Los socialistas ante la expulsión de España de Carlos Hugo de Borbón-Parma en 1968
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Como es sabido, el 20 de diciembre de 1968 el régimen franquista expulsó de España a don Hugo de Borbón-Parma, y en realidad a toda la familia. Los socialistas se hicieron amplio eco de este hecho en las páginas de Le Socialiste, en el mes de enero de 1969, relatando las causas y haciendo una interpretación muy crítica.
Empezando por los hechos, el periódico explicaba que el príncipe había sido encontrado por la policía en compañía de su esposa Irene de Holanda en Zaragoza, siendo conducidos a la frontera de Irún. También había sido expulsado su padre, el príncipe Xavier, considerado por el medio como “otro codiciante de la corona”, su esposa y sus dos hijas. Se informaba que la familia era de nacionalidad francesa, y aunque habían solicitado la española el gobierno nada había resuelto al respecto.
La orden de expulsión se fundamentaba en las actividades políticas del príncipe Hugo que, al parecer, habría faltado a la promesa de abstenerse de intervenir en los asuntos internos del país, aunque el príncipe habría negado que hubiera formulado dicha promesa. En realidad, nunca había dejado de desarrollar actividades políticas relacionadas con España, pero el periódico socialista consideraba que como se habían desarrollado dentro de la “línea franquista” y convenían a Franco en su estrategia sobre la sucesión, no había pasado nunca nada. Pero a mediados del mes de diciembre se había producido un hecho que lo había cambiado todo, la famosa reunión carlista celebrada en el Monasterio de Valvanera, en La Rioja.
En el acto no se prodigaron los consabidos elogios a Franco y a su régimen. Allí se habría criticado la preferencia del jefe del Estado por Juan Carlos. Al parecer, y siempre según el periódico, el príncipe habría expresado que el gobierno hablaba con la espada en la mano, generando irritación, miedo, y el silencio, un silencio que se habría instalado en todo el país. También se dirigió al gobierno en su discurso para saber si se esperaba hacer una monarquía designada por un comité, por lo que, en ese caso, consideraba que sería una mentira. Por fin, la interpretación de los mensajeros que fueron a Madrid con lo que había ocurrido en Valvanera, sobre si el príncipe había dicho “camello” o “camelo” en relación con lo que se quería hacer, era considerada por el periódico socialista como determinante en el enfado de Franco.
El semanario consideraba que algunos observadores temían que los carlistas, se “echaran al monte” por los “derechos” de don Hugo, en alusión a la supuesta fiereza de los carlistas, pero, en realidad, no ocurrió nada, como es sabido, aunque, hubo una especie de desfile de carlistas en las calles de Pamplona en protesta por la expulsión, con gritos a favor de don Xavier, don Hugo, contra la dictadura, además de entonarse el Oriamendi y enarbolarse la “bandera requeté”. Todo esto provocó la intervención de la policía nacional, con detenciones, aunque los detenidos habían sido puestos en libertad pronto.
En Madrid, la Comunión Tradicionalista convocó una rueda de prensa en el Hotel Ritz, pero al comenzar a hablar el secretario de la misma, intervino la policía para suspenderla. Eso sí, se pudo entregar un texto a los periodistas que, según la publicación socialista, era moderado en sus términos, y donde el príncipe hacía constar que nunca había prometido el no desarrollar actividades políticas porque consideraba que tenía que cumplir con sus derechos y obligaciones como “príncipe español y heredero de la dinastía carlista”, además de recordar que no había vulnerado las leyes vigentes. Donde la nota sí fue más contundente fue en relación a su rechazo enérgico a lo que alguna agencia de noticias había expresado sobre que don Hugo estaba incurso en las disposiciones que regulaban la residencia de extranjeros en España, ya que la Comunión Tradicionalista estimaba que era un príncipe de la Casa Real española. Y en este punto comenzaba la crítica socialista, ya que se consideraba que esta protesta, dirigida hacia la prensa, debía haberse referido al propio Franco, que era el responsable de la orden de expulsión, pero los socialistas consideraban que los carlistas habían optado por la sumisión, y con cierto sarcasmo, o así lo interpretamos nosotros, se afirmaba que no habría, por lo tanto, “otra guerra carlista”.
El periódico afirmaba que había una honda división en el seno del carlismo, porque poco después de darse a conocer esta nota, se distribuyó a la prensa otra de la Hermandad Nacional de Cristo Rey, de los requetés excombatientes, en la que se negaba legitimidad a la Comunión Tradicionalista, ya que ésta habría desaparecido con el decreto de unificación que creó FET y de las JONS en el año 1937. La nota era, además, muy dura con don Hugo, al que no consideraban como español ni heredero de la dinastía carlista, sino simplemente un súbdito francés. Por fin, se afirmaba que la dinastía carlista se había extinguido con la muerte del “último rey”, don Alfonso Carlos.
El extenso artículo terminaba calificando a todos los carlistas como codiciosos del trono, que abusaban del título de príncipe, siendo “repugnante”, y esa era el término empleado, que pretendieran contar con un derecho supremo que solamente era de los españoles, que, tarde o temprano impondrían su voluntad tanto a Franco como a “sus príncipes peleles”, habida cuenta del republicanismo del PSOE.
Por nuestra parte, resulta interesante que el socialismo español dedicara tanta atención al conflicto generado por el sector del carlismo, que protagonizaba don Hugo de Borbón-Parma, y que ya sabemos estaba girando hacia posiciones progresistas y rupturistas con el franquismo, para caminar hacia el socialismo autogestionario, creando el Partido Carlista, aunque esto no parece que fuera intuido por los socialistas en ese momento, un proceso que generaría, como bien sabemos, un enorme conflicto con el sector carlista reaccionario, que tendría en los Sucesos de Montejurra de mayo de 1976 su culmen trágico. En realidad, creemos que el socialismo español aprovechó la noticia para fustigar, más que a los carlistas, aunque la crítica fuera muy dura contra ellos, al propio Franco y a su juego sobre la sucesión monárquica.
El artículo puede consultarse en el número del 9 de enero de 1969 de Le Socialiste. Se da la circunstancia que iba ilustrado con una caricatura, aparecida en un diario venezolano, en el que se ve a Franco como si fuera Dios expulsando a don Hugo del Paraíso, y quedándose don Juan Carlos subido al árbol, en cuyo tronco se enroscaba la serpiente, y con una corona real colgada de una rama.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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