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Los inicios del gobierno de Barcelona


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

En el desarrollo de la ciudad condal, Barcelona comenzó a ser gobernada a través de la figura del vizconde, justo por debajo del conde. Debía cuidar de la defensa de la ciudad y también presidía el tribunal en ausencia del conde. Gobernaba desde el Castell Vell. Para estas tareas contaba con el castillo de Monjuïc y la torre de Sant Adriá del Besós. En el auge de la feudalización de la Alta Edad Media el cargo de vizconde terminaría heredándose en la misma familia, un linaje relacionado con la propia familia condal.

Pero la figura del vizconde entró en crisis a raíz de las conocidas como revueltas de Mir Geribert. Efectivamente, Mir Geribert era un noble que protagonizó una revuelta contra el conde Ramón Berenguer I porque no aceptó el régimen de franquezas que el conde había concedido a los campesinos. Precisamente, Mir Girabert era hijo del vizconde de Barcelona, Geribert y de Ermengarda, hija del conde Borrell II. En el año 1041, Mir Geribert se dio a sí mismo el título de príncipe de Olérdola, entrando en conflicto con el conde Ramón Berenguer. Por otro lado, consiguió el apoyo de sus primos, es decir, el vizconde de Barcelona Udalardo II y del obispo de Barcelona, Guislaberto. Llegó a atacar el Palacio Condal. Al final, el conflicto se solucionó por una sentencia arbitral dictada por el obispo de Vic, Oliba, en el año 1044. Volvió a estallar otro conflicto en 1052, y hubo que dictar otra sentencia arbitral. Aunque siguió habiendo diferencias, al final en el año 1057 llegaron a un acuerdo y Mir entró en la corte condal.

Pero, como decíamos anteriormente, estas rivalidades terminaron por afectar a la figura del vizconde. Así pues, el conde decidió potenciar otra figura, la de senescal o dapifer, que acumuló las funciones militares, mientras que en época de paz ejercía funciones de gobierno y algunas judiciales. Pasó a residir en el Castell Nou.

Pero, en realidad, la gran figura de gobierno terminaría siendo el veguer o vicario porque sería el sucesor del vizconde. El cargo fue adquiriendo una gran importancia, aunque no se vinculó a una familia o linaje. A inicios del siglo XII adquirió la completa jurisdicción territorial en el área de Barcelona, incluyendo el Pla, el Vallés y el Maresme. El veguer sería el responsable del mantenimiento de la paz. Era elegido cuidadosamente por el conde y debía jurar en presencia el pueblo de Barcelona.

Pero el gobierno de Barcelona necesitaba más funcionarios, especialmente, en relación con las cuestiones fiscales, fundamentales para el sostenimiento del mismo. En este sentido, apareció la figura del batlle o baile, dependiente del veguer. El batlle tendría competencias en la vigilancia y ordenación del mercado, y en el control de los monopolios como los de la carnicería, pescadería, el matadero y los hornos. En todo caso, estos monopolios terminarían siendo entregados a particulares. Además, el batlle se dedicaba a administrar algunos servicios, como la fundamental conducción del agua, la construcción y mantenimiento de los molinos y los canales.

Como la administración se fue haciendo más compleja a medida que la ciudad crecía en la Edad Media, se hizo evidente que tanto el veguer como el batlle necesitaban de ayuda, de asesores, que eran vecinos destacados, los que terminaron por conocerse como los prohombres.

Los vecinos fueron adquiriendo importancia conformando una comunidad con dos delegados. Este proceso se iniciaría en la más lejana Alta Edad Media, en principio, en torno al poder religioso que había sido el más estable en las turbulencias del inicio de las épocas carolingia y condal. El obispo de Barcelona se había convertido en el poder aglutinador. Pero se fue más allá cuando se reforzó el papel de los condes porque al establecerse franquicias Barcelona se convirtió en una especie de oasis de libertades económicas que permitieron el inicio de su desarrollo. Precisamente, ese desarrollo económico permitió crear vínculos muy fuertes y estrechos ente los vecinos más activos económicamente y que comprendieron la necesidad de estar cada vez más unidos en favor de sus intereses. Como ejemplo de este proceso estaría el hecho de que, en el año 1118, es decir, al principio del siglo XII, solicitaron que se les eximiese de pagar el quinto que se cobraba a las naves que llegaban a Barcelona. Y lo consiguieron.

El poder económico que fueron adquiriendo estos prohombres durante el siglo XII fue la palanca para alcanzar poder político. Se fueron convirtiendo en el grupo dominante, aunque, en teoría, hubiera igualdad jurídica en Barcelona, garantizada por los condes y luego por los reyes de la Corona de Aragón.

Los prohombres pertenecían a un conjunto de familias. Cuidaban mucho sus negocios, pero también es cierto que se interesaban por el buen gobierno de Barcelona, tanto en cuestiones particulares intentando mediar sobre problemas comerciales o para la tasación de una tierra, como en la vida pública porque se convirtieron, como expresamos más arriba, en asesores o consejeros de las autoridades, del veguer y del batlle, pero también de los mismos condes. Así, por ejemplo, conocemos los nombres de distintos prohombres del primer momento, de la época de Ramón Berenguer IV, como Bernat Marcús, o los Arcs y los Adarró. Estaba naciendo la burguesía.

El desarrollo de esta inicial burguesía tiene una gran importancia porque estarían en el origen del régimen municipal de Barcelona entre el siglo XII y el XIII.

En principio, existió una asamblea que se convocaba para solucionar cuestiones o problemas específicos, pero también había comités o comisiones que se reunían de forma más seguida para conducir los asuntos públicos. Los prohombres fueron controlando las comisiones y se convirtieron en árbitros de los conflictos entre los ciudadanos barceloneses, pero también entre los estamentos privilegiados, es decir, nobles y eclesiásticos. En todo caso, no actuaban para sustituir a las autoridades que procedían del conde, es decir, el veguer y el batlle, sino a su lado. Lo que ocurrió es que terminaron por hacerse imprescindibles, constituyendo el origen de los futuros consellers cuando se estableciese el edificio institucional municipal de Barcelona.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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