Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XI
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
De regreso a Pangi-ni Richard F. Burton y John H. Speke padecieron un episodio de fiebre, al igual que los mozos procedentes de Goa y el propio Sidi Bombay. Burton había enfermado hasta el extremo de tener que “ser transportado a hombros, como una anciana incapaz de levantarse” y, así fue llevado a bordo. Poco después la expedición arribó al puerto de Zanzíbar, “y nos encontramos de nuevo en lo más crudo de la civilización oriental. Habían pasado tres meses recorriendo diversas partes del continente.
Aún no era el momento propicio para internarse hacia el interior. El monzón del suroeste, “que llegó con la fiereza de un león, sirvió al menos para mejorar mi salud”, escribió Burton. A su restablecimiento contribuyó la ingestión de quinina en grandes dosis, medicamento que acababa de descubrirse, para la curación de la fiebre.
Steinhauser había tenido que permanecer en Adén, pues se había declarado una epidemia de cólera. Cuando se extinguió la epidemia, se encontró con que no disponía de ningún medio de transporte hasta Zanzíbar. Así pues, se dirigió a Bérbero “con el galante propósito de bajar caminando por la costa, hasta unirse a nosotros”. Sin embargo, el doctor no pudo llegar a Zanzíbar a tiempo. “La ausencia del doctor Steinhauser fue para la expedición del este de África, una pérdida muy superior a lo que sucintamente podría contarse… El teniente Speke se habría ahorrado la sordera y la fiebre, y yo la parálisis y la consiguiente invalidez”, escribió Burton.
Como Rebmann también había renunciado a participar en la expedición, Burton y Speke se quedaron solos para soportar la pesada carga de la exploración. Aunque la búsqueda del Nilo era entonces un sueño popular y romántico, al que no pocos habrían aspirado, lo cierto es que muy pocos hombres estaban dispuestos a arriesgar sus vidas en tan improbable aventura.
Uno de los artículos más necesarios, según dice Burton, el cofre del botiquín, “estaba pesimamente fabricado”. Tuvo que enviar una caravana de árabes a Zanzíbar, para que regresara pertrechada con quinina, morfina y ácido cítrico en abundancia, así como un preparado que se denominaba “gotas de Warburg, un ungüento que servía como remedio para todo, y que era una mezcla de quinina, opio y ciruelas. Y una bandera de Inglaterra (la Unión Jack) para desplegarla en los momentos oportunos. En cambio, se escatimó en ropa. “Sin pensar en un viaje demasiado largo, salimos de Zanzíbar sin llevar un uniforme de repuesto. Por lo tanto, antes de llegar al final sólo vestíamos harapos”.
Pues eso.
(Continuara)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.