Malta y Dobbie
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
La presión del Premier Churchill, para que el general Auchinlek pasara la ofensiva en la Cirenaica, la provocaba el temor a que Malta no tardase en unirse, tras Dunkerque, Grecia, Creta y Singapur, a la fúnebre lista de catástrofes británicas. En abril de1942, Malta llevaba resistiendo 22 meses de bloqueo. Después de un pánico inicial, la población se adaptó al bombardeo italiano, con el estoicismo de una raza isleña, nacida para resistir. Durante los primeros meses del conflicto, los bombardeos italianos habían sido esporádicos y, causaron tan pocos daños, que se convirtieron en el entretenimiento nocturno de las familias, que se congregaban en los tejados de La Valeta, para observar los casi inofensivos fuegos de artificio. Las últimas películas llegaban a los isleños por vía aérea y, las brechas en las alambradas y la ausencia de minas, permitían hacer excursiones a la playa; en los cafés seguía habiendo dulces y refresco.
Cuando el Almirante Cunningham llegó a Malta, a bordo del Warspite el 20 de diciembre del 1940, 20.000 malteses abarrotaron los muelles y le vitorearon. No obstante Cunningham no estaba, en absoluto, satisfecho por la falta de preparativos defensivos y, refugios públicos en Malta, de lo que hacía responsable al gobernador, general de división William Dobbie.
Dobbie había retornado al servicio activo, para hacerse cargo de una isla que, al principio, pocos en Londres esperaban poder salvar. El general no era, ni un administrador dotado, ni un soldado previsor. Pero, en cuanto a símbolo de voluntad indomable e inflexible y espíritu de sacrificio, Dobbie no tenía igual. Miembro de los Hermanos de Plymouth, Dobbie, con su 1,93 de estatura, estaba convencido de tener conexión directa con el Todopoderoso.
En tiempos normales, sus comunicados, trufados de referencias bíblicas, emitidos desde la mansión del Gobernador, con la voz profunda y resonante de un vicario eduardiano, podrían haber provocado el escepticismo, por no decir la mofa, de los malteses, profundamente católicos. Pero Dobbie cumplía una función sedante, sobre los nervios en tensión de la isla. Su integridad estaba fuera de toda duda y, con su gesto adusto, sin sentido del humor, le guiaba un deseo “cromwelliano” de “hacer lo correcto”. Demostró una genuina preocupación, por el bienestar de su grey, entregada al martirio por la salvación de Gran Bretaña.
A comienzos de 1942, tuvo lugar un ataque aéreo de particular ferocidad, durante una reunión del Consejo de Gobierno. Los participantes, nerviosos, temblaban bajo las tintineantes arañas, esperando, impacientes, que el gobernador diera la señal de salir corriendo, hacia los refugios antiaéreos. Pero Dobbie se limitó a retirarse a un balcón, se postergó y rezó. A continuación, retornó a la sala para anunciar, con entonación délfica: “Dios ha hablado y así será”. La reunión continuó. Los píos malteses admiraban su misticismo y, se mantenían cerca de él, durante los ataques aéreos, pues creían que gozaba, de la protección divina. Dobbie era san Pablo reencarnado, otro hombre santo que Dios había traído a Malta allende de los mares. “Cuando llegue el momento, se decían unos a otros, Dios obrará al unísono con el gobernador”.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.