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Leopoldo García-Alas y la unión de las izquierdas en 1910


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En el momento en que ponía en marcha la Conjunción Republicano-Socialista, Leopoldo García-Alas, en la época en la que se encontraba en Madrid, siendo secretario de la Junta de Ampliación de Estudios, publicó un artículo en marzo de 1910 en Vida Socialista en el que reflexionó sobre la misión del republicanismo español en ese momento importante de la vida española, y en relación con el socialismo y los intelectuales.

García-Alas consideraba que desde que se había producido la Restauración el republicanismo español nunca se había visto en una situación tan favorable para hacerse dueño del poder en tales condiciones que jamás fuera posible la vuelta de la Monarquía. Concurrían una serie de circunstancias que si se aprovechaban podrían asegurar el triunfo de la “democracia verdadera”. Los republicanos tenían una responsabilidad u obligación ineludible de no perder el tiempo, como había hecho hasta entonces, aludiendo a sus disputas internas (“discutiendo problemas bizantinos y tirándose los trastos a la cabeza”).

La crisis que atravesaba el país, en alusión evidente a las consecuencias de la represión ejercida en la Semana Trágica, indicarían el fracaso del régimen monárquico. Hasta este momento, la apatía política de los españoles y la debilidad de los republicanos eran, para nuestro protagonista, dos factores claves para que la Monarquía y sus defensores hubieran vivido tranquilos. Efectivamente, la crisis desatada en julio del año anterior habría variado las circunstancias. Desde entonces el país estaría en circunstancias muy favorables para la tarea que tendrían que hacer los republicanos. A los hechos de Barcelona no había sucedido una reacción a favor de las derechas, sino que, en cambio, las izquierdas habían obtenido un gran triunfo en las elecciones municipales.

Esos hechos de julio habían dejado al descubierto a los reaccionarios disfrazados, despertando a la “democracia dormida”. El prestigio de Maura desapareció, y García-Alas presumía y desea que fuera para siempre.

En ese justo momento los republicanos no pudieron aprovechar la ocasión para conseguir un cambio de régimen porque no tenían nada preparado, ni contaban tampoco con que iban a ocurrir tan graves sucesos. Además, el republicanismo español estaba muy quebrantado, pero había conseguido ser el núcleo alrededor del que se habían unido las fuerzas “más sanas de la izquierda” para salvar a la democracia.

Así pues, se habían unido los republicanos, los socialistas y los intelectuales, que antes no se habían preocupado por la política o si lo habían hecho no habían visto a la Monarquía como un obstáculo insuperable para toda la labor de “cultura y democracia”.

El país, en opinión de García-Alas, estaba dividido en dos tendencias irreconciliables: de un lado estarían las derechas, el ultramontanismo “con o sin disfraz”, patrocinado por el régimen; de otro las izquierdas, formada por los que consideraba los verdaderos demócratas, es decir, los republicanos y los socialistas, constantes enemigos de la Monarquía, y los intelectuales desengañados, que ya no creían en las compatibilidades aludidas anteriormente.

La unión tenía que ser “prenda” de futuras victorias, “anuncio de días mejores para España”, pero no por ello los republicanos debían “dormirse en los laureles”.

Los deberes del republicanismo serían los siguientes, siempre según García-Alas:

-Hacer suyas todas las preocupaciones de los hombres “modernos, cultos y patriotas”. Si los intelectuales habían caído del lado de la cultura, era justo que los republicanos cayesen del lado de la cultura.

-En relación con los socialistas, el republicanismo tenía que recoger su programa de reformas sociales para situar al proletariado español en el nivel del europeo.

-Había que inspirar al país una confianza ilimitada y presentarle programas de reformas que respondiesen a sus necesidades, junto con la garantía de su exacto cumplimiento.

-Había que informarse bien de lo que ocurría en el mundo para luchar mejor por la cultura.

-Había que aprovecharse de las circunstancias y utilizar las propias fuerzas.

Hemos trabajado con el número del 12 de marzo de 1910 de Vida Socialista.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Europa en su cenit
El republicanismo en España
El Antiguo Régimen. Sus estructuras sociales, económicas y políticas
El tiempo de las Revoluciones. De 1820 a 1848
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