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La Barcelona borbónica. I


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Los cambios institucionales que trajo consigo el Decreto de Nueva Planta y la nueva forma de gobernar los Borbones también llegaron a la propia ciudad de Barcelona. Abolidas las Cortes y la Generalitat, también ocurrió lo mismo con el Consell de Cent, imponiéndose un Ayuntamiento dirigido por una junta de veinticuatro regidores, presidida por el corregidor. Fueron cargos de designación real y de carácter vitalicio, y hasta en algún caso, hereditario, como venía ocurriendo en Castilla durante toda la Edad Moderna. En este sentido, debemos recordar que un cargo se podía heredar en el seno de una familia y para ejercerlo se nombraba una especie de “teniente”, ya que el heredero podía no querer ejercerlo o no podía por distintas circunstancias, aunque era dueño del mismo, como si se tratase de un bien.

El primer Ayuntamiento se constituyó el 6 de diciembre de 1718. El corregimiento de Barcelona comprendía, en gran medida, la demarcación que había tenido la antigua veguería, aunque se segregó el Maresme. Por su parte, las poblaciones del entorno de Barcelona, con la excepción de Gràcia, se desligaron de la jurisdicción que la ciudad había ejercido sobre las mismas en el pasado, formándose ayuntamientos propios.

También fue el momento de la creación del cuerpo de los Mozos de Escuadra. Eso tuvo lugar por una Real Orden del 21 de abril de 1719. En realidad, nacieron como Escuadras de Paisanos Armados durante el conflicto de la Guerra de la Cuádruple Alianza, y como fuerza para contener el avance francés, así como para terminar con los migueletes, partidarios del archiduque Carlos que todavía existían. Se convirtieron en una de las primeras fuerzas policiales europeas con carácter civil, y con funciones propias de policía judicial, es decir, dependientes de los tribunales y de la Real Audiencia. Eran profesionales, se les retribuía y tenían una jerarquía interna. Fueron estabilizados por un Real Decreto del Capitán General de Cataluña del 24 de diciembre de 1721. Existieron hasta que Prim los disolvió en 1868 en el contexto de la Revolución Gloriosa al considerar que constituían un grupo muy favorable a los Borbones cuando se había conseguido derribar a Isabel II. En todo caso, posteriormente, Alfonso XII los restableció en 1874. En la Segunda República pasaron a depender de la Generalitat. Fueron suprimidos en 1939, pero Franco los restableció en 1952 como fuerza militar de vigilancia de los edificios de la Diputación Provincial. de Barcelona. En 1983, al amparo del Estatuto de Autonomía, se convirtieron en la policía autonómica catalana.

Por su parte, se abolieron las siete Universidades catalanas, es decir, Barcelona, Lleida, Girona, Tarragona, Vic, Solsona y la Seu de Urgell porque se argumentaba que en su seno se habían “fomentado muchas inquietudes”, imaginamos que contra la causa borbónica. Es más, en el Decreto de supresión de la Universidad de Barcelona, promulgado en el mes de octubre de 1717, se decía que las Universidades (catalanas) habían fomentado todo tipo de maldades cuando debían ser centros para el cultivo de virtudes, habiéndose producido motines de estudiantes. Existe una tesis que considera que las nuevas autoridades buscaban evitar la popularización de la enseñanza y elegir Cervera, además de por haber sido leal, podía deberse a este objetivo, ya que se trataba de una localidad pequeña y tranquila. Algunos historiadores han considerado que estas medidas podrían ser denominadas como la Nueva Planta de tipo cultural aplicada a Cataluña.

Como hemos expresado anteriormente, la lengua castellana se impuso en la administración y en la justicia, y también terminaría siendo el único idioma en el ámbito educativo, por lo que el catalán, después del desarrollo que había tenido desde la Baja Edad Media, quedó relegado al ámbito privado. El propio rey Felipe V dio una instrucción específica a los corregidores en Cataluña para que se introdujera la lengua castellana, eso sí, intentando que las providencias que se dieran para conseguirlo fueran “templadas y disimuladas para que se contenga el efecto, sin que se note el cuidado”, es decir, a través de medidas que no parecieran imposiciones taxativas porque el propio monarca debía ser consciente de que había que ser cuidadoso en una materia muy sensible para los catalanes, pero sin renunciar a la imposición.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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