¿Fue un fracaso el siglo XIX español? (XXV)
- Escrito por Francisco Martínez Hoyos
- Publicado en Historalia
En la entrevista que le hicieron para el volumen colectivo ¿Y ahora qué? Nuevos usos del género biográfico (Icaria, 2016), Isabel Burdiel confesaba que había empezado a interesarse por las biografías al darse cuenta de que los liberales decimonónicos no respondían a un patrón uniforme. El reto de este tipo de estudios, a su juicio, consistía en “articular lo general y lo particular sin que lo segundo quede ahogado en lo primero y sin que la atención a lo individual pierda de vista lo colectivo”. Por ello, la profesora de la Universidad de Valencia defendía el uso del término “historia biográfica”, tal como había propuesto Sabina Loriga. En consonancia con esta inquietud, en 2015 editó, junto a Roy Foster, el volumen La historia biográfica en Europa, donde los autores participantes formulaban nuevas preguntas acerca de la renovación metodológica de un género muy antiguo, visto ahora como instrumento interdisciplinar de análisis.
La biografía, desde esta óptica, consiste en abordar un problema general a partir de una experiencia particular. Eso fue lo que procuró Burdiel, con gran éxito, en Emilia Pardo Bazán (Taurus, 2019), una aproximación monumental a un personaje que fascinaba a la autora por muchos motivos. La novelista decimonónica desafiaba los estereotipos sobre lo que significaba se conservador y ser progresista. ¿Se podía ser, a la vez, ambas cosas? Curiosamente, la dama de acendrado catolicismo tenía ideas avanzadas sobre la literatura y el feminismo, que reivindicó con intensidad. Eso no significa, de todas formas, que deseara que se la mirase solo como mujer. Lo que reclamaba el derecho a ser persona en la plena acepción de la palabra. Por ello, según Burdiel, la emancipación femenina se convirtió en uno de los leitmotivs de su trayectoria intelectual.
El biógrafo ha de luchar con la imagen tópica que el franquismo dio de la escritora gallega, al ofrecer de ella una imagen de cartón piedra y domesticada, confinándola al papel de novelista regional. Conservadora, por supuesto. España, de esta forma, concedía a una de sus grandes intelectuales una atención muy por debajo de sus méritos. Como si no habláramos de una creadora de éxito internacional, con una obra traducida a varios idiomas, desde el francés y el inglés al danés, el sueco o el japonés. En la actualidad, por el contrario, la moderna historiografía la considera una de las grandes escritoras de ficción del siglo XIX, además de excelente periodista y crítica.
Burdiel nos presenta a su protagonista como un ser paradójico por muchas razones. A primera vista, parece una mujer de una pieza. En la distancia corta, sin embargo, su figura recuerda a un rompecabezas por su complejidad. Aparece así como amante del orden e iconoclasta, cabalgando sobre un amasijo de contradicciones que hacen de su biografía una aventura fascinante. Zola, sin ir más lejos, se extrañaba de que una cristiana militante pudiera profesar el naturalismo. Su cosmopolitismo, por otra parte, fue de la mano de un nacionalismo español apasionado, nacionalismo que, en cualquier caso, no le impidió seguir con interés todo lo interesante que se producía más allá de los Pirineos. Su conocimiento de los escritores rusos, como Gógol, Tolstói o Turgueniev, resulta, en este sentido, tan notable como inusual, aunque mereciera algunas críticas fundadas del novelista Juan Valera.
Otra de sus facetas de evidente atractivo radica en su interés por la cosa pública. Se hubiera dedicado a la política, de no ser mujer. Como su género le impedía ese compromiso directo, tuvo que emplear medios indirectos pero no por ello menos intensos. De ahí que sus enemigos intentaran denigrarla por su tendencia a “meterse en todo”. El hecho es que destacó como entusiasta militante carlista y mantuvo una interesante relación con el krausismo, esa corriente filosófica que se fundamentaba en los valores de libertad, tolerancia y antidogmatismo.
Los prejuicios de su tiempo hicieron que tanto críticos como admiradores sostuvieran que escribía “como un hombre”. No se conformaba, en efecto, con dar a la imprenta las sensiblerías que se esperaban de una escritora, dentro de una división del trabajo asimétrica que dejaba para las mentes masculinas los temas importantes de verdad.
Pero la dedicación a las letras de Pardo Bazán es también moderna en otro sentido. En lugar de entender la literatura como un pasatiempo, se dedica a ella de forma profesional. Necesitaba, en consecuencia, una considerable dosis de coraje, sobre todo si tenemos en cuenta que grandes figuras como Clarín o Juan Valera no podían sostener su economía personal sin otros oficios. Decidida a hacerse valer, Emilia defiende sus méritos y desciende a temas que entonces se consideraban demasiado vulgares, como el control de la difusión y las ventas de sus libros. No obstante, también es cierto que poseía el colchón de sus rentas familiares. Eso no le quita mérito porque llegó un momento, a partir de la década de 1890, en que el producto de su trabajo cubrió en un porcentaje apreciable sus necesidades.
Se ha debatido mucho sobre la distinción entre vida y obra. Para Burdiel, esta distinción no es pertinente en este caso y tal vez en ningún otro. Como biógrafa no olvida la vida privada de su protagonista, pero la tiene presente desde una concepción problematizada de la misma. Rechaza que lo privado, solo por serlo, sea más “auténtico” que lo público” ya que también está sometido a una construcción histórica. Pensar lo contrario, en su opinión, equivale a mantener una idea romántica del sujeto.
Francisco Martínez Hoyos
Francisco Martínez Hoyos (Barcelona, 1972) se doctoró con una tesis sobre JOC (Juventud Obrera Cristiana). Volvió a profundizar en la historia de los cristianos progresistas en otros estudios, como su biografía de Alfonso Carlos Comín (Rubeo, 2009) o la obra de síntesis La Iglesia rebelde (Punto de Vista, 2013). Por otra parte, se ha interesado profundamente en el pasado americano, con Francisco de Miranda (Arpegio, 2012), La revolución mexicana (Nowtilus, 2015), Kennedy (Sílex, 2017), El indigenismo (Cátedra, 2018), Las Libertadoras (Crítica, 2019) o Che Guevara (Renacimiento, 2020). Antiguo director de la revista académica Historia, Antropología y Fuentes Orales, colabora en medios como Historia y Vida, Diario16, El Ciervo o Claves de Razón Práctica, entre otros.