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Pablo Iglesias contra la Ley de Jurisdicciones y por la libertad de expresión en 1911


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El Partido Socialista se significó, como el resto de la izquierda española, contra la Ley de Jurisdicciones. En este artículo analizaremos uno de los artículos que Pablo Iglesias realizó contra esta reforma legal que supuso un cambio profundo en relación con los delitos ocasionados por injurias al ejército.

Recordemos que esta ley surgió por presión militar ante los sucesos del “¡Cu-Cut!” y La Veu de Catalunya de noviembre de 1905 con el asalto de militares a sus respectivas redacciones por las sátiras allí contenidas. El Ejército aprovechó la circunstancia para obtener lo que pretendía desde hace tiempo, es decir, que las consideradas ofensas a la patria o al mismo ejército fueran materia de la jurisdicción militar. Para ello, había que hacer una reforma legislativa. Se presionó con fuerza al Gobierno, que terminó por suspender las garantías constitucionales en la provincia de Barcelona. Montero Ríos dimitió el 2 de diciembre cuando supo que el rey había hablado con altos mandos militares a sus espaldas.

El nuevo Gobierno de Segismundo Moret, con Romanones como ministro de la Gobernación, admitió a trámite el cambio legislativo deseado por los militares. Se trataba de la Ley de Jurisdicciones, que modificaba el Código de Justicia Militar. La Ley se aprobó el día 22 de marzo de 1906 y entró en vigor al día siguiente. Por esta ley la jurisdicción militar podía juzgar las críticas al ejército, la bandera o cualquier símbolo nacional. Generó una intensa polémica parlamentaria y en la opinión pública. Unamuno impartió una conferencia contra dicha Ley en el Teatro de la Zarzuela. La Ley estuvo en vigor hasta el 17 de abril de 1931 cuando Azaña la derogó.

El artículo de Iglesias se publicó en Vida Socialista en el número del cinco de marzo de 1911.

Comenzaba con una afirmación categórica: la Ley era opuesta a la Constitución. ¿Por qué? Pues porque el artículo 13 del texto constitucional reconocía que todo español tenía derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, de palabra o por escrito, sin sujeción a la censura previa. Pues bien, cuando los españoles formulaban juicios, críticas u observaciones acerca de las Fuerzas Armadas, o de algunos de sus miembros, o exponían ideas respecto a su organización, carácter e influencia se les aplicaba el artículo 3 de la Ley, que decía lo siguiente:

“Los que de palabra o por escrito, por medio de la imprenta, grabado u otro medio mecánico de publicación, en estampas, alegorías, caricaturas, emblemas o alusiones, injurien u ofendan clara o encubiertamente al Ejército o a la Armada o a instituciones, armas, clases o cuerpos determinados del mismo, serán castigados con la pena de prisión correccional, y con la de arresto mayor en sus grados medio y máximo a prisión correccional en su grado mínimo, los que de palabra, por escrito, por la imprenta u otro medio de publicación, instigaren directamente a la insubordinación en institutos armados o a apartarse del cumplimiento de sus deberes militares a personas que sirvan o estén llamadas a servir en las fuerzas nacionales de tierra o de mar.”

Pues bien, no había sector político que no se había visto comprendido en esta Ley: socialistas, anarquistas, oradores, periodistas, republicanos, monárquicos, y entre éstos, hasta personajes que escribían en periódicos militares y pertenecían al propio ejército.

Habían sido condenados por injurias a la fuerza armada, o por instigar a la insubordinación, por la tendencia de sus opiniones o simplemente por presidir un mitin combatiendo la guerra y reclamando el servicio militar obligatorio.

Era una ley, en opinión del líder socialista, sin parangón en Europa. Era, por lo tanto, un bochorno para España, y recordaba que había sido obra de liberales, y que, en ese momento, precisamente con Canalejas, se estaba aplicando más intensamente. Canalejas tenía que haber terminado con esta Ley si era verdad que quería que preponderase el poder civil, pero no se podía esperar nada del mismo. En este sentido, conviene decir que los socialistas fueron intensamente críticos con el representante de la izquierda liberal al considerar que no estaba cambiando nada, y que les perseguía, una cuestión que merece un estudio monográfico.

En vista del escándalo que suponía esta Ley, contraria al derecho y la justicia, todos los que figuraban en las “filas progresivas, todos los que sean fieles a las ideas liberales”, debían levantarse para protestar y no cesar en la misma hasta su desaparición.

Había que luchar en la prensa, en el mitin y en el parlamento, se decir en todos los terrenos.

Socialistas y republicanos (estamos en plena Conjunción Republicano-Socialista) estaban, a su juicio, más obligados que nadie a realizar esta campaña y a persistir en la misma.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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