Incertidumbre. Un enigma. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Al tener noticias de los rayos X, Henri Becquerel se preguntó si esta curiosa nueva emanación, tendría alguna conexión con la fluorescencia de la cual él sabía tanto. Sus primeros experimentos parecieron confirmar esa sospecha. Tomó una gran variedad de minerales fluorescentes, incluyendo el sulfato de potasio y uranilo (un favorito de su padre), los colocó en unas placas fotográficas, fuertemente envueltas en un papel negro grueso y, expuso las muestras a una brillante luz solar para activar su fluorescencia. Al revelar las placas tras unas cuantas horas, encontró que la que estaba debajo del mineral que contenía uranio, se había empañado a causa de alguna emanación que había penetrado el papel opaco. Llegó a la conclusión de que esta roca, activada por la luz del sol, emitía rayos X.
Pero entonces, el destino quiso que París se oscureciera y se nublara. Durante días no se vio la luz del sol. Becquerel tuvo que guardar sus experimentos en un cajón. En algún momento, quizá simplemente para comprobar la integridad de sus placas fotográficas envueltas, Becquerel sacó una de su oscuro escondite y la reveló. Para su eterna sorpresa, descubrió que la placa también estaba empañada. A pesar de no haber sido expuesta a la luz del sol, el mineral de uranio había emanado una especie de radiación, que había atravesado el grueso papel y, había desencadenado una reacción, en las sensibles sustancias químicas. La emisión no era de rayos X, ni de fluorescencia convencional, sino de algo extraño y nuevo, intrínseco al propio mineral. Bequerel los llamó les rayons uraniques, que resumía todos sus conocimientos.
Al informar de este extraño descubrimiento a la Academia de las Ciencias, obtuvo una tibia acogida. Los rayos X continuaban ejerciendo una gran fascinación y, las manchas confusas de Becquerel, a duras penas podían competir con las imágenes de huesos rotos. Se encogió de hombros y regresó a su laboratorio. Formulando una hipótesis incorrecta acerca de los rayos X fortuitos de Róntgen, Becquerel había realizado un experimento erróneo, sólo para verse compelido a otro más interesante a causa del mal tiempo. De este modo, tropezó con un fenómeno científico totalmente nuevo. Pero los descubrimientos causales sólo podían llegar hasta ahí y, a partir de ese punto, la inspiración de Becquerel se agotó. No sabía que más podía hacer, ni tampoco parecía interesarle a nadie.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.