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Thor Heyerdahl y "Rapa Nui". XX


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Antonio Domonte, capitán de la fragata Santa Rosalía, de la expedición española, hizo una descripción del talante, de los habitantes de Rapa Nui, que contenía incluso un punto de sorpresa:

“Son altos, bien fornidos y, proporcionados todos sus miembros, con la particularidad de no haver visto coxo, manco, tuerto, corcovado, relaxado ni contrahecho, o esteyado entre ellos, siendo su aspecto sumamente agradable, correspondiendo en todo mas a europeos que a Yndios del Continente de esta América; creo (según su docilidad y comprehensión) será mui fácil domesticarlos y, convertirlos a cualquiera Religión, que se les propusiera”.

Y respecto a los moáis, los españoles demostraron ser más perspicaces, que sus predecesores holandeses. “El material de la estatua es de piedra mui dura”, reconoció Demonte, “y por consiguiente pesada, haviendola yo examinada con una picaza, despidió fuego, prueva de su solidez… y aun creo que la piedra de la estatua no es producto de la Ysla, en la que absolutamente desconocen el fierro, cáñamo, y maderas gruesas”.

Sólo cuatro años después, cuando el celebre James Cook, el más grande de los exploradores marinos del XVIII – y quizá de todos los tiempos – arribó a su vez a Pascua, las cosas habían cambiado a peor de modo perceptible. Los indígenas que acudieron a recibirle no llegaban al centenar y, apenas había mujeres entre ellos. Mostraban expresiones sombrías y, se hallaban en un estado físico lamentable. Los ingleses, después de recorrer la isla, dedujeron que la mayoría de la población, se había escondido bajo tierra, asustada de su presencia, o por otros motivos, que no llegaron a explicarse. La destrucción de los “hau-moái” era ya patente a gran escala. Los oficiales informaron a su capitán, sobre tres plataformas de piedra, cada una con cuatro estatuas encima, de dos de las cuales se habían caído todas y, de la tercera, todas menos una. El propio Cook, sin saber la historia de la batalla de la fosa de Iko, sacó la conclusión de que los nativos, eran ajenos a las construcciones megalíticas allí presentes.

Pero el ilustre marino, como antes les ocurriera a los españoles, solo pudo mover la cabeza en un gesto de incomprensión, al preguntarse cómo habrían resuelto los desconocidos constructores, el gran problema técnico de izar los colosos de piedra, sobre sus plataformas, sim medios mecánicos.

La llegada del conde de La Pérouse a la isla en 1786, significó el primer intento europeo, de influir en la cultura local. El aristócrata francés, desembarcó con humanitarios propósitos, regalando a los nativos ovejas, cerdos, cabras y, una apreciable variedad de semillas, para cultivar la tierra. pero al marcharse los barcos, los indígenas, acuciados por el hambre, no tardaron en dar buena cuenta de los animales y los granos, sin esperar a que estos se reprodujeran. Por lo que alcanzó a ver durante su estancia,

La Pérouse no pudo llevarse peor impresión, del carácter y la moral de los isleños:

“Les hicimos abundantes regalos, tratamos de la manera más cariñosa, a todas las personas débiles y desvalidas y, por todo esto, no les exigimos la menor cosa a cambio. No obstante, nos tiraron piedras y, nos robaron todo lo que podían llevarse. Todas sus adulaciones y muestras de afecto, no eran más que fingimiento. Sus facciones no expresaban nunca, un sentimiento sincero”.

El gran navegante francés, desconocía la idiosincrasia de las gentes de Rapa Nui, para quienes el robo no tiene la menor importancia, ya que, a su particular entender, la propiedad es algo, que puede pasar de mano en mano. Pese a lo cual, todo parece indicar que, a su paso por el Ombligo del Mundo, la isla se encontraba ya en plena decadencia.

Las guerras tribales constituyeron la causa interna, del profundo decaimiento de la cultura pacense, al final del tercer periodo. Pero hubo también una causa externa, que determinó en igual o mayor medida que aquella, este fatal desenlace. A principios del siglo XIX, aparecieron en escena los traficantes de esclavos.

Pues eso.

(Continuará.)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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