Pascual Asensio, un agrónomo fundamental del XIX. Bibliografía
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Pascual Asensio publicó algunas obras relacionadas con la agronomía. En primer lugar, su disertación escrita y leía en la cátedra de agricultura del Real Jardín Botánico de Madrid, sobre la propagación de las plantas, se publicó, junto con la de sus compañeros de estudios, por el catedrático Antonio Sandalio de Arias, en el año 1819, justo cuando se presentaba a las oposiciones a cátedras de agricultura. Esta obra es muy interesante porque recoge hasta doce memorias de estos primeros estudiantes. Entre ellos, habrá importantes miembros de la ciencia agronómica y botánica del futuro, así como personajes dedicados a la política. Destacaremos a Alejandro Oliván, Antonio de Gimbernat y Grassot o Francisco Martínez Robles, entre otros.
En la disertación de Asensio se explica que habría dos modos para la propagación de las plantas. Uno se realizaría por medio de las partes que se desprendían de ellas por sí mismas, y el otro por las que no se separan más que accidental o artificialmente. Después trataría sobre la fecundación, del crecimiento de los vegetales sin ella, de la multiplicación, relacionada con el arraigo en la tierra o colocándoles sobre otros vegetales, así como de los barbados, de las estacas, de los esquejes, del acodo, del embudillo y de los injertos por aproximación, de la púa, de la corona y el canutillo.
El discurso de toma de posesión de la cátedra de Valencia el día 17 de marzo de 1831 aparece en las Juntas públicas de la Sociedad de Valencia. En él se hace una enumeración de los beneficios de la Agricultura para el hombre, con la consabida relación entre ésta y la supervivencia humana, tema recurrente desde la Ilustración, y que, también empleó en la disertación para aprobar el ejercicio correspondiente de las oposiciones a las cátedras, convocadas por la Matritense. Este es un tema recurrente desde la Ilustración. Es un argumento que nos puede parecer baladí desde nuestro tiempo, pero que forma parte de la filosofía utilitarista de la Ilustración y de la Tardo-Ilustración. Su repetición, aunque pueda parecer un lugar común o un recurso oratorio, nos dice mucho, también de la necesidad que tenían aquellos personajes de llamar la atención, casi constantemente la atención de sus congéneres, poderosos responsables o humildes labradores sobre la necesidad del fomento de la agricultura. Este tema está muy vinculado, con la necesidad, también muy ilustrada y repetitiva, de la enseñanza de esta ciencia para evitar prácticas erróneas que se fundamentaban en la práctica consuetudinaria, aunque en este discurso no se haga mucha mención a esto, a pesar de ser un discurso para abrir una cátedra, ya que lo termina con la constatación de los avances agrarios en Valencia, y que, por lo tanto, muy poco podrá enseñar en aquellas tierras, que eran, por otro lado, las suyas. De todas las maneras, esta idea debe ser interpretada, a buen seguro, como un recurso muy común en oratoria para congraciarse con los asistentes a un acto de esta naturaleza. Aún así, Pascual Asensio sí hablará de esta cuestión en la disertación de las oposiciones. El resto del discurso inaugural hace un repaso de la historia agrícola.
En el año 1850 tradujo del francés y publicó la Historia de D. Cincinato Asenjo y de sus esfuerzos y trabajos para mejorar la agricultura. Se trata de una narración escrita por el marqués de Travenet. Asensio no sólo tradujo el cuento sino que lo adaptó a la situación española. Al parecer, para Antón Braulio Ramírez, experto conocedor contemporáneo de todo lo relacionado con la bibliografía agraria y de nuestro protagonista, ya que, trabajó con él en el segundo informe sobre la escuela agraria, como hemos tenido oportunidad de comprobar, el autor había sido instado por varios colegas y amigos para que escribiese un tratado agronómico. Debió llegar a trazar un plan sobre su redacción. En esto se publicó la obra de Travenet, en una línea parecida a la de nuestro autor, por lo que decidió traducirla y adaptarla al público español. Es una novela de carácter pedagógico en el saber agrícola. Pero Ramírez critica esta obra de porque no parecía que animase mucho a la tarea agrícola, es más, desalentaba en muchos sentidos. El ejemplo para demostrar su aserto tiene relación con la imposibilidad humana para acabar con la plaga de la langosta, cuestión que, como sabemos había motivado muchos debates, estudios e informes desde la época ilustrada. Por ello, se lamenta de que Pascual Asensio hubiera desestimado su primer impulso.
Junto con Joaquín Alfonso, miembro también del Real Consejo de Agricultura, Industria y Comercio, escribió un interesante informe sobre los medios mejores para utilizar las observaciones metereológicas a favor de la agricultura, y que se publicó en el Boletín Oficial del Ministerio de Fomento, en el año 1852. Fue encargado por el propio Consejo, y motivado por haberse presentado dos años antes una memoria al director general de Instrucción Pública sobre esta cuestión. Se tuvo presente, como documentación, otra memoria al respecto, y la que escribió en su momento el conde de Campomanes. Asensio y Alfonso estudiaron cómo se organizaban las observaciones metereológicas en el extranjero, para demostrar la utilidad de hacerlas en España, centralizándolas en el Observatorio Astronómico de Madrid. Además, propusieron el establecimiento de hasta diecinueve estaciones por el territorio, nueve de ellas en las zonas marítimas, y diez en el interior. El informe era muy detallado porque se incluían los instrumentos que deberían tener cada estación: un barómetro de cubeta según el modelo de Barrow, un termómetro con escala en grados centígrados, dos termómetros para el máximo y el mínimo, un higrómetro de bolas -una húmeda y la otra seca-, una veleta con plancha anemométrica y un pluviómetro.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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