Capitán Richard F. Burton. Harar, ciudad prohibida. XVIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Debido a su extraordinario despliegue de sabiduría, el recuerdo de Richard Burton permaneció largo tiempo entre los somalíes, incluso en sus tradiciones orales. Años más tarde, un anciano somalí dijo a un visitante inglés, Ralph E. Drake-Brockman, que no sólo Burton era capaz de leer el Corán mejor que cualquiera de los mullahs, sino que incluso estaba mejor versado, en las enseñanzas del Santo Profeta.
A sazón, Burton pudo por fin disponer de una caravana al completo. Sean cuales fueren los riesgos que le aguardaban por el camino, Burton estaba ansioso por partir y, el lunes 29 de noviembre, aparecieron de repente las mulas y los camellos necesarios, de modo que una semana después, con la escolta de unos soldados árabes armados de mosquetones, Burton y su caravana emprendieron la marcha.
El séquito de Burton se había ampliado notablemente desde que partió de Adén. Uno de los miembros más importantes del mismo era el abban, o guía, un hombre llamado Raghi, perteneciente a la feroz tribu de los “isas”. Pero en la persona de Raghi había encontrado Burton a un buen abban, digno de confianza, capaz de asegurar el éxito de su viaje a Harar (En cambio John Hanning Speke, su compañero, había tomado por abbans a los dos primeros somalíes que le salieron al paso, dos arrieros jóvenes que no tenía ninguna autoridad, e iba a sufrir las consecuencias de su error, durante su búsqueda del Ouadi Nogal).
Como las tribus que habitaban el territorio, comprendido entre Zaila y Harar, se hallaban en pie de guerra, Burton había de tomar un desvío por el sureste, recorriendo la costa, para doblar, más adelante, hacia el interior rumbo a Harar.
Aunque ya era diciembre, Burton se quemó considerablemente por el sol. Se adentraba en una tierra eminentemente pagana, en la que quizás ni existiera una religión; los rigores del islam habían quedado atrás. Se hallaban entre genuinos salvajes, a los que aún no había alcanzado la luz de la Fe Salvadora.
Burton se hallaba enfermo: cada día era para él una prueba durísima. Se le había declarado una diarrea monstruosa, incurable, ya en la última semana que pasó en Zaila y, no pudo hacer nada por aliviar tan agotador mal. En el trópico, incluso en condiciones normales, con la posibilidad de gozar de reposo y comodidades, el cólico, como lo llamaba Burton, era insufrible. Le tocó aguantar a lomos de una mula, atravesando ásperos terrenos, en condiciones que exigían de él, todo su fuerza y resistencia.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.