HEMEROTECA       EDICIÓN:   ESP   |   AME   |   CAT
Apóyanos ⮕

Coronavirus y epidemia de gripe de 1918 en Estados Unidos: lo que nos enseña la historia


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

La gripe de 1918 duró hasta 1920 y se considera la pandemia más letal de la historia moderna. La experiencia de aquel bienio negro recopilada en libros como The Great Influenza (Penguin Books, 2004) de John M. Barry y El jinete pálido (Crítica, 2017) de Laura Spinney, ofrece algunas lecciones que pueden ayudarnos a comprender lo que ha pasado en todo el mundo y prevenir lo que queda por suceder.

Desde su primer caso conocido, que tuvo lugar cerca de una base militar de Kansas en marzo de 1918, en la que se entrenaban las tropas que serían enviadas a Europa para participar en la Primera Guerra Mundial, la gripe se extendió por todo el mundo. Entre 50 y 100 millones de personas habían muerto en todo el mundo al final de la pandemia. La Primera Guerra Mundial acabó con la vida de veintiún millones de personas en cuatro años. La gripe hizo lo mismo en cuatro meses. Hoy sabemos que ocho de cada diez bajas estadounidenses en aquella guerra no fueron por fuego enemigo sino por la gripe.

Figura 1. A. Adoptar medidas de aislamiento social un día después eleva espectacularmente el número de contagiados. B. Diferencias de casos mortales registrados en diferentes ciudades norteamericanas. San Luis y Nueva York, las primeras en aplicar medidas de aislamiento fueron las que menos casos registraron Fuente.

La clave para acabar con la epidemia de 1918 fue el aislamiento social. En 2007, dos estudios científicos intentaron explicar cómo influyeron en la propagación de la enfermedad las distintas respuestas ofrecidas en diferentes ciudades. Al comparar las tasas de mortalidad, el tiempo y las intervenciones de salud pública, los investigadores descubrieron que las tasas de mortalidad eran alrededor de un 50% más bajas en las ciudades que adoptaron medidas preventivas desde el principio en comparación con las que lo hicieron tarde o no lo hicieron (Figura 1). Además, las ciudades que adelantaron el distanciamiento social se recuperaron económicamente mejor tras la pandemia.

Los casos de San Luis y Filadelfia son paradigmáticos. Poco después de que se adoptaran medidas sanitarias en Filadelfia, apareció otro caso en San Luis. Dos días después, la ciudad cerró la mayoría de las reuniones públicas y pusieron a las víctimas en cuarentena en sus hogares. Los casos se ralentizaron. Al final de la pandemia, la tasa de mortalidad en San Luis era menos de la mitad que en Filadelfia (Figura 2).

 

Figura 2. Fuente: Ohio History.

Aunque las medidas relacionadas con el distanciamiento social sigan teniendo plena validez un siglo después, a medida que la pandemia de COVID-19 entra en su tercer año muchas personas quieren saber cuándo la vida volverá a ser como era antes del coronavirus. La historia, por supuesto, no es un modelo exacto de lo que depara el futuro. Pero la forma en que los estadounidenses emergieron de la pandemia anterior podría sugerir cómo será la vida después de la actual.

Al igual que el COVID-19, la pandemia de gripe de 1918 golpeó fuerte y rápidamente, pasando de un puñado de casos aparecidos en unas pocas ciudades a un brote a nivel nacional en unas pocas semanas. Además de las actuaciones federales, difíciles de implantar en un país en el que la Constitución no dice nada sobre situaciones de excepción, en un intento de mantener la enfermedad bajo control muchos estados y muchas ciudades emitieron varias órdenes de cierre, correspondientes a los reflujos y flujos de sus epidemias.

Estas órdenes de distanciamiento social funcionaron para reducir los casos y las muertes. Sin embargo, como sucede hoy, a menudo resultaba difícil mantenerlas. A fines de otoño de 1918, solo unas semanas después de que esas órdenes entraran en vigor, la pandemia parecía estar llegando a su fin a medida que disminuía el número de nuevas infecciones y la gente estaba lista para terminar con las máscaras tan pronto como pudiera.

El público clamaba por volver a su vida normal. Las empresas presionaban para que se les permitiera reabrir. Creyendo que la pandemia había terminado, las autoridades estatales y locales comenzaron a revocar los edictos de salud pública. La nación centró sus esfuerzos en abordar la devastación que había causado la gripe.

