Breve Historia del socialismo francés hasta la Segunda Guerra Mundial
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La experiencia de la Comuna de París influyó claramente en todo el universo de la izquierda francesa en el último tercio del siglo XIX. Jules Guesde fundó el Partido Obrero Francés, aunque muy pronto se produjeron divisiones entre izquierdistas y revisionistas. La creación de este partido fue trabajosa, y comenzó en 1879 en el Congreso Obrero de Marsella, hasta su definitivo asentamiento en 1882. Guesde, a pesar de declararse marxista, había hecho una lectura muy superficial del pensamiento de Marx. Sus ideas se plasmaron en su obra Colectivismo y Revolución (1879). También hay que citar que fundó el semanario marxista L’Egalité en 1877. Guesde participó activamente en la creación de la Segunda Internacional, donde tuvo gran influencia, especialmente en el Congreso de Ámsterdam de 1904. En el plano interior fue contrario a la participación del socialista Millerand en el gobierno de Waldeck-Rousseau, en el cambio de siglo. También es importante destacar su polémica y enfrentamiento con Jean Jaurès, como veremos a continuación, a raíz de la colaboración o no con los republicanos en los gobiernos.
En el socialismo francés, estaría, pues, también la rama de Jaurès, personaje de muchísima más valía intelectual que el anterior. En su proyecto de alcanzar la sociedad socialista intentó aunar la participación en la vida política y parlamentaria en la III República con las huelgas, aunque es evidente que primaba más su reformismo. Jaurès había comenzado su andadura política en el seno del republicanismo, pero siempre había demostrado una especial sensibilidad social. En el año 1892 estalló una huelga muy importante en las minas de Carmaux, que supuso un cambio en la actitud de Jaurès. La conflictividad en la zona se disparó cuando fue despedido el alcalde electo Calvignac, a la sazón minero y sindicalista socialista. Estalló en la zona la huelga general y las autoridades enviaron al Ejército. También era el momento del escándalo del Canal de Panamá que salpicó a muchas personalidades políticas. Jaurès empezó a comprobar que la República por la que tanto había luchado se había convertido en otra cosa, en un sistema político dominado por financieros y políticos sin escrúpulos. Ese fue el momento en el que abrazó con ardor la causa del socialismo. Jaurès se comprometió en la defensa de los obreros y de Calvignac, y los obreros le eligieron como diputado, defendiendo también las luchas obreras de Albi y del Languedoc.
En esa década de los noventa estalló el famoso affaire Dreyfus, en el que, a pesar de cierta timidez previa, Jaurès y parte de los socialistas terminaron por posicionarse a favor de Dreyfus. En este contexto, Jaurès se convirtió en un personaje muy destacado dentro del complejo mundo del socialismo francés. Criticó a los marxistas más ortodoxos. Se enfrentó a Guesde, que consideraba que Dreyfus en realidad era un burgués, por lo que no debía interesar a los socialistas su causa. Pero la vena republicana de Jaurès seguía viva bajo su intenso socialismo, ya que consideró que, por encima de las diferencias de clase, estaba la situación de un hombre injustamente tratado por la Justicia, el Ejército y el Estado. Por ello, había que defenderle. En 1904 fundó L’Humanité.
La SFIO o Section Française de I’Internationale Ouvrière (Sección Francesa de la Internacional Obrera) fue fundada en 1905. Reunió bajo estas siglas a diferentes grupos socialistas: los marxistas de J. Guesde, los revolucionarios socialistas y los pragmáticos de Jean Jaurès. Aunque el nuevo partido siempre tuvo una clara influencia de los guesdistas en lo que se refiere a sus planteamientos ideológicos, la personalidad de Jaurès hizo que se convirtiera en uno de los principales líderes, empleando para la causa su brillanteoratoria parlamentaria y sus artículos en L’Humanité, además de sus obras escritas. Jaurès consiguió aunar su socialismo, la idea de la lucha de clases, con la defensa de la República y la democracia. Para Jaurès los socialistas debían colaborar con las fuerzas republicanas progresistas. Pensaba que centrarse exclusivamente en la lucha de clases era estéril, por lo que había que huir del dogmatismo ante las nuevas situaciones, aunque sin renunciar a los principios revolucionarios. La frase que resumiría este pensamiento sería “perseguir el ideal y comprender lo real”.
En 1914, la formación socialista tuvo un éxito electoral impresionante al alcanzar 104 escaños en la Asamblea Francesa. En los prolegómenos de la Gran Guerra fue asesinado Jaurès, ferviente pacifista, todo un símbolo. Jaurès había combatido el colonialismo, la intervención francesa en Marruecos, y en la vorágine previa al estallido de la guerra, la ampliación del servicio militar obligatorio.
Pero los socialistas votaron los créditos de guerra el 4 de agosto de 1914, y participaron en la Unión Sagrada. En los gobiernos destacaría la figura de Albert Thomas como ministro de Municiones, demostrando una gran eficacia a la hora de organizar el esfuerzo en las fábricas. El propio Guesde, tan contrario a los partidos burgueses, fue ministro de Estado entre 1914 y 1916. Solamente una minoría en el seno del Partido se opuso a esta colaboración.
