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La dictadura franquista: del aislamiento al reconocimiento internacional


El estallido de la Segunda Guerra Mundial a los pocos meses de terminar la guerra civil condicionó la política internacional de España y la definición ideológica del nuevo régimen en sus primeros años. La evolución de la guerra obligó a Franco a revisar sus planteamientos iniciales, claramente filonazis, para adoptar posturas más proclives al bando aliado. Esta adaptación oportunista fue clave en el afianzamiento de Franco en el poder.

En 1939, la España franquista mantenía estrechas relaciones con las potencias del Eje –Alemania e Italia-, por los apoyos recibidos y fundamentales para conseguir la victoria en la guerra civil. En todo caso, al estallar la Segunda Guerra Mundial, Franco optó por cierta prudencia oficial, a pesar de la clara colaboración con los alemanes. Ante las arrolladoras campañas de la primera mitad del año 1940, Franco estableció la no beligerancia, una fórmula que, aunque no metía a España en la guerra, era sustancialmente favorable a la causa de Alemania. Quedaba abierta la posibilidad de intervenir en un futuro más o menos inmediato. Franco deseaba hacerse con un imperio norteafricano, pero sus exigencias eran excesivas para Hitler porque chocaban con los intereses de la Francia de Vichy, el régimen colaboracionista establecido en el centro-sur del país vecino. Esta falta de acuerdo se puso de manifiesto en la famosa reunión de Hendaya. En todo caso, España facilitó el trabajo de los espías nazis, aprovisionó a los barcos alemanes y exportó productos básicos para la guerra: wolframio, hierro y piritas. El punto de máxima colaboración se dio con la creación de la División Azul, en junio de 1941, para luchar al lado del ejército alemán en el frente ruso.

Pero, a medida que la guerra evolucionaba en contra de Alemania, Franco se acomodó a la nueva situación: apartó al todopoderoso ministro Serrano Suñer, pro-nazi, por un ministro de Exteriores aliadófilo, volviendo a la neutralidad, y retirando la División Azul.

Al terminar la guerra mundial, España quedó aislada por su evidente colaboración con las potencias derrotadas. La ONU no permitió que entrara en la en su seno y se acordó el cierre de fronteras, la retirada de embajadores y la exclusión de España del Plan Marshall. Esta situación de aislamiento fue el hecho que más amenazó la estabilidad del régimen franquista en toda su dilatada historia. Franco decidió borrar los signos fascistas del régimen, hizo cambios legislativos, estableció la llamada “democracia orgánica” e impulsó a la familia política de los católicos frente a la de los falangistas.

Las fuerzas del exilio presionaban para que los aliados derribasen a Franco, pero éste optó por resistir, por buscar el baño de multitudes de apoyo, por intensificar la represión y por presentar el boicot internacional como un plan encabezado por la URSS.

Pero la situación internacional en la segunda mitad de la década de los cuarenta terminó por ser favorable para Franco y su deseo de permanecer en el poder. Fue el momento del inicio de la guerra fría en dos bloques, y Franco se presentó como un adalid y pionero de la lucha contra los comunistas. Los sectores más conservadores y anticomunistas de Estados Unidos y de las potencias occidentales europeas comenzaron a considerar a Franco como un potencial aliado, por lo que, en vez de fomentar cambios políticos en España por ciertos temores de posibles desestabilizaciones, se optó por permitir que siguiera en el poder. Por otro lado, España estaba situada en una situación estratégica en el Mediterráneo occidental que convenía tener controlada, y más cuando se iban a iniciar los procesos de descolonización en el norte de África. En este contexto comenzaron en 1951 las conversaciones entre EEUU y España para la firma de un tratado bilateral. En 1953, un nuevo acuerdo permitía el establecimiento de bases norteamericanas en Morón, Rota, Zaragoza y Torrejón de Ardoz. A cambio, Estados Unidos enviaría ayuda económica, alimenticia y militar a España. Además, Estados Unidos consiguió que España fuera ingresando en diversos organismos internacionales: UNESCO, ONU y FMI. El resultado fue el afianzamiento de Franco en el poder. El siguiente paso fue la firma del Concordato con la Santa Sede en 1953, que terminó por rehabilitar a España en el contexto internacional y consagró el poder de la Iglesia en España: unidad religiosa, dotación económica, enseñanza, etc..

Pero no todos fueron éxitos internacionales. Los miembros del Mercado Común, surgido por el Tratado de Roma de 1957, no permitieron nunca que España ingresase en el mismo por no ser un país democrático, aunque se establecieron importantes acuerdos comerciales. Las fronteras se hicieron más permeables, permitiendo el flujo de emigrantes españoles y turistas europeos. Tampoco España pudo ingresar en el Consejo de Europa.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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