En la pandemia de gripe de 1918 los medios de comunicación tuvieron un papel nefasto. Banalizaron el relato de aquella pandemia e hicieron chistes como “el soldado de Nápoles”. Viñeta de Lorenzo Aguirre publicada en El Fígaro el 25 de septiembre de 1918 que hace referencia al Soldado de Nápoles, nombre dado inicialmente a la enfermedad por ser tan pegadiza como la partitura de canción del mismo nombre perteneciente a la zarzuela La canción del olvido. Wikimedia Commons / El Fígaro.

Para los amigos, familiares y compañeros de trabajo de los cientos de miles de estadounidenses que habían muerto, la vida posterior a la pandemia estuvo llena de tristeza y dolor. Muchos de los que aún se recuperaban de sus episodios de la enfermedad necesitaron apoyo y atención psicológica mientras se recuperaban.

En un momento en el que no existía una red de seguridad social federal o estatal para las clases desfavorecidas, las organizaciones benéficas se pusieron en acción para proporcionar recursos a las familias que habían perdido cabeza de familia o para acoger a los innumerables niños que habían quedado huérfanos por la enfermedad.

Sin embargo, para la gran mayoría de los estadounidenses, la vida después de la pandemia parecía ser una carrera precipitada hacia la normalidad. Privados durante semanas de ocio nocturno en la ciudad, de acontecimientos deportivos, servicios religiosos, interacciones sociales en las aulas y reuniones familiares, muchos estaban ansiosos por recuperar su vida anterior.

Siguiendo las indicaciones de los responsables sanitarios que habían declarado prematuramente el fin de la pandemia, la inmensa mayoría de los estadounidenses recuperaron rápidamente sus rutinas previas a la pandemia. Llenaron cines y salones de baile, se apiñaron en tiendas y comercios y se reunieron con amigos y familiares.

Los responsables sanitarios habían advertido que los casos y las muertes probablemente continuarían durante los siguientes meses. Sin embargo, entonces como ahora, la carga de la salud pública dejó de descansar en la política, para pasar a ser responsabilidad individual. No funcionó.

Como era de esperar, la pandemia continuó y se extendió hasta convertirse en una tercera ola mortal que duró hasta la primavera de 1919, con una cuarta ola en el invierno de 1920. Algunos responsables sanitarios culparon del resurgimiento a los estadounidenses que no habían mantenido el debido cuidado. Otros restaron importancia a los nuevos casos o volvieron a ocuparse de asuntos de salud pública más rutinarios, incluidas otras enfermedades y las habituales inspecciones higiénico-sanitarias en lugares públicos

Acostumbrado ya al precio que se había cobrado la pandemia y a las muertes que estaban por llegar, Estados Unidos, un país que estaba ansioso por celebrar el final de la Primera Guerra Mundial, un acontecimiento que quizás tuvo mayor importancia en la vida de los estadounidenses que la propia pandemia, siguió avanzando. En gran parte, la gente no estaba dispuesta a volver a las medidas de salud pública que perjudicaban social y económicamente.

Un siglo después, transcurridos dos año de la actual pandemia, es comprensible que muchas personas estén demasiado ansiosas por volver a sus vidas anteriores. El fin de esta pandemia llegará inevitablemente, como ha sucedido con todas las anteriores que ha experimentado la humanidad. Sin embargo, si algo tenemos que aprender de la historia de la pandemia de gripe de 1918, así como de nuestra experiencia hasta ahora con la COVID-19, es que un regreso prematuro a la “normalidad” corre el riesgo de provocar más casos y más muertes.

Hoy tenemos ventajas más que notables sobre los ciudadanos de hace un siglo. Los científicos saben mucho más de virología y epidemiología. Sabemos que el distanciamiento social y el uso de mascarillas ayudan a salvar vidas y, lo más importante, es que disponemos de varias vacunas seguras y efectivas que se están distribuyendo a un ritmo de vacunación cada vez más acelerado.

Cumplir con los condicionantes de lucha contra el coronavirus o levantar el pie del acelerador de la aplicación de las medidas podría significar la diferencia entre un nuevo aumento de casos y un final más rápido de la pandemia.

La COVID-19 es mucho más contagiosa que la gripe y hay variantes preocupantes del SARS-CoV-2 que ya se están extendiendo por todo el mundo. La mortal tercera ola de gripe en 1919 y la secuela de 1920 son ejemplos de lo que puede suceder cuando se baja la guardia antes de tiempo.

Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.

En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.

Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.

En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.

 

Tu opinión importa. Deja un comentario...


Los comentarios que sumen serán aceptados, las críticas respetuosas serán aceptadas, las collejas con cariño serán aceptadas, pero los insultos o despropósitos manifiestamente falsos no serán aceptados. Muchas gracias.

Periodismo riguroso
y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider