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EL PERIÓDICO
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La construcción de la transición


La Transición española a la democracia ha sido reivindicada con mayúsculas por diversas familias políticas de la España democrática, aunque con diversas cronologías. Mientras que los comunistas reivindicaron durante mucho tiempo el momento de la formulación de la política de reconciliación nacional desde 1956, los socialistas dudaron entre el pacto de San Juan de Luz con los monárquicos en 1948 y el Congreso de Suresnes en 1974, mientras que los casi hoy desaparecidos democristianos se fijaron en el coloquio de Múnich en 1962.

Óscar Alzaga en La conquista de la transición inicia su libro en 1960, destacando la alianza entre los socialistas y los democristianos de izquierda, liderados por Rodolfo Llopis y Manuel Giménez Fernández, al que se acercarían algunos monárquicos liberales, como los seguidores del antiguo falangista devenido en social-liberal, Dionisio Ridruejo.

Además, el catedrático y político democristiano destaca los orígenes del coloquio de Múnich como un proyecto de coordinación respaldado por las internacionales socialista, democristiana y liberal, es decir, por las fuerzas europeas predominantes entonces en Europa occidental. La necesidad que tenía el segundo franquismo de acercarse a Europa, de obtener su reconocimiento, obligaba a la evolución de la dictadura franquista. Ello implicaba la inviabilidad de un franquismo sin Franco. El movimiento europeo, protagonizado en España por la nueva oposición moderada y los socialistas, fue un decisivo punto de diálogo y de denuncia del franquismo. Fue esta falta de reconocimiento europeo del franquismo lo que hizo inevitable la transición democrática, incluida la legalización del que se conocía como el “partido del antifranquismo”, el PCE.

A ello se añadió la emergencia de la generación de hijos de la guerra, conocida como la generación de 1956-1968, que llevó a que en el medio universitario de final de los años sesenta fuera minoritario la identificación con el franquismo. El disentimiento con la dictadura de lo que constituía la base de las nuevas elites preocupó crecientemente a los políticos de la dictadura, dando lugar también a nuevos cuadros tecnocráticos que no pertenecían a las familias políticas tradicionales franquistas y que fueron evolucionando a un reformismo que les condujo a una “conversión” a la democracia en el momento en torno a la muerte de Franco.

Este es el hilo conductor de las documentadas memorias del antifranquismo y la primera transición de Alzaga. El catedrático de derecho constitucional y abogado demuestra una cierta vocación de historiador, como un deber de memoria y con la tranquilidad de tener más tiempo después de su jubilación. Prueba de esa nueva vocación es que incluye a veces el diálogo y la crítica de la obra de los historiadores profesionales. No en vano había realizado una tesis publicada como La primera democracia cristiana en España sobre el Partido Social Popular, fundado poco antes de la dictadura de Primo de Rivera. Con la publicación de estas extensas memorias, aderezadas con numerosos documentos, Óscar Alzaga puede vanagloriarse de haberse convertido, junto al desaparecido Javier Tusell, en el principal escritor sobre la trayectoria de los democristianos en España.

La afirmación de que el movimiento obrero fue secundario para la deslegitimación del franquismo resulta, no obstante, discutible. Es cierto que la dictadura introdujo los convenios colectivos y la conflictividad obrera no deterioró tanto al franquismo como la denuncia internacional o el disentimiento universitario. Nunca hubo una huelga general hasta después de muerto Franco en noviembre de 1976, dándose huelgas generalizadas locales a menudo respondidas con violencia por las fuerzas de seguridad. En cualquier caso, el propio Sindicato Vertical fue deslegitimado por el grupo de trabajadores de la Organización Internacional del Trabajo o la presencia de la UGT en la Confederación Europea de Sindicatos desde 1973, lo que condujo a la ruptura sindical en 1977 frente a las tentativas de reforma desde los años sesenta encabezadas por Solís o Martín Villa. La documentación conservada del Gabinete de Enlace o de la comisión interministerial sobre la OIT demuestra el creciente impacto sobre la dictadura franquista de la solidaridad internacional con el movimiento obrero.

Finalmente, podríamos discutir sobre sí la transición fue un fenómeno de historia interna de España o tuvo un fundamento principal internacional. Me parece, sin duda, que desde los años sesenta la protesta democrática alimentó la preocupación occidental sobre lo que pasaba en la España de Franco, es decir, que hubo una dimensión internacional de la transición, pero esta fue sobre todo un proceso interno, influida eso sí, por fenómenos de cambios culturales occidentales como la música o el turismo, entre otros.

En cualquier caso, el libro de Alzaga aporta un relato muy completo sobre la Unión de Estudiantes Demócratas, el movimiento europeo, los seguidores de Manuel Giménez Fernández y Joaquín Ruiz Jiménez y su presencia internacional. Incluye también la labor de los abogados antifranquistas y los contactos con una “zona intermedia” del personal político bajo el franquismo, que, a través de plataformas como el grupo Tácito, tendría relieve en la formación de la clase política de la transición. Supone a veces también un cierto ajuste de cuentas con el pasado franquista de la mayor parte de sus compañeros de viaje en la naciente Unión de Centro Democrático, un pasado velado también por la destrucción de documentos de los aparatos de control del franquismo.

Abdón Mateos López (Madrid, 1960) es un historiador español. Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Madrid, dirige el Centro de Investigaciones Históricas de la Democracia Española y la revista semestral Historia del Presente. Fundador y presidente de la Asociación de Historiadores del Presente desde el año 2000.

Desde el año 2007 es responsable en la UNED de la Cátedra del exilio. En el año 2008 obtuvo la acreditación nacional de Catedrático de Historia Contemporánea. En el año 2009 obtuvo un segundo año sabático en Roma en la Universidad LUISS, financiado con la convocatoria nacional de Movilidad, y la Universidad de Las Palmas.

Actualmente dirige el proyecto de la Cátedra del Exilio (2011-16, patrocinado por el Banco de Santander) Emigrantes y exiliados en América después de la guerra civil. La construcción de una ciudadanía democrática, así como el proyecto de investigación del Ministerio (2012-16) "Historia del PSOE. Construcción del partido y reformismo democrático, 1976-1990".

Fue secretario general de ASU en Madrid.

Ha publicado recientemente Historia del PSOE en transición. De la renovación a la crisis (Madrid, Sílex, 2017).

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