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Reflexionando sobre sufragio universal y corporativo con Joaquín Mencos (1924)


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En los años veinte se habló mucho del sufragio corporativo en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera. No debemos olvidar que la Asamblea Nacional Consultiva se debía elegir por este método. Pues bien, unos años antes del establecimiento de esta cámara, al principio de la Dictadura, en enero de 1924, Joaquín Mencos, al que tantas veces recurrimos en trabajos de los años veinte y treinta, reflexionó sobre estas cuestiones del sufragio en las páginas de El Socialista. Vamos a sus reflexiones porque intentó compaginar ambos sistemas desde una óptica, digamos, progresista.

Mencos explicaba que las izquierdas eran partidarias del sufragio universal. Todos los cargos públicos debían ser elegidos por todos los ciudadanos (Mencos no alude a la mujer). A lo sumo, en ese espectro político se discutía sobre el tamaño de las circunscripciones electorales, o sobre qué sistema electoral aplicar, si mayoritario o proporcional, pero de la representación corporativa no se quería saber nada.

Por el contrario, las derechas, y siempre según nuestro autor, detestarían el sufragio universal, mostrándose partidarias de agrupar a los ciudadanos, que, a su juicio, fuesen merecedores del voto, no por distritos electorales, sino por profesiones y oficios, para que fueran éstos quienes eligiesen los representantes en las distintas instituciones.

Pues bien, nos parece significativo que Mencos se preguntase si no se podían armonizar ambos sistemas de sufragio como un medio para acabar con los males sociales españoles, como el caciquismo. Mencos no veía incompatibilidad entre ambos sufragios, y su artículo pretendió ser la demostración de su aserto.

Hasta ese momento todos los intentos de instaurar un sistema corporativo habrían surgido, en su opinión, de los sectores reaccionarios, como un medio para terminar con el sufragio universal, estableciendo Senados aristocráticos o burgueses, seguramente pensando en esta Cámara Alta en casi toda la historia del constitucionalismo español decimonónico, aunque explícitamente aludiera al proyecto de Pérez Pujol que Santamaría de Paredes exponía en su manual de Derecho Político. Sabemos que Eduardo Pérez Pujol fue un defensor de la restauración de los gremios, integrados por empresarios y obreros, para buscar la armonía con el fin de solucionar la cuestión social. Pero, además, dichos gremios tendrían una dimensión política, la base del parlamento, ya que cada persona agremiada podría elegir a los diputados de su gremio.

Para Mencos los tratadistas establecían que no valía igual el voto de un ignorante que el de un sabio, el de un obrero que el de un burgués, por lo que se habían ideado sistemas para que entre los elegidos siempre saliesen más burgueses que trabajadores. Es verdad que se solía plantear que los empresarios debían los mismos representantes que los obreros, pero como también entraban en las instituciones corporativas miembros del clero, propietarios, militares, nobles, jueces, etc., los obreros siempre quedaban en franca minoría.

Por supuesto, Mencos denunciaba la injusticia de este sistema. Pensaba que la gobernación del Estado no era una cuestión de sabiduría, aunque fuera necesaria. La buena gobernación pasaba porque el gobernante no atendiese a sus intereses o a los de su clase porque eso era egoísmo. Quien atendía a los intereses de clase gobernaba “en burgués” y oprimía a los obreros, pero quien gobernaba atendiendo a los intereses de la Humanidad era socialista porque lo hacía mirando el interés de los demás, a los que veía como hermanos y semejantes.

Había, por lo tanto, que elegir a los mejores, que no siempre eran los más sabios. Debía surgir una aristocracia, pero no de sangre ni del dinero, sino de la bondad y el desinterés. Pero era complicado determinar quiénes era los buenos, por lo que Mencos opinaba que debían poder votar todos los que no fueran malos, que serían los que no estuvieran cumpliendo una pena de suspensión del derecho del sufragio.

Y todo esto no era incompatible con el sistema corporativo para Mencos. Bastaba con que cada clase o gremio eligiese un número de representantes proporcional al de miembros con que contasen. De ese modo se armonizaban el sufragio universal y la representación corporativa, y no con un sistema que pretendía, en su opinión, llevar al país a la Edad Media, seguramente en alusión al sistema de gremios que hemos resumido más arriba.

Hemos trabajado con el número 4649 de El Socialista del dos de enero de 1924. En la hemeroteca digital de El Obrero encontraremos distintos artículos sobre la figura de Mencos.

Es muy conveniente la lectura del trabajo de Miguel Ángel Perfecto, “El corporativismo en España: desde los orígenes a la década de 1930”, en Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 5, 2006, pp. 185-218

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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