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Cuando la Segunda República salvó al duque de Lerma en la época de Franco


Retrato ecuestre del duque de Lerma, por Pedro Pablo Rubens, 1603 (Museo del Prado). Retrato ecuestre del duque de Lerma, por Pedro Pablo Rubens, 1603 (Museo del Prado).

El título de este artículo puede provocar perplejidad al lector, ¿qué tiene que ver el duque de Lerma con la Segunda República, y cómo ésta le salvó en los años sesenta del pasado siglo, en plena dictadura franquista? Pues bien, vamos a ver.

No se trata, en realidad del duque de Lerma, sino del famoso retrato ecuestre del valido de Felipe III, obra de Rubens, que podemos ver en el Museo del Prado, desde que fuera adquirido en el año 1969. Primer misterio resuelto, pero quedan más.

¿Y qué peligro corría este espléndido lienzo, que desde ese año ha ocupado un lugar de honor en una de las primeras pinacotecas del mundo? Lo corría, ciertamente, en el sentido de que podía haber terminado fuera de España.

El retrato perteneció a la Colección Real en 1635, pero Felipe IV se lo regaló al almirante de Castilla. Sabemos que en 1800 era propiedad del marqués de Denia, y hacia 1878 estaba en la colección de la casa del duque de Medinaceli, aunque en 1909 pasaría a la del conde de Gavia al casarse con una hija del duque de Medinaceli, que lo había heredado.La última condesa de Gavia lo regaló a las Padres Capuchinos de San Francisco. Así pues, entre el siglo XVII y el XX había pasado por distintas manos, y siempre dentro de España.

Pero los frailes decidieron vender el cuadro en una subasta pública internacional. El lienzo estaba valorado a comienzos de los años sesenta en unos diez millones de pesetas. Al parecer, no había problema, porque se dictó una Orden de 13 de mayo de 1961 por la que se declaró el cuadro, “susceptible de exportación”. Pero, lógicamente, la decisión no fue bien vista por todo el mundo, dada la importancia del tesoro que se iba a perder, y el 17 de abril de 1962 se publicó otra Orden en el BOE que suspendía la disposición anterior.Al final, una Orden de 31 de julio de 1964 del Ministerio de Educación Nacional, siendo Lora-Tamayo ministro, declaraba al cuadro como integrante del Tesoro Artístico Nacional, y en su consecuencia, inexportable.

¿Y en toda esta historia sobre la protección de este cuadro qué tiene que ver la Segunda República? Pues, precisamente, gracias a la legislación que se aprobó en aquella época, se salvó el cuadro, como Pericles García explicaba desde un artículo de El Socialista de mayo de 1962, que es quien nos ha descubierto la cuestión, a falta de la Orden definitiva de 1964. Efectivamente, el Estado franquista apeló, además de a un Decreto de 2 de junio de 1960, especialmente a la Ley del Tesoro Artístico de 13 de mayo de 1933, a su reglamento de aplicación de 16 de abril de 1936, y a otras disposiciones de mayo y septiembre de 1931, para justificar que el cuadro debía quedarse en España.

Pues, ya ven ustedes, la Segunda República prestó un servicio, tantos años después de ser liquidada por una sublevación militar y posterior guerra civil, en favor de la conservación del patrimonio artístico de España. Pericles García afinaba más, recordando que aquella Ley de 1933 había salido de los bancos socialistas.

Hemos consultado el artículo “Aquella ley republicana…” de Pericles García del 3 de mayo de 1962 de El Socialista, la página web del Museo del Prado, y el Boletín Oficial del Estado.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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