Ya nadie se acuerda de Lumumba (1925-1961). Debemos preguntarnos ¿por qué?
- Escrito por Antonio Chazarra Montiel
- Publicado en Historalia
Ninguna brutalidad, maltrato o tortura me han doblegado porque prefiero morir con la cabeza en alto, con la fe inquebrantable y una profunda confianza en el futuro de mi país, a vivir sometido y pisoteando principios sagrados.
Patrice Lumumba
Palabras dirigidas a su mujer y a sus hijos en una emotiva carta, poco antes de su asesinato.
Los procesos de colonización y descolonización –tomemos por ejemplo los acaecidos en algunas regiones de África- están repletos de violencia, corrupción, abusos de poder y humillaciones. Los europeos hemos pasado página con mala conciencia de ese periodo histórico apresuradamente. Hemos de atrevernos a arrancar las máscaras y enfrentarnos, analíticamente, a una realidad que pone de manifiesto lo peor que existe en el ser humano… sus intereses espurios, rastreros y depredadores.
A estos efectos es bastante urgente que revisemos críticamente las relaciones con nuestro propio pasado, a fin de no caer, una y otra vez, en los mismos errores. El post colonialismo nos muestra descarnadamente que hemos de repensar nuestra actitud colectiva hacia los Derechos Humanos, hacia la desigualdad estructural y hacia las profundas diferencias entre unas zonas y otras del Planeta. El mundo que está emergiendo es, desde luego, muy distinto del que imaginábamos hasta hace poco.
Ha habido intentos loables –si bien no sostenidos en el tiempo- de someter a revisión y crítica este sombrío periodo histórico. Hace unos meses, en junio de 2021, dediqué mi colaboración en El Obrero a hablar de Frantz Fanon, una figura intelectual y política, a mi juicio clave, para comprender las interpretaciones más hondas y reflexivas del proceso de descolonización.
Patrice Lumumba y Frantz Fanon tienen más en común de lo que podría parecer a simple vista. Nacieron y murieron en el mismo año y, desde distintas perspectivas y ángulos son dos personajes imprescindibles, para abordar y esclarecer el proceso de descolonización… que hoy, por fin, empieza a interesar a diversos círculos y sectores.
Al menos hay alguna inquietud por saber ¿qué pasó? y ¿cómo y por qué razones tuvieron lugar de una forma tan improvisada, desordenada, falta de cualquier parámetro o estructura lógica los procesos de descolonización? Cabe, incluso la posibilidad, de que en buena parte fueran premeditados… y se buscase sustituir una colonización militar por otras formas de esquilmar los recursos y de apoderarse de las riquezas del Continente negro.
Hoy, voy a hablar de Patrice Émery Lumumba. Es un personaje histórico y controvertido al que hemos de analizar en sus coordenadas temporales, políticas y geoestratégicas. Tiene aspectos polémicos y, por ello, resulta difícil aprehenderlo y ‘anclarlo’ en el momento histórico en que vivió.
Muchos lo tienen por un líder anticolonialista y libertador, otros, los menos, por un criptocomunista que intentó abrir la puerta de esa región africana a la Unión Soviética. Predominan los primeros y quizás, este hecho, motiva el que fuera nombrado héroe nacional en 1966, apenas cinco años después de su asesinato. Sinceramente pienso que ir estableciendo correlaciones sobre su vida, los procesos de independencia y las características de la descolonización es una tarea del todo oportuna.
Quizás el futuro que nos espera es que aún no hemos salido de una crisis y ya nos vemos inmersos en otra. ¿Hasta qué punto hemos contribuido con nuestra inconsciencia y falta de pericia geoestratégica a esta inestabilidad? Algunos seguimos pensando que la democracia es, ante todo, una forma de vida y unos valores. Ese es el principal motivo por el que estoy hablando de Patrice Émery Lumumba.
El poco interés que hemos sentido y sentimos los europeos por África, hace que de todo esto apenas se hable y que por tanto quienes protagonizaron los procesos de descolonización, para muchas generaciones sean unos perfectos desconocidos.
Sin embargo, este político e intelectual africano, fue el fundador del Movimiento Nacional Congoleño (MNC) y, tras la independencia, Jefe de Gobierno. Fue un político templado, resolutivo, con iniciativas sociales y una óptica inequívocamente reformista. Intentó –lo que acabaría por costarle la vida- limitar la influencia de las Compañías anglo-belgas, cuyos fines consistían en, tras la independencia y modificando externamente algunos supuestos, continuar esquilmando las riquezas y explotando las materias primas tan abundantes. Quienes investiguen su periodo de gobierno encontrarán otros motivos para respetar su figura política y su actitud ética y solidaria.
Las compañías y los intereses colonizadores movieron sus hilos hasta tejer una red siniestra. Fue secuestrado –ahí aparece por primera vez, la inhumana y corrupta figura de Mobutu Sese Seko- que jugó un papel determinante en su calidad de ‘colaboracionista’. Poco después, Patrice Lumumba, sin juicio previo, fue asesinado.
