Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XX
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El viaje de exploración del lago Tanganika, discurrió, en su mayor parte sin incidentes, en el que se recorrieron costas despobladas, sin una aldea, sin un solo signo de civilización. Qué parte de esa “vaciedad” puede atribuirse a la incapacidad visual de Speke, es algo que no puede calibrarse. Bien pronto se puso a malas con su tripulación. El tiempo fue tempestuoso, y abundaron las lluvias. Cuando estalló una tormenta más violenta, Speke se refugió en una de las islas del lago. Permaneció en su tienda, meditando sobre su vida y sobre los problemas habidos con el capitán, mientras el viento y la lluvia le azotaban sin misericordia. Al escampar la tormenta, encendió una vela para reorganizar sus pertenencias.
“Como por arte de magia, el interior de la tienda se cubrió casi al instante, de un ejército de pequeños escarabajos negros, evidentemente atraídos por la luz de la vela. Y estaban tan molestamente decididos, a peregrinar por donde les diera la gana, que me pareció absurdo intentar apartarlos de mis ropas o del catre, ya que en cuanto quitaba a uno de en medio otro ocupaba su lugar y, tras este otro más, hasta que por fin agotado apagué la vela y, con verdadera dificultad, conseguí conciliar el sueño”
Y entonces se produjo un serio accidente. “Uno de aquellos espantosos y minúsculos insectos, me despertó en sus esfuerzos por penetrar en mi oído, pero demasiado tarde”. Al intentar extraerse el insecto, Speke solo se lo introdujo más adentro. “Con redoblado vigor se puso a excavar, como un conejo en una madriguera, sólo que en mi tímpano y, con tremenda violencia”. (Este incidente lo recuerdo plasmado en una película “¿Las montañas de la Luna?”).
Speke probó suerte vertiéndose mantequilla derretida por el oído, para intentar desalojar al insecto. “Al fallar, probé suerte con la punta de un cuchillo, que le hinqué en el lomo, lo cual me hizo más daño que beneficio”. Había matado al insecto, pero con la punta del cuchillo se había hecho una herida en el oído, “tan grave que se me inflamó y empezó a supurarme el oído al poco tiempo”. Se le contrajo el rostro y, tuvo varios diviesos. Durante algunos días fue incapaz de masticar y, hubo de alimentarse de caldos.
“Durante varios meses, el tumor me dejó casi sordo del oído. Seis o siete meses después del accidente, diversos trozos del escarabajo – una pata, un ala, parte del cuerpo – empezaron a salirme del oído con el cerumen”.
Pero añade Speke que “no fue del todo un perjuicio absoluto”, ya que “la excitación causada por las operaciones del escarabajo, actuó benéficamente sobre mi ceguera, con lo cual la inflamación de los ojos desapareció casi del todo”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.