Avances en la vivienda social en Viena (1931)
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En varios trabajos hemos explicado las realizaciones de los socialdemócratas al frente del Ayuntamiento de Viena en favor de la vivienda. Regresamos a este asunto para seguir insistiendo. Los trabajos anteriores se basaban en textos de los años veinte, hoy nos vamos al comienzo de la década de los años treinta, con un artículo que se publicó en el número del 29 de agosto de 1931 de El Socialista con el significativo título de “Viena la roja, la ciudad de la vivienda modelo”
En el texto se explicaba que la ciudad de Viena, gracias a la Municipalidad socialista, había podido proporcionar a la población obrera unas condiciones de alojamiento que no existían en ninguna otra parte.
Mientras en la mayoría de los países, incluida España, las nuevas viviendas eran alquiladas a precios más elevados que los anteriores a la guerra mundial, los precios de los alquileres vieneses eran bajos para las casas obreras que, además, estaban dotadas de todas las comodidades. Un piso de dos grandes habitaciones y cocina no pagaban más que unas veinte pesetas de aquella época, como alquiler mensual.
El secreto de este verdadero éxito social era que la ciudad de Viena renunciaba a todo interés por el capital invertido en la construcción y también en que se había establecido sobre la propiedad construida impuestos progresivos.
Las edificaciones levantadas contaban con las mejores condiciones higiénicas. En las mismas se dejaba entre el 60 y el 70% de espacio libre. Antes de la guerra la inmensa mayoría de las viviendas no tenían agua ni retrete, pero ahora todas disfrutaban de estos servicios y algunas comodidades más.
A comienzos de los años treinta se estaban construyendo grupos de casas con pisos pequeños para solteros, compuestos de una habitación, un recibidor, cocina y retrete. También había un tipo de habitación con cocina única. Imaginamos que se referiría a lo que nosotros conocemos como un apartamento con cocina-salón. También se construían pisos con dos piezas y de tres piezas, es decir, para familias, así como habitaciones para el personal de servicio de estos grupos de casas y un lavadero a vapor. Algunos de estos grupos contaban con biblioteca.
El lavadero se componía de una gran habitación o salón central con muchas cabinas con llave, en cada una de las cuales había una artesa en la que se podía poner la ropa en lejía y se podía retirar al día siguiente para llevarla a la máquina de lavar. Lo más moderno del lavadero era el sistema de secado. Se realizaba mediante un sistema de secaderos movibles, que salían de alvéolos practicados en la pared. Allí se metía la ropa extendida y se secaba rápidamente porque tenían temperaturas muy elevadas.
La operación de planchado se realizaba en una máquina de cilindros. Las prendas con botones, en todo caso, debían plancharse con planchas sueltas.
Por siete shillings al mes y dos horas de trabajo como máximo, “la mujer obrera” tenía limpia la ropa familiar, con ahorro de esfuerzo y dinero.
El periódico anunciaba que seguiría hablando de las realizaciones en favor de la vivienda en Viena. Nosotros, por nuestra parte, seguiremos investigando.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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