Terminada la guerra, la izquierda francesa sufrió un revés electoral. La campaña electoral fue intensa, con un gran protagonismo de la prensa, especialmente gracias a la dialéctica establecida entre L’Humanité desde la izquierda, y Le Figaro en el universo de la derecha. Los resultados no fueron nada positivos para los socialistas y radicales, que habían acudido a las urnas separados, frente a los conservadores y republicanos moderados. Era la victoria del denominado Bloque Nacional, que dominaría la Asamblea, la “cámara azul”, como se llamó en aquel momento porque resaltaban los uniformes militares de muchos diputados.
El Partido Socialista había fracasado en las elecciones a la Asamblea General de 1919, y tampoco había sido un éxito las huelgas de abril del año siguiente. La posición de seguir con la vía parlamentaria y reformista de Léon Blum fue duramente criticada en el Congreso de Tours de 1920. Por eso, una mayoría en el Partido Socialista pensó que la Revolución Rusa conseguiría galvanizar al socialismo francés y conseguir una victoria que se escapaba en las elecciones y mediante las huelgas. Así pues, en 1920 una mayoría abandonó el partido para formar el PCF, en línea con lo ocurrido en otros países, aunque en el caso francés se dio la circunstancia de que el grupo mayoritario fue el que se hizo comunista.
La SFIO se recuperó de esta escisión al imponerse como la segunda fuerza parlamentaria francesa. Sin entrar en el ejecutivo apoyará a los radicales de Herriot con un acuerdo conocido como el Cartel de Izquierdas (1924-1926). Este ejecutivo se empeñó en desarrollar una política claramente laica y por enfrentarse al poder financiero. Por su parte, los restos de Jaurès fueron llevados al Panteón. La derecha vio en este hecho una provocación.
En clave interna a finales de los años veinte el Partido sufrió otra controversia importante a raíz del surgimiento de la denominada corriente neosocialista, que aglutinó a los que defendían un “socialismo de acción”, que buscaba una clara colaboración con la burguesía capitalista para fomentar la modernización económica de Francia. Los neosocialistas eran claramente defensores de la participación en los gobiernos frente a la postura mayoritaria defendida por Blum. A principios de los años treinta serían expulsados de la SFIO, fundando un efímero partido.
En Francia se instaló una intensa etapa de inestabilidad política como consecuencia de la ofensiva de la derecha. Se sucedieron hasta cinco gobiernos, que no pudieron hacer frente a los problemas económicos que se venían arrastrando desde la guerra. La inflación se disparó con la consiguiente agitación social.
La ofensiva fascista en Francia del año 1934 provocó que la izquierda se movilizase. Los partidos comenzaron a ser conscientes de la necesidad de aparcar las diferencias entre sí ante un peligro evidente y ante el ejemplo de lo que había ocurrido en Alemania. En este sentido, Thorez lanzó un llamamiento en el mes de octubre de 1934 para que la izquierda formara un frente común.
En mayo de 1936, las elecciones generales dieron la victoria al Frente Popular, a la izquierda, de una forma contundente, como nunca había pasado en la historia electoral de la Tercera República Francesa. Los socialistas se convirtieron en la primera fuerza política, en la primera minoría del parlamento con 147 escaños, seguidos por los radicales con 119. Los comunistas, por su parte, consiguieron 72. La derecha, en su conjunto, obtuvo 222 escaños.
El nuevo gobierno fue presidido por Blum, y estaría formado por socialistas y radicales. Los comunistas no entrarán en el ejecutivo, pero le apoyarían desde el legislativo. Por otro lado, es importante destacar que en este gobierno habría dos mujeres. Los retos del ejecutivo son muy grandes: solucionar la crisis económica, terminar con el paro y emprender una profunda política social, es decir, afrontar los problemas económicos, pero sin costes sociales.
El nuevo gobierno promovió los Acuerdos de Matignon, por los cuales los empresarios y los sindicatos pactan un aumento salarial importante a cambio de la paz social.
El gobierno aprobó una importante legislación laboral y social muy novedosa y que sería, con el tiempo, adoptada en los países occidentales. Se aprobó por vez primera la semana de cuarenta horas laborales y que pretendía aminorar el paro, el establecimiento de convenios colectivos y las vacaciones pagadas. Los Acuerdos y esta legislación consiguieron que la conflictividad social bajase considerablemente.
Pero la economía no era tan fácil de enderezar en plena crisis general de los años treinta. En el sector agrícola, siempre muy importante en Francia, el gobierno adoptó algunas medidas que pueden recordar a las del New Deal, como fueron la fijación de precios anuales y la reducción de cultivos. En el sector secundario se optó por fomentar la producción industrial con un programa de rearme y se fomentó la inversión pública en obras públicas, algo semejante a lo que hacía Roosevelt en Estados Unidos. En todo caso, la economía no mejoró. Había que devaluar el franco y la presión de la situación obligó a Blum a dimitir.
En política exterior hubo que hacer frente a una crisis interna que se produjo por el estallido de la guerra civil en España. En principio, el gobierno del Frente Popular era solidario con el de la República española, pero, al final, la negativa de la derecha francesa a intervenir, el miedo a un enfrentamiento con Alemania y la presión británica, provocaron que el inicial espíritu de apoyo se diluyera con rapidez.
Posteriormente, Blum formará un segundo gabinete, pero sería más inestable, porque radicales y comunistas le retirarían el apoyo.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.