El Pacto Briand-Kellog
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Las cuestiones sobre el desarme habían quedado un poco en segundo plano después del fracaso del Protocolo de Ginebra, y porque los Acuerdos de Locarno no se preocuparon de ello. En todo caso, la euforia que habían supuesto estos, hizo que el Consejo de la Sociedad de Naciones se decidiera a retomar la cuestión a través de la creación de un Comité a finales de 1925, con el fin de preparar una Conferencia de Desarme.
El Comité era muy representativo, ya que reunía a los miembros del Consejo, a otros seis miembros de la Socie- dad, pero también a representantes de Estados Unidos, Alemania y la URSS. Pero el trabajo se dilató en el tiempo, ya que duró cinco años. Es verdad que fue el tema central de la Sociedad de Naciones, pero hubo interrupciones y se avanzó muy lentamente.
Mientras esto sucedía en relación con el desarme, la cuestión de cómo plantear mecanismos sobre la seguridad colectiva movilizó a algunos líderes. Había que buscar la eficacia en relación con la Sociedad de Naciones con el fin de evitar la guerra.
Pero, no cabe duda, que esa eficacia pasaba porque Estados Unidos se involucrara en la cuestión de la seguridad co lectiva, a pesar de no estar en la Sociedad de Naciones. Por eso Briand desde Francia se dirigió a los norteamericanos para que aceptasen tratar con los franceses con el fin de conseguir un acuerdo para que la guerra quedase fuera de la ley. Esta vez la llamada sí caló en la opinión pública norteamericana, ya que, en realidad, no atacaba los principios de aislacionismo imperantes porque se trataba de conseguir que no hubiera guerras. Tanto éxito tuvo Briand que los norteamericanos pensaban que había que ir más allá de un acuerdo bilateral y que sería conveniente que se involucraran más Estados. Una opinión pública norteamericana favorable empujó a la Administración, y el Departamento de Estado se puso en marcha, con Frank B. Kellogg a la cabeza del mismo.
Ese fue el origen del denominado Pacto Briand−Kellogg, que se firmó en la capital francesa el 27 de agosto de 1927. Estamparon su firma, además de Francia y Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Bélgica, Italia, Japón, Polonia y Checoslovaquia. El Pacto condenaba de forma contundente el empleo de la guerra para resolver conflictos internacionales. Los firmantes renunciaban a la misma, y se llamaba al resto de Estados a que se incorporaran al Pacto.
Sin lugar a dudas, el Pacto supuso una evidente esperanza sobre la seguridad colectiva y sobre el sentido de la propia Sociedad de Naciones. Se había conseguido que Estados Unidos se incorporase de forma más activa a las relaciones internacionales, aunque nunca plantearon ingresar en la Sociedad de Naciones, ni a dar pasos más allá que rompieran las claves de su política aislacionista. En realidad, el paso que se había dado, curiosamente, fue más en clave interna, para contentar a la opinión pública norteamericana que sentía verdadera alergia por la guerra.
Pero eso no impidió que los miembros de la Sociedad de Naciones albergaran sentimientos hasta eufóricos, como se puso de manifiesto en la reunión de la Asamblea de 1928. El Pacto apuntalaba a la Sociedad de Naciones y su filosofía. En ese contexto, España regresó al seno de la Sociedad. Aún la reunión de 1929 vivió en el optimismo, porque se acababa de firmar el Plan Young entre el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Bélgica con el fin de que se evacuasen los territorios ocupados de la Renania para el verano de 1930, cinco años antes de lo establecido en Versalles.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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