A vueltas con el concepto de historia contemporánea
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
La división de la Historia en edades o etapas nació en el Renacimiento, cuando se contempló la Edad Media como una etapa intermedia entre la época clásica griega y romana y los tiempos modernos, representados por el Humanismo. La Edad Media tenía para los humanistas una connotación negativa, al considerarse que había sido un retroceso de la supuesta brillantez de la época grecolatina, que ahora se pretendía recuperar. Esta visión ha pesado mucho desde entonces, convirtiéndose en un tópico que hoy no se puede seguir sosteniendo, y que la historiografía lleva combatiendo desde hace tiempo.
Esta división entre antiguos y modernos fue el inicio de partida de la posterior división de la época moderna en dos etapas separadas por una doble revolución, económica (Revolución Industrial) y política (Revolución liberal-burguesa), desencadenada en el mundo occidental a partir del último cuarto del siglo XVIII. A la segunda etapa se le denominaría Edad Contemporánea.
Pero este modelo de división de etapas es un producto de la cultura occidental y no se puede aplicar de forma clara, como una plantilla, a otros lugares y culturas con desarrollos históricos distintos, además de que tampoco en el mundo occidental hay consenso en la denominación de etapas.
En el mundo académico anglosajón se entiende como Historia Contemporánea la historia a partir del siglo XX, reservando el resto para la Historia Moderna. En el resto de Europa occidental prima más la tradición cultural e historiográfica francesa que considera que la Edad Contemporánea nace con la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII, siendo la Moderna la que iría desde el Renacimiento hasta la propia Revolución. En España se sigue este modelo. Aún así, conviene recordar que muchos aspectos de esa etapa que denominamos Moderna o del Antiguo Régimen pervivieron hasta la Gran Guerra.
Por su parte, en la Europa oriental se considera que la Historia Contemporánea comienza después de la Primera Guerra Mundial, como en la tradición británica, aunque por razones distintas. En realidad, en esta zona europea no hubo profundos cambios entre el siglo XVIII y el siglo XIX, es decir, que se mantuvieron las estructuras políticas, económicas y sociales porque no se dieron Revoluciones liberales o fueron abortadas de raíz.
Por fin, en los países del mundo que consiguieron la independencia en los procesos de descolonización, la Historia Contemporánea comenzaría a mediados del siglo XX, que es cuando se produjeron grandes cambios en su seno.
En conclusión, tenemos que recordar siempre que la periodización en Historia no puede ser rígida y debe obedecer a distintos criterios en función de realidades diferentes, así como a tradiciones de pensamiento propias. No se puede ni se debe aplicar un modelo a todas las áreas del mundo porque cada una tiene su propia historia.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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