La postura oficial del PSOE ante la situación política en el verano de 1976
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Como es sabido, el verano de 1976 fue un momento importante en la transición española con la caída del Gobierno de Arias Navarro y la elección para sucederle en la figura de Adolfo Suárez, formando un nuevo ejecutivo.
El Partido Socialista consideraba que la caída del Gobierno de Arias demostraba el fracaso de la operación reformista y la inviabilidad en esos momentos de llegar a la democracia sin contar con el protagonismo de las fuerzas democráticas.
El Partido Socialista manifestó que seguía firme en su opción de ruptura democrática. Solamente podía establecerse un sólido sistema institucional y capaz de garantizar la convivencia pacífica y el progreso si se partía del principio de la soberanía nacional.
La ruptura democrática significaba la formación de una asamblea constituyente libremente configurada por el pueblo a través de unas elecciones a las que pudieran concurrir todas las tendencias democráticas sin exclusión alguna.
Cualquier referéndum carecería de legitimidad y sus resultados de validez, sin la existencia previa de libertades políticas, sin restricciones arbitrarias y si no se incluía la opción constituyente.
En relación con el Gobierno Suárez, formado por decisión personal del jefe del Estado, no suponía depender de declaraciones verbales sino de los actos y decisiones que adoptase. Como vemos, después de reafirmar la opción o modelo rupturista en la transición, los socialistas no parecían, en principio, muy beligerantes con Suárez porque, a nuestro juicio, estaban hablando de que dependía de sus decisiones. Pero, eso sí, se exigían acciones y no palabras. No bastaba con las intenciones, en relación con el discurso que había dado Suárez al poco de ser nombrado.
Y eso tenía que ver con la exigencia de libertad y amnistía para todos los presos y represaliados políticos, así como el retorno de los exiliados, porque eso era un clamor general del pueblo español, y que resultaba absolutamente inaplazable de atender.
Los socialistas abogaban, además, por ocupar todas las parcelas de libertad que se fueran conquistando bajo la presión de las masas, y entendía que debían ser empleadas sin menoscabo de sus principios, al servicio siempre de la ruptura democrática. Pero también era cierto que el Partido Socialista entendía que en cada momento había que analizar la situación, las “circunstancias concurrentes” para decidir la estrategia más eficaz para conseguir el fin propuesto.
Los socialistas no olvidaban la grave situación económica de la España del momento por las cifras de paro y por el progresivo deterioro de la capacidad adquisitiva de los salarios, el endurecimiento de las relaciones laborales, la descapitalización de la economía y el retraimiento de las inversiones y la galopante inflación. Eran graves problemas que no podía solucionar un gobierno sin el necesario respaldo popular.
Solamente un gobierno nacido de la voluntad popular y que contase con instituciones políticas y sindicales verdaderamente representativas podría encontrar el necesario consenso para superar la crisis económica.
Hemos consultado el número del 25 de julio de 1976 de El Socialista.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.