No es este un hecho aislado sino un episodio más de la post colonización, que pone de relieve como los intereses de las potencias foráneas, pretendieron que todo siguiera igual bajo una apariencia distinta.
Unos pocos datos sobre Patrice Lumumba. Fue un político que se vió obligado a perfilar su formación de manera autodidacta con lo que esto conlleva. Desempeñó distintos oficios, hasta que empezó a abrirse paso a través del periodismo, tanto en Kinshasa (antigua Leopoldville) como en Kisangani (Stanlyville) –hasta en los nombres de las ciudades puede advertirse el colonialismo-. Por no citar más que un segundo dato, indicaré su preocupación desde muy joven, por la enseñanza pública como vía para la igualdad de oportunidades y el progreso de un nuevo país que acababa de iniciar su andadura.
Su proceso de concienciación fue lento. Se dice que le afectó mucho la imagen degradante que, en la Exposición de Bélgica de 1958, se daba del pueblo congoleño. Pronto empezó a asistir a Conferencias Panafricanas, como la de Accra y estableció contactos con otros anticolonialistas como Kwame Nkrumah, Félix-Roland Moumié y Frantz Fanon. En estas reuniones aprendieron a diagnosticar, con precisión, los problemas existentes y ver los elementos comunes que tenían, así como los efectos negativos del colonialismo para el desarrollo de los pueblos.
Baste solo añadir a lo dicho, que cuando el Congo obtiene su independencia, tiene mucho más de ficticia que de real. Veamos por qué. El nuevo país se vió obligado a asumir la deuda externa que Bélgica dejó como indeseable herencia, lo que era económicamente insoportable y a devolver prestamos que jamás recibió. Esta situación impedía poner en marcha las primeras reformas e iniciar con solvencia el nuevo periodo.
Es vergonzoso el tratamiento que cierta prensa europea dio a los procesos de independencia, con frecuencia considerándolos una amenaza para la estabilidad mundial. Sin embargo, los líderes independentistas fueron madurando, demostrando una notable inteligencia y coraje moral. Tuvieron que vencer no pocas inseguridades y hacer frente a fraudes y a una corrupción sistémica.
Se fue curtiendo, combatiendo los abundantes abusos de poder, los negocios turbios, la ineficacia del tribalismo y el afán de enriquecimiento voraz por parte de los aprovechados que siempre surgen en estas circunstancias. Fueron años caóticos que afectaron a las condiciones de vida. Los procesos de descolonización, con mayor o menor fortuna, quebraron la racionalidad colonial. Los imperialistas con sus nuevos disfraces y con un cinismo desafiante, parecían practicar aquello de populus vult decipi ergo decipiatur, pensando o fingiendo que pensaban que si el pueblo quiere ser engañado, que lo sea y mirando olímpicamente hacia otro lado cuando se cometían atropellos y violaciones de los Derechos Humanos.
El post colonialismo trajo consigo nuevas pesadillas, resucitando además otras y, dando lugar a marginaciones lacerantes, empobrecedoras y perturbadoras. En definitiva, un paisaje político, social y económico poco halagüeño.
Se vió obligado a adoptar decisiones que no tenían retorno. La administración y los cuadros del ejército seguían estando compuestos mayoritariamente por belgas. Modificar esta situación para los que de forma encubierta seguían mandando era literalmente, inadmisible. La africanización del ejército y de la administración, por tanto, fue considerada una ‘agresión’. Lumumba empezó a ser considerado un enemigo al que había que tratar con hostilidad y eliminarlo drásticamente si no se sometía al escenario ideado.
En 1960 el Congo fue la sede de otra conferencia Panafricana. Los desafíos y las agresiones eran constantes. La región de Katanga apostaba por la secesión con el apoyo de Bélgica, que pretendía controlar los ricos yacimientos mineros. Moïse Tshombe no era más que un títere y una pieza de intereses foráneos.
El guión es tan conocido que causa hastío repetirlo una vez más. La ONU, primero ordenó a Bélgica que retirara sus tropas, más después, apoyó la secesión de Katanga. Existe interesante documentación al respecto, por ejemplo, un telegrama (26/08/60) de Allen Dulles que advertía a los agentes de la CIA, en forma cifrada, ‘hemos decidido que su eliminación (Lumumba) es nuestro objetivo más importante y que, en las circunstancias actuales, merece alta prioridad en nuestra acción secreta’
También estaba en el guión lo que ocurrió a continuación. Se produjo un golpe de Estado y Mobutu Sese Seko se hizo con el poder. Su régimen fue dictatorial y sanguinario, mas obediente y servicial con quienes lo apoyaron. Naturalmente, se enriqueció de forma obscena.
