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El coleccionismo de Leopoldo Guillermo de Habsburgo. Un museo en el Palacio de Coudenberg


  • Escrito por  Adoración González Pérez
  • Publicado en Historalia
(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

Nos acercamos a uno de los personajes más apreciados en la historia del arte del siglo XVII que prestó servicios durante la Guerra de los Treinta Años, una vez ya nombrado Gran Maestre de la Orden Teutónica. Sería gobernador de la parte española de los Países Bajos y uno de los principales coleccionistas de arte, que contó en su patrimonio con legados de la casa inglesa del III duque de Hamilton y del I duque de Buckingham. Tuvo como supervisor de este patrimonio al pintor David Teniers el Joven, al que se añadiría la hermosa colección de grabados de 1660, denominada Theatrum Pictorium. Ejemplo precedente del mundo de las subastas, terminaría yendo a Viena y dejando su legado a su sobrino, base del futuro Museum Kunsthistorisches. Murió en 1662. En diferentes estudios, conferencias y referencias biográficas sobre Leopoldo Guillermo de Habsburgo se destaca la secuencia de una vida manejada por los intereses familiares de la Casa Alemana, así como por las circunstancias de la política europea de la primera mitad del siglo.

Se le organizó desde niño un proyecto de carrera eclesiástica con versión laica, por lo que recibió con solo cinco años la tonsura, sin desvincularse del modelo educacional doctrinario del catolicismo por lo que adquirió una amplia formación en disciplinas como la Filosofía, las Matemáticas, el Derecho, la Política y la Poesía, al tiempo que mantuvo contactos con los jesuitas. Desde 1623 aparece ya con cargos obispales importantes y sería un gran convencido de los principios de la Contrarreforma. Se vio implicado en los problemas políticos de la guerra entre España y Francia, pero también de los beneficios imperiales que conllevaba entre los principales países. Los lazos familiares y políticos estuvieron representados por el casamiento de su tía Margarita con el rey Felipe III de España, por lo tanto, era primo directo de Felipe IV. Su tío abuelo Alberto gobernaba en Flandes y su propio hermano Fernando III se casó con la infanta María, hija de Felipe III. Con la muerte de su padre la situación política dio un giro al hacerse cargo de la Corona alemana su hermano, quedando él en segundo plano, aunque no perdió cargos militares ni otros honores mayores, siendo nombrado gobernador del reino de Bohemia. Los devenires de una guerra tan larga acabaron por afectar al equilibrio territorial entre los diferentes sistemas de poder de Centroeuropa, de hecho, tras la derrota frente a los suecos renunció al mando supremo de las tropas imperiales y se retiró temporalmente a su residencia obispal de Passau. Terminó por dar apoyo a soluciones diplomáticas de este conflicto que llevaron a buen fin la firma de la Paz de Westfalia. Aceptó la invitación del rey Felipe IV de España para hacerse cargo del gobierno de los Países Bajos y llegó a Bruselas el 11 de abril de 1647 para instalar su residencia en el Palacio de Coudenberg.

El deseo de poseer objetos con valor artístico o con afán de lucimiento personal es algo inherente a la condición humana desde sus orígenes. En épocas más antiguas ha estado presente a la hora de significar poder y representatividad y, así, se encuentra en países y personajes relevantes del Antiguo Egipto y de las culturas e imperios de Oriente y Occidente. Unas veces por situaciones de política o por los intercambios comerciales, ciertos objetos de valor acabaron por decorar templos, palacios y casas de grupos sociales más privilegiados. Con el paso del tiempo, el interés por las artes fue uniéndose al modelo de ostentación de poder y prestigio hasta nuestros días. Es obvio que, para la Europa de la Edad Moderna, el Renacimiento como descubridor de la Antigüedad clásica y la interpretación de la belleza con nuevos criterios estéticos contribuyó a generar una conciencia “coleccionista” de mayor empaque. Desde el siglo XVI en adelante va a acompañar a esta afición la proliferación del mercado de arte asociada al tráfico y compra venta de obras de arte. Los cambios políticos y sociales que se dieron en los Estados del Norte y en el Centro de Europa afectaron también de forma positiva al flujo e intercambio de objetos y obras entre príncipes, nobles, embajadores y eclesiásticos, por enumerar algunos sectores vinculados a la oportunidad de coleccionar que le estaba negado a los menos poderosos dentro de las jerarquías sociales. Sin entrar en otros detalles, esta costumbre o gusto ha continuado hasta hoy ampliando el perfil de aquellos hombres y mujeres vinculados al mundo del arte.

