Talleyrand. Primer cargo importante. IV
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
A Talleyrand solía acompañarlo en la mesa un puñado de amigos extraordinariamente fieles, como el ya citado Choiseul, compañero de colegio, el conde Luis de Narbonne, brillante bastardo de Luis XV, buen militar, muy apreciado más adelante por Napoleón y gran seductor (fue amante de, entre otras damas, de Mme de Staël, la brillante hija de Jacques Necker, con la que tuvo dos hijos, Auguste y Albert. Otros compañeros de mesa fueron Armand Louis de Gontaut, duque de Biron, guillotinado en 1793, que había luchado en la guerra de Independencia de América y, Pierre-Samuel Dupont de Nemours, autor de gran cantidad de obras sobre economía, política, fisiología, historia natural y física, hombre muy ducho en el terreno de los negocios y las inversiones ventajosas, que murió en EE.UU.
A ello se unieron personajes muy variados, entre los que destaca Honoré Gabriel Riqueti, conde de Mirabeau (1749-1791), a ratos colaborador y a ratos feroz enemigo de Charles-Maurice, un exaltado de pocos escrúpulos, pero lleno de ideas, que habría de desempeñar, mediante su oratoria incendiaria, un papel relevante en la Asamblea Nacional. Más moderado de lo que aparentaba (siempre pensó en llegar a una entente con la monarquía) su muerte prematura dejó descabezada a una izquierda revolucionaria relativamente razonable, que se fragmentó con efectos fatales.
También acudían a los desayunos de Talleyrand, personajes muy populares de la época, como el abbé Delille, hábil versificador y mal poeta, pero muy admirado en los salones y, el académico Chamfort, famosos por sus sentencias, como esta que recogemos: “Para ser amable con el mundo hay que dejarse enseñar lo que uno ya sabe”, que Charles-Maurice solía repetir. Casi todos los habituales estaban de acuerdo en criticar el tratado de comercio firmado en 1786 por Francia con Inglaterra, salvo Talleyrand que lo defendía, argumentando que los tratados de comercio eran indispensables, para mantener la paz entre las naciones y, la paz, como había sentenciado Voltaire, era la primera condición de la civilización, porque favorecía el aumento de la riqueza: los tratados de comercio hacían a las naciones solidarias en la prosperidad. A su juicio (y en esto coincidía malgré lui, con Necker), Inglaterra era en aquel momento, el país que mejor respondía a los “principios liberales que convenían a las grandes naciones”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.