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Agitación y crisis en la Barcelona del final del reinado de Alfonso XIII. (II)


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La intensa conflictividad social y, sobre todo, la violencia desatada entre pistoleros de un lado y otro entre los años 1919 y 1921 llevó al Gobierno, fuertemente presionado por la patronal catalana a declarar el estado de guerra, suspendiendo las garantías constitucionales y cediendo el mantenimiento del orden a los militares en Barcelona. Severiano Martínez Anido pasó a hacerse cargo del puesto de gobernador civil y Miguel Arlegui sería el jefe de policía.

En 1921 se aprobó la “Ley de Fugas”, que permitía matar a los detenidos que intentaran huir. Esto permitió el asesinato impune de muchos dirigentes obreros. Además, actuaron con total impunidad los denominados Sindicatos Libres, creados a finales de 1919. La militancia de los sindicatos Libres estuvo formada por obreros tradicionalistas contrarios al poder que los sectores anarquistas más radicales habían adquirido en la CNT. Los obreros de estos sindicatos solían ser trabajadores especializados y contrarios al sindicato único de encuadramiento de trabajadores por industrias. Posteriormente, también ingresaron miembros tránsfugas de la CNT, especialmente en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, pero que, una vez terminado este período, algunos regresarían a la CNT. Por fin, hubo un tercer sector de afiliados del sector servicios y de la pequeña industria.

Los sindicatos libres fueron acusados de actuar como agentes de la patronal. Esta acusación se basaba en el hecho de que muchos de los pistoleros a sueldo que participaron en los asesinatos de líderes sindicales y de trabajadores salieron de su seno. En la Barcelona de principios de los años veinte se desató una verdadera guerra entre los anarcosindicalistas y los sindicatos libres y los pistoleros. Los sindicatos libres también sufrirían importantes bajas en estos enfrentamientos. La Unión de Sindicatos Libres alcanzó, sin lugar a dudas, un evidente protagonismo en la Barcelona de los años veinte. En la República fueron ilegalizados. Durante la guerra civil, sus líderes se unieron al bando franquista o fueron asesinados.

Se calcula que en estos años hubo más de doscientas muertes violentas en Barcelona, destacando las del abogado sindicalista Francesc Layret en 1920 y la del dirigente anarquista Salvador Seguí, en 1923, el conocido como el “noi del sucre”. Por su parte, el jefe de policía, Manuel Bravo Portillo caería en 1919.

Toda la tensión que se vivió en la Barcelona de la Gran Guerra y de sus consecuencias fue magistralmente escrita por Eduardo Mendoza en La verdad sobre el caso Savolta.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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