Las grandes mansiones y palacetes de nobles y reyes del siglo XVII disponían de estancias principales, cámaras y gabinetes, dedicados a coleccionar obras de todo tipo, siendo así un precedente de los “espacios museísticos”. Por hacer referencia a este personaje del que se ha investigado bastante y del que se encuentra testimonio a través de grandes pintores del siglo, el archiduque Leopoldo Guillermo fue simplemente el continuador, con mayor o menor dificultad frente a otros grandes de su tiempo, de una tradición familiar y cortesana heredada. Su este gusto por atesorar obras de arte lo certifica el haberse educado en la corte de Madrid, viendo y estudiando las colecciones de Carlos V y Felipe II, en un ambiente propicio para que naciera en él un amor por la pintura que compartiría con igual pasión con su primo Felipe IV. Se ha dicho que, antes de instalarse en Bruselas, su poder adquisitivo no era fuerte e incluso hubo quienes, en clara competencia, como el Conde Arundel, entre otros, valoraron sus objetos con poco interés, pero que sí poseía ya una importante serie de cuadros. El hecho de ser nombrado gobernador pudo haber mejorado la situación, como recoge C. Baztán Lacasa “[…] Desde que el Archiduque se ha acomodado en el Palacio de Coudenberg, su colección de pinturas se ha multiplicado, y se ha albergado en unas estancias que hoy son su mayor orgullo [,,,] ahora las paredes de estas estancias se encuentran totalmente tapizadas de lienzos y tablas de suelo a techo”. El dato se refleja en un artículo del autor, Once momentos, once lugares, de la publicación Museo, número 3, 1998 (http://oa.upm.es/53736/1/1998)

Ciertos giros de la guerra en Europa le brindaron la oportunidad de hacerse con colecciones inglesas o de otros particulares, beneficiado también por especialistas que le aconsejaron y ejercieron la labor de comisarios y conservadores realmente de sus obras, como es el caso del pintor David Teniers como vamos a referir brevemente. El hecho fue que en poco tiempo pudo adquirir un número importante de cuadros y objetos de arte de los mejores maestros italianos, flamencos y alemanes que habrían de ser la base fundamental del Museo de Viena. Un museo en las paredes de una estancia es lo que nos representa su galería privada, y esa idea nos acerca al maestro Teniers el Joven, verdadero conservador y comisario del archiduque. Este maestro que vivió entre 1610 y 1660, dedicado a la pintura y el grabado, fue el mejor cronista de la afición coleccionista del archiduque. Representó en su tiempo un ejemplo valioso del género costumbrista con el que nos dejó una hermosa descripción de una parte de la sociedad de los Países Bajos de ese siglo, en sus composiciones donde abundan aldeanos, campesinos, fumadores y macacos, además de ser un perfecto interiorista pictórico. Este tipo de pintura fue muy popular entre los ambientes artísticos de los Países Bajos y, en la corte del archiduque se hacía exhibición de pinturas, óleos, objetos artísticos o naturales como forma de evidenciar la elevada situación social de quien era su coleccionista. Teniers fue su pintor de cámara y participó en la adquisición en Inglaterra de la mayoría de las obras que se recrean en las paredes de la estancia. El propósito del Archiduque para que su gabinete quedara como ejemplo vivo de su pasión por el Arte lo cumplió al haber encargado a este pintor una serie de lienzos cuya temática giraba en torno a su galería, como un verdadero testamentario de su proyecto y conocimiento de todos los temas y estilos que en el arte europeo circularon desde muy antiguo. En verdad, su galería fue visitada por muchos amigos y notables personalidades de su época, entre los que hubo también hombres de Iglesia y comerciantes.

Entre las variadas investigaciones que se han hecho durante años acerca de esta galería y de los óleos en cobre del maestro Teniers, nos llama la atención el apunte que recoge Renate Schreiber, Entre dos frentes: El archiduque Leopoldo Guillermo como gobernador en Bruselas, ( https://repositorio.uam.es. 2015) acerca del pintor cuando indica que realizó varias obras sobre la pinacoteca del archiduque que fueron enviadas a las cortes amigas, añadiendo que en ellas siempre se retrata al propio Leopoldo, vestido de negro, pero que la existencia de esta galería en Bruselas se discute entre sus estudiosos. Se argumenta para ello el hecho de que figure en los cuadros de Teniers el conocido Fuensaldaña con el que no debió tener una relación clara, además de que se abría una marcada competencia con la colección del propio rey Felipe IV. No es el caso entrar aquí en esa cuestión, sino hacer valer el verdadero testimonio de ese espíritu, del que este personaje no fue exclusivo como se sabe. Tal vez lo único importante es el legado, el deseo de preservar un bien cultural, el reconocimiento a las Artes en todas sus facetas, y de ello da fe el tema de las obras de Teniers que se encuentran en Viena, en el Museo del Prado o en el Museo Lázaro Galdiano, entre otros.