Araquistáin y las Cortes Constituyentes de la Segunda República
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El 14 de julio de 1931, se reunieron las Cortes Constituyentes, con una minoría de diputados del PSOE de 116 (según Marta Bizcarrondo) y de 115 según López Sevilla (“El Partido Socialista Obrero Español en las Cortes Constituyentes de la Segunda República”).
Yo creo que tiene razón López Sevilla: 115, de los cuales 50 contaban con título académico. Y que configuraba el grupo más numeroso de la Cámara.
Un miembro del partido, Julián Besteiro, fue elegido Presidente de las Cortes. Y la Comisión encargada de redactar el proyecto de Constitución, tuvo entre sus miembros a Luis Araquistáin, al abogado Jerónimo Bugeda, a Trifón Gómez, dirigente ferroviario, a Enrique de Francisco, viajante de comercio, y al catedrático de Derecho Penal Luis Jiménez de Asua, que asumiría la presidencia de dicha Comisión.
Los miembros socialistas de la Comisión, presentaron una moción solicitando que el artículo primero del proyecto, quedara redactado como sigue: “España es una República de trabajadores. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo”. Este texto fue rechazado por la mayoría de la Comisión, pero fue presentado posteriormente al pleno de la Cámara, como un voto particular, siendo conseguida su aprobación, tras un brillante discurso de Araquistáin.
El discurso constituyó un esfuerzo por parte de Araquistáin, para distinguir entre la denominación propuesta y toda concepción vinculada a la existencia de la lucha de clases. Los puntos doctrinales en los que se apoyó fueron Saint-Simon y Lassalle. El concepto sansimoniano de la clase industrial, sirve a Araquistáin para extender la calificación de trabajador, a todo el que ejerce un función útil en la sociedad: “Trabajadores son todos los que prestan un servicio social, que la sociedad necesita. Desde el más humilde peón campesino, hasta el director de un banco, el militar o el astrónomo”.
En consecuencia, rechaza toda asociación con la dictadura del proletariado, como concepto y/o con su aplicación concreta en Rusia. Y los socialistas españoles no aspiran – continúa Araquistáin – en consecuencia, a elevar a los obreros manuales, al papel de “clase avasalladora, despótica, desmedidamente privilegiada”.
La función de los socialistas en la República, la define – con apoyo en el texto de Ferdinand Lassalle ¿Qué es una Constitución? – en torno a la distinción entre Constitución real y Constitución escrita. Recordemos que para Lassalle, la primera era “la suma de los factores reales de poder que rigen en un país”. Y que fundamentaba la norma jurídica en que consiste la segunda, de esta manera: “Se cogen estos factores ‘reales’ de poder, se extienden en una hoja de papel, se les da expresión ‘escrita’, y a partir de este momento, incorporados a un papel, ya no son simples factores ‘reales de poder’, sino que se han erigido en ‘derecho’, en instituciones jurídicas”.
Araquistáin, recordando siempre a Lassalle, continuaba: “Nosotros, los socialistas, que podemos ser todo menos utópicos, sabemos de los límites fatales de este poder transformador del Estado, en cada momento histórico. Nosotros sabemos que una Constitución, no basta que esté escrita en papel. Nosotros seguimos la profunda enseñanza de Ferdinand Lassalle, cuando decía que, antes de la Constitución escrita, está la constitución social. Las posibilidades del legislador son, pues, de simple reforma de lo existente.
Por eso el PSOE no ha tratado en modo alguno, introducir principios socialistas; sólo consignar la obligación social del trabajo, utilizando para ello, no categorías de lucha de clase marxistas, sino de integración en una supuesta clase nacional, siguiendo a Saint-Simon”.
Como es sabido, tras el discurso de Araquistáin, fue aprobado el voto particular, por 170 votos contra 152, con la oposición de los radicales y el apoyo de los radical-socialistas y Esquerra catalana. Entre los votos a favor, se contó el de Miguel de Unamuno.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.