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Haciendo balance de la Justicia en 1921 con Pedro Rico


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Hace cien años, el destacado abogado, político republicano y futuro alcalde del Madrid republicano, Pedro Rico, hizo un balance sobre la Justicia en España en 1921 que rescatamos en la presente pieza.

Pedro Rico realizó un balance no sobre datos estadísticos, sino una valoración para señalar los “vicios y deficiencias” observados para procurar su remedio, aunque no era muy optimista.

En primer lugar, examinó el papel de la Justicia en las relaciones entre el capital y el trabajo. Rico recordó que la realidad del progreso económico y el avance de la clase obrera habían obligado a la creación de un derecho de carácter social y de unos organismos adecuados para su aplicación con el fin de resolver en el orden legal la pugna existente entre la “orientación individualista” de la legislación civil y las “tendencias sociales” del pensar y sentir colectivos del momento.

Pero en España habría un problema. Si por un lado estaba la casi unánime defensa del desarrollo de una legislación social y el establecimiento del contrato colectivo para evitar la miseria y con ellos determinar las condiciones de la prestación del esfuerzo humano, es decir, del trabajo, imperaba, por otro lado, un Código Civil que seguía considerando ese esfuerzo, el trabajo, como una de tantas cosas objeto de contratación entre dos partes que, libremente, establecían, en la más pura filosofía librecambista.

Y ahí surgían los conflictos cuando ante los Tribunales se pretendían hacer eficaces los pactos de carácter colectivo. Por un lado, los trabajadores reclaman su cumplimiento, por otro lado, la clase patronal, escudándose en el Código Civil, alegaba algunas veces que solamente podían obligar los contratos individuales, y otras que los pactos estarían “novados” por haber aceptado el obrero individualmente su modificación con posterioridad. Esa “novación” era muy fácil de obtener para Rico, ya que bastaba una crisis de trabajo para colocar al obrero en la disyuntiva de aceptar condiciones inferiores a las pactadas por riesgo a pasar hambre.

En conclusión, para nuestro autor, mientras todos los hombres no fueran totalmente libres el criterio de la libertad individual no podía ser el que regulara la contratación laboral. Debía ser la ley, informada por el principio de que el trabajo era función social que a todos beneficiaba, el que debía colocar al que había de prestarlo en condiciones de defensa que evitase que el peligro de la miseria de unos fuera la base del enriquecimiento de otros.

En relación con el orden penal, Rico explicaba que España vivía todavía bajo el imperio de un Código ancestral del año 1870, al que no ahorró una diatriba intensa.

Peor era la situación generada por las denominadas “leyes especiales”, con especial mención a la Ley de Jurisdicciones, que había sido promulgada para contener los “excesos catalanistas”, pero que seguía en vigor, en realidad, para servir de “mordaza” a todo el que quisiera fiscalizar algún aspecto de la vida española.

Pero también había problemas en relación con las leyes de tipo social. Así aludía a la Ley de Huelgas, que definía el derecho a ésta, pero que, a la vez la convertía en delito porque se hacía una interpretación muy amplia de la cuestión de la “coacción”.

El año 1921, afirmaba Rico, se había caracterizado por el abuso de las prisiones preventivas y gubernativas en virtud de la Ley de Orden Público. Se habría abusado de la prisión preventiva, cuando muchos ciudadanos habían visto sobreseídas sus causas a petición del Ministerio Fiscal.

Pero más grave era la situación en la que muchos presos no podían salir en libertad a pesar de disponerlo un juez porque en sus atestados la Dirección General de Seguridad había puesto la “coletilla” de que se los dejara a su disposición en virtud de la Ley de Orden Público, es decir, podía más el poder ejecutivo que el judicial en esta materia. El miedo al orden público provocaba que se prolongase la estancia en la cárcel de aquellos condenados con penas leves. Para Rico esto era una completa arbitrariedad.

Hemos consultado el resumen en El Socialista, número 4038 de 20 de enero de 1922.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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