Norman Thomas y el programa socialista para Estados Unidos en 1960
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Norman Thomas (1884-1968) es un personaje muy poco conocido en España. Este ministro presbiteriano fue un destacado pacifista y, seguramente, el socialista norteamericano más importante de la Historia, llegando a ser hasta seis veces candidato presidencial por el Partido Socialista.
En esta pieza nos acercamos a su análisis del programa socialista, publicado en 1960 en The Socialist Call de New York, que El Socialista reprodujo en parte en el primer número de diciembre de ese año. Aunque reconocía que algunas de las demandas inmediatas de los programas socialistas habían sido más o menos realizadas por varios gobiernos republicanos y demócratas, ni unos ni otros habían tratado seriamente de actuar para individuos de una sociedad en donde debía prevalecer la paz, la abundancia y la libertad. Por mucho que se hubiera realizado para cambiar al que nuestro protagonista consideraba como terrible capitalismo, y descrito por Marx, aún se vivía en un mundo caracterizado por la injusticia y la “locura económica”. Los socialistas norteamericanos habían luchado siempre para lograr algo mejor para la considerada “opulenta sociedad norteamericana”, porque en la misma había pobreza extrema.
Así era, porque la riqueza generada no se distribuía sobre las necesidades y los méritos de los norteamericanos. El éxito de muchas reformas que se habían hecho desde el New Deal había sido, en realidad, frustrado porque había triunfado el rechazo, hasta de los que eran denominados como “liberales”, (recordemos el concepto que se tenía y se tiene en Estados Unidos de los políticos liberales, considerados como de izquierdas) a poner en marcha medidas verdaderamente progresistas.
El bien público, para los socialistas, era algo que debía planificarse, y no una especie de subproducto del interés privado. La correcta forma de planificar podría no necesitar mucha propiedad social a través del Estado, es decir, que no se trataría de nacionalizar. La planificación debía ir por el fomento de las cooperativas, y la racionalización de la política impositiva. En todo caso, sí defendía la socialización de la gran industria, aludiendo al ejemplo concreto del acero. Esa socialización debía permitir a los obreros contar con representación directa, y también de los consumidores en la dirección de las empresas.
El socialismo norteamericano abogaba por el internacionalismo, defendiendo que cada estado contribuyera con el uno por ciento de su renta nacional para la formación de un fondo, administrado por la ONU, con el fin de luchar contra la pobreza en el mundo.
Thomas admitía que los socialistas no habían desarrollado tan claramente, como debieran, un programa para el desarme universal en una ONU fortalecida. El programa de desarme y el fortalecimiento de la ONU debían ir acompañados por un programa para superar las crisis potenciales, que se empeoraban por las alianzas que establecía el gobierno norteamericano sobre la degradación del “adjetivo libre”, y que se aplicaba a todas las naciones que no estaban bajo la tiranía comunista, aludiendo, como ejemplos, a la Sudáfrica del apartheid y a la España franquista.
El socialismo estaría más interesado en aplicar la democracia en la economía y en la política que cualquier otro grupo. El sistema electoral norteamericano había condenado al Partido Socialista, al igual que había condenado a todo tercer partido a lo largo de la historia de dicho país, al fracaso electoral. Así pues, se era más útil trabajando entre los trabajadores y en algunos estados en las elecciones primarias de los viejos partidos. Los socialistas podían organizar equipos para polemizar con candidatos de los mismos sobre la base del programa socialista. También era importante contar con fuertes candidatos socialistas en el Congreso y organizar campañas para educar en el socialismo.
Podemos consultar el número 6060 de El Socialista del 1 de diciembre de 1960.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.