, el “fusilamiento” de la madre del general carlista Ramón Cabrera.

Mejor nos iría, sin duda, si apostáramos por el rigor y la seriedad o no escuchásemos los cantos de sirena, revisionistas. Los hechos históricos son los que son y no hay quien los mueva, aunque son susceptibles de ser interpretados de distinta forma.

Lo que debe superarse, a la mayor brevedad posible, es una visión de cartón-piedra falsificada y pueril de la Guerra de la Independencia, con sus guerrilleros de opereta oponiéndose al invasor… o de tantas otras cosas.

Hablando de guerrilleros, por cuestiones de espacio, no me es posible esbozar unas líneas sobre algunos de ellos y sus actuaciones, que son cuando menos interesantes para establecer ese marco convulso que protagonizaron. Pensemos, en Miguel Sádaba o Gregorio Cruchaga, entre otros.

Un rasgo de Espoz y Mina en el que me gustaría detenerme, es su afán de superación, que le llevó a adquirir una formación autodidacta, nada desdeñable, como pone de manifiesto en sus memorias.

Me ha llamado la atención una idea que Michael de Montaigne deja caer en sus ensayos. No es otra que “la cosa más importante del mundo, es pertenecerse”. Pone de manifiesto el carácter de Francisco Espoz y Mina, su afán por pulirse y por adquirir unos conocimientos que lo convirtieran en un hombre de criterio.

Thomas Hobbes, desde mi punto de vista, acierta de pleno al plasmar que “la inseguridad es la que provoca el que se intente dominar a otros”. Reflexionemos un momento sobre lo que ha significado a lo largo de la historia el afán de dominio sobre los demás y quienes lo han practicado.

El autoritarismo conduce al totalitarismo; tal vez por eso, quien desprendía como Francisco Espoz y Mina “un aura de prestigio y una autoritas” tienen una inclinación a luchar por la libertad, combatir el fanatismo y aspirar a un futuro de progreso y justicia social.

He dejado para el final de estas líneas un hecho, a mi juicio, harto representativo. Cuando los Cien Mil Hijos de San Luis, al mando del Duque de Angulema, invadieron nuestro país para devolverle los poderes de Rey absoluto, a Fernando VII, esa derecha reaccionaria e intoxicadora, que no descansa nunca, ha tenido mucho cuidado en no presentarlos como lo que fueron, una invasión extranjera, lo cual naturalmente, no es contradictorio para ellos con la defensa de un nacionalismo españolista.

Parece no importarles el estar “varios peldaños por debajo de la realidad”. Obsérvese que estos pseudo-historiadores parecen “sedados”, viven en su bucle y no les importa mezclar realidad, ficción y mitos.

Estamos inmersos en un panorama informativo, tan voluble como incierto y tan incierto como volátil. Me parecen, por tanto, pertinentes estas reflexiones sobre lo que pasa y lo que nos pasa… tirando del hilo, de una figura tan tergiversada y tan mal entendida, como Espoz y Mina.

 

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.


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