Bárbara Tuchman. Los cañones de agosto. Prólogo
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Pese a todo, cuando Bárbara tuvo que enfrentarse a todos esos cuerpos del Ejército, numerados con cifras romanas, y a los flancos derecho e izquierdo, no tardó en sentirse una ignorante. Esa sensación la notó con especial intensidad, cuando tuvo que explicar, cómo habían conseguido los franceses, que estaban a la defensiva, recuperar el territorio de Alsacia, justo al principio de la guerra. De hecho, esto no acabó de entenderlo nunca, pero decidió pasar de puntillas sobre el tema, y tratar otra cuestión, una artimaña que se aprende, en el proceso de escribir historia (camuflar un poco los hechos, cuando uno no lo entiende todo). Véanse, si no, las altisonantes y equilibradas frases, que a veces escribió Edward Gibbon, las cuales, si se analizan con detenimiento, a menudo carecen de sentido, pero uno acaba ignorando ese hecho, ante la maravillosa estructuración de las mismas. Tuchman no es Gibbon, pero aprendió a valorar el esfuerzo, de adentrarse en materias, que no le resultaba familiares, en lugar de regresar a un terreno, del que ya se conocen las fuentes primarias, y todos los personajes y circunstancias. Ciertamente, optar por esto último, hace que el trabajo sea mucho más fácil, pero impide la emoción del descubrimiento y la sorpresa, que es motivo, por el que nos gusta adentrarnos (a los historiadores) en un tema que no conocemos, con vistas a escribir un libro sobre el mismo. Puede que esto no resulte del agrado de los críticos, pero a Tuchman le satisfacía.
El libro se recibió de forma muy calurosa. Clifton Fademan, escribió lo siguiente en el boletín del Club del Libro del Mes: “Uno debe ser precavido ante las grandes palabras. No obstante, es harto probable que “Los cañones de agosto”, se convierta en un clásico de la literatura histórica.
A continuación, Clifton Fadiman, describía a los principales personajes de la obra. Al respecto decía, que “una de las características, que distinguen a un buen historiador, es su capacidad para arrojar luz sobre los seres humanos, en la misma medida, que sobre los acontecimientos”. Lograr que alguien entienda perfectamente, lo que uno ha escrito, quizá sólo puede esperarse, que ocurra una vez en la vida.
Tuchman se sintió tan alagada, por las palabras de Fadiman – por no mencionar la comparación con Tucídides – que se sorprendió llorando, una reacción que, dice, que nunca ha vuelto a experimentar. Lograr que alguien entienda perfectamente lo que uno/a ha escrito, quizá sólo puede esperarse que ocurra, una vez en la vida.
Tuchman recuerda que, mientras escribía el libro, en momentos de desaliento, le preguntaba al señor Scott: “¿Quién va a leer esto?” y él le respondía: “Al menos dos personas: usted y yo mismo”.
“Los cañones de agosto”, empezó a cosechar un gran éxito de ventas, y las hijas de Tuchman, a quienes destinó los ingresos, en concepto de derechos de autor, y derechos de venta en el extranjero, desde entonces han ido recibiendo cheques, con sumas nada despreciables.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.