Las crónicas catalanas medievales
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Entre los siglos XIII y XIV se escribieron cuatro grandes crónicas catalanas que nos ayudan a comprender la Historia de la Corona de Aragón, eso sí, desde la perspectiva del poder. Cronológicamente, son las siguientes: En primer lugar, estaría la de Jaime I (1270-1276), después nos encontramos con la escrita por Bernat Desclot (1280-1288), más tarde vendría la de Ramon Muntaner (1325-1328) y, por fin, la de Pedro IV el Ceremonioso (1345-1385).
Como decíamos, estas crónicas planteaban la visión del poder, al ser elaboradas por los propios reyes o por hombres cercanos a los mismos. La crónica de Jaime I se tituló Llibre dels feits, y fue dictada por el monarca para contar su propia autobiografía. Al parecer, sería un libro para ser escuchado porque plantea un diálogo entre el rey y un grupo de colaboradores cercanos. El relato es, en ocasiones, muy cercano y personal.
La crónica de Bernart Desclot o Libre del Rey en Pere d'Aragó e dels seus antecessors passats, se refiere a la época de Pedro III el Grande, que reinó entre 1276 y 1285. Al parecer, Bernart habría investigado con especialmente para los acontecimientos más cercanos al momento en el que escribió, empleando documentos de la Cancillería Real, aunque también es cierto que usó de leyendas para las épocas más antiguas.
La crónica de Ramón Muntaner sería la más extensa de todas ellas. Realizó una crónica desde Jaime I hasta la coronación de Alfonso IV. Fue escrita en primera persona. Muntaner fue un hombre al servicio del poder como político y como soldado y eso le permitió ser muy preciso. Buscó glorificar a los reyes de la Corona de Aragón. Nos vamos a acercar al capítulo CCXVI sobre uno de los episodios trágicos de la expedición catalana a Bizancio:
“Cómo la Compañía del César acuerda desafiar al emperador y acusarlo de tener mala fe por todo lo que había hecho; y cómo el emperador de Constantinopla mandó ejecutar al almirante Ferran Dunes junto a todos los catalanes y aragoneses que estaban en Constantinopla.
La verdad es que cuando el César murió, nos habían atacado y nos tenían asediados en Galípoli. Acordamos que antes de hacerle daño al emperador le desafiaríamos y le retaríamos por todo lo que nos había hecho; y que este reso, así como el posterior desafío se haría en Constantinopla en presencia del representante de la Comuna de Venecia y todo con cartas públicas. Y ordenó al caballero Siscar y al adalid Pero Llopis, y a dos almogávares y a dos cómitres, que con una barca de veinte remos zarpasen en nombre de don Berenguer de Entenza y de toda la Compañía. Y así lo hicieron, y se dirigieron a Constantinopla. Y ante los susodichos miembros de las Comunas desafiaron al emperador, y lo acusaron de mala fe, y se ofrecieron a que en un combate de diez contra diez o de cien contra cien, estarían dispuestos a demostrar que había ordenado asesinar de forma falsa y ruin al César y las otras personas que habían ido con él, y que la Compañía había sido atacada sin un desafío previo, y, de esta forma, su palabra tenía menos validez. Por lo tanto, desde ese momento rompían todo tipo de relaciones con él. Y de todo esto dejaron constancia en cartas públicas divididas en A, B, C, que se llevaron con ellos, y otras las dejaron como muestra de fidelidad a los susodichos miembros de las comunas. Y el emperador puso la excusa de que él no lo había hecho. ¡Ahí se pudo ver su capacidad para poner excusas! Y aquel mismo día mandó asesinar a todos los catalanes y aragoneses que estaban en Constantinopla con el almirante don Ferrán D’aunés.”
Su crónica debía ser leída en voz alta. Muntaner se dirigía a los lectores como “señores”, buscando la relación directa, empleando fórmulas típicas de los juglares.
Por fin, la crónica de Pedro el Ceremonioso fue realizada con el método de su tatarabuelo Jaime I, esto es, escribiendo su propio texto. Su crónica tendría un sentido trágico por los terribles hechos que tuvo que vivir, especialmente las muertes por las epidemias de peste.
Por otro lado, A medida que avanzaba la Edad Media el catalán se fue consolidando como lengua, primero en prosa y luego en verso. Al parecer, este hecho se debe a que muchos de los grandes poetas catalanes, como Alfonso II, “el trovador”, Cerverí de Girona o Guillen de Berguedan, entre otros, los conocidos como los trovadores, prefirieron emplear el provenzal en sus obras. Tendríamos que esperar al valenciano Ausiàs March, el primero que abandonó el provenzal o la gran lengua occitana que englobaba a las distintas variedades lingüísticas para emplear ya claramente el catalán. También comenzaron a escribirse distintos textos jurídicos y legales, así como las crónicas en catalán. La primera obra impresa en catalán fue la obra, Les trobes en llaors de la Verge Maria, del año 1474.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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