Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XXII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El viaje de regreso a Ujiji fue un cúmulo de frustraciones. Los barcos hacían agua por diversas vías y, estaban “cargados en exceso”. De hecho, el agua estropeó las tiendas, humedeció la sal y, empapó los cereales y la harina; la pólvora también resulto dañadas y, las pistolas se estropearon por el exceso de herrumbe.
Burton padeció de nevo ulceraciones bucales tan graves, que le impidieron hablar. Se le paralizaron las manos, hasta el punto de no poder escribir ¡que suplicio! Y las lluvias siguieron cayendo sin misericordia. Claro que en los viajes de Burton, nunca parece haberse echado nada a perder. Siempre hubo observaciones que hacer, curiosidades por descubrir y, de pronto, topó con una miserable y reducida tribu de caníbales, que residían en una zona en la que “la malaria”, los mosquitos y los cocodrilos y los hombres son temibles por igual”. Se trataba de los Wabembe, que” en el ‘Mapa de la Misión de Mombasa’ son acertadamente descritos como Menschenfresser o antropófagos”. Eran un pueblo apático, “que devoran, aparte de otros hombres, toda clase de carroñas, gusanos, insectos… Prefieren los hombres crudos, mientras que los wadoe de la costa se los comen ya asados…
Ahora bien, “es curioso decirlo, a pesar de todas estas incomodidades, nuestra salud mejoró palpablemente”. Regresaron a la base al comienzo del monzón. “El clima se tornó verdaderamente placentero”, dice Burton. De pronto, “una extraña e inexplicable melancolía” se apoderó de él. Añade que tal melancolía, “es compañera inseparable de todos los viajeros por las tierras del trópico. De todos modos, respuesta tan simple como ésta que aduce, no vale para explicar su depresión. “Nunca sentí esta misma tristeza en Egipto o en Arabia; nunca me vi en ella en la India o en Zanzíbar”. En medio de la exuberancia del África tropical, en donde “la naturaleza es bella en todo lo que al ojo se ofrece” y, en donde “todo lo que afecta a los sentidos es suave”, suspiraba en cambio “por esa rara sencillez del desierto”.
El 12 de mayo una serie de salvas anunciaron la inesperada llegada de una caravana árabe, trayendo “cajones, embalajes, porteadores y, un paquete de papeles y de cartas llegados de Europa, de la India y de Zanzíbar”. Burton iba a tener conocimiento por vez primera del motín de la India. Después sabría que a raíz del levantamiento su hermano Edward, había sufrido la fatal enfermedad que iba a dejarlo inválido, durante el resto de su vida. Los nuevos porteadores eran lo peor que podían haber recibido, de modo que Burton hubo de renunciar definitivamente, a cualquier esperanza de explorar con más profundidad el lago Tanganika. Podía regresar hasta Kazeh, pero aún le faltaban hombres y provisiones para regresar hasta la costa, en lo que había de ser una marcha agotadora por el lago Nyassa y por Kilwa.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.