Talleyrand. El regreso. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Tras la caída de Robespierre, la Convención se hizo menos severa, más maleable en muchos aspectos, pero ya había pasado un año de Termidor y, su actitud ante los emigrados, no había cambiado sustancialmente. Talleyrand finalmente hizo redactar una petición anónima (redactada por él mismo en América) en el Moniteur Universel, diario afín al Gobierno, con la colaboración de un sacerdote amigo suyo y de Mme de Staël. La petición, aparecida el 3 de septiembre de 1795, explicaba que había abandonado Francia con un pasaporte, y la orden expresa de ir a Londres, para evitar una ruptura entre Inglaterra y Francia. En cuanto a la orden de arresto, no se podía tomar en serio. ¿Qué persona sensata se hubiera puesto en manos de Robespierre, pudiendo evitarlo? Era la muerte segura. Por lo demás, estaba dispuesto a exponer su causa ante un tribunal.
Al día siguiente, un diputado debidamente instruido por Mme de Staël, reitero la petición en la Convención, y se le permitió por mayoría volver a Francia, libre de cualquier acusación. También fue borrado de la lista de emigrados. En una carta dirigida a Mme de Staël, él dio las gracias por su intervención, aunque luego, como veremos, no estuvo a la altura de sus deudas para con ella, incluso de las dinerarias.
Con todo, no mostró prisa en regresar. Desde el día en que redactó la petición, hasta el día en que dejó América atrás, pasó un año. Había asumido obligaciones, con quienes le encargaron determinados informes que quiso concluir, quedaban comisiones por cobrar y el proyecto, luego abandonado, de marchar a Calcuta, no pudo dejarse sin efecto de un día para otro. Por lo demás, los cinco nuevos miembros del Directorio, que habían ocupado sus cargos tras la votación que lo dejó limpio, no le inspiraban demasiada confianza. Solo conocía a Barras a través de la prensa, y no sabía que pensar de él. En su conjunto, el Directorio le parecía débil, incluso “ridículo” y, dudaba de que sus miembros llegaran a entenderse.
Finalmente decidió dirigirse a Hamburgo, una ciudad libre en aquel momento, llena de emigrados franceses y, lo hizo en un mercante danés, que tardó mucho más de lo esperado en arribar a Nueva York, para recoger carga y pasaje. No puso los pies en Hamburgo hasta el 30 de julio de 1796 y, lo hizo con muy poco dinero encima. Allí encontró a Mme de Flahaut, la madre de su hijo, que se ganaba la vida trabajando de sombrerera, pero la mujer hizo todo lo posible por esquivarlo, pues e hallaba a punto de casarse con el embajador de Portugal en Dinamarca. El matrimonio se celebró sin percances, y la esposa siguió publicando novelas femeninas bajo su nombre de casada: Mme de Souza, mientras que Talleyrand cumplía su compromiso, de ocuparse del hijo habido por ambos.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.