Lumumba es detenido y se ordena su asesinato para salvaguardar los intereses de las multinacionales estadounidenses. Igualmente forma parte del ‘guión’ que poco después sus seguidores fueran perseguidos, encarcelados y muchos ejecutados, en estas operaciones es más que probable la participación de mercenarios belgas y de otras nacionalidades. El Movimiento de los Países no Alineados, se limitó a lamentar su asesinato. Con la hipocresía y doblez de los dictadores sanguinarios, el general Mobutu en 1966 lo nombró ‘Héroe Nacional’. En más de una ocasión la historia de la descolonización africana muestra escenas de este cariz.
El pueblo africano necesitaba esos años convertir sus sentimientos en símbolos. Los intelectuales anticolonialistas jugaron un papel decisivo en estos procesos. El caso de Patrice Lumumba no fue el único.
A veces, la historia es contradictoria, más no acostumbra a plantear callejones sin salida. Más pronto o más tarde las situaciones terminan por encauzarse y los laberintos por resolverse, dejando atrás la miseria y los asoladores periodos de sometimiento, al menos los más lacerantes.
Todavía las consecuencias del colonialismo y sus heridas son visibles. Hasta hoy África ha sido, en buena medida, un Continente despreciado, saqueado, y cuyas riquezas se han repartido –y lo que es más grave, continúan repartiéndose- ayer las potencias militar-coloniales, hoy las económicas. En este Continente la muerte ha sido durante mucho tiempo, un juego de azar entre luces y sombras. Hubo también, inteligencia, visión de futuro y compromisos morales, más con frecuencia, los pioneros pagaron con la vida sus intentos de liberación, progreso y libertad.
Quiero manifestar que, desde mi punto de vista, el anticolonialismo es también una moral de resistencia. Aún grupos de poder y obscuros sobre la vida y la muerte. Solo quisiera, por unos momentos, que el lector interesado meditara unos minutos sobre cómo se configuró el mapa de África.
Los arrepentimientos y las peticiones, más retoricas que reales de perdón, llegaron, como siempre, demasiado tarde. Se disculpó la CIA, por su intervención en el asesinato de Lumumba, pidió perdón por sus atropellos el reino de Bélgica, más de poco sirven estos gestos vacios de contenido. Obviamente no puede recogerse la leche derramada.
Para quienes estén interesados en esta historia y sus ramificaciones, les voy a sugerir un documental fechado en 1990, que merece la pena visionar, Lumumba, la mort d’un prophète, franco-suizo-alemán, de 69 minutos de duración, dirigido por Raoul Peck.
Una duda que sigue viva, como una herida abierta, es ¿por qué?, ¿cuáles fueron las razones por las que asesinaron a esta figura emblemática de la descolonización? Más que probablemente, por su enérgica oposición a que los poderes occidentales –sobre todo económicos- continuaran esquilmando al Congo y ‘vaciándolo’ de sus ricos recursos naturales. Las consecuencias no podían estar más a la vista. Más pobreza y más desigualdad para una población maltratada y explotada a la que se le negaban sistemáticamente el derecho a la educación, a la sanidad y a la calidad de vida, que hubieran podido permitirle la utilización de los recursos.
Es también, reseñable que frente al hipócrita catolicismo belga, Patrice Lumumba era un laico convencido y partidario, por tanto, de la separación de cualquier confesión religiosa y el Estado.
Hoy, cuando los ecos de los tambores de la guerra fría llegan de nuevo hasta nuestros oídos, con la invasión de Ucrania y sus previsibles consecuencias, debemos recordar a Lumumba como un hombre digno y consecuente, que impulsó una lucha política e ideológica contra los yugos coloniales… y, también, no debemos olvidarlo, contra el imperialismo norteamericano muy activo durante aquellos años.
Condenó el colonialismo en todas sus formas, las más directas y descarnadas y las indirectas, aunque más refinadas, no menos crueles. No se quedó ahí. Criticó comportamientos de las nuevas élites y nuevas formas de corrupción emergentes que, junto con las tradicionales impedían que el país se levantase. Con una enorme valentía también, denunció el victimismo por el pasado colonial, que a modo de coartada, algunos practicaban sin hacer el menor esfuerzo por superarlo.
Hoy día los minerales y materias primas del Congo siguen siendo codiciados y es que, como ya hemos anunciado, el neocolonialismo es polifacético. Guarda muchos disfraces en el armario y hoy como ayer, utiliza los más adecuados para continuar esquilmando y aprovechándose de los recursos de estos países, sin importarle que no logren superar las secuelas de la dominación militar, política y económica de las potencias extranjeras.
Señalemos de paso, que en la España de la dictadura, la eliminación sin juicio de Patrice Lumumba fue ‘celebrada y aplaudida’ por algunos periódicos adictos al régimen.
Esta aproximación a la lucha y a las ideas emancipadoras de Lumumba va tocando a su fin, No obstante, quisiera referirme por poner solo un ejemplo, a las minas de oro existentes en ese país, que siguen siendo muy codiciadas. Hoy la lucha en campo abierto no resulta mediática, sin embargo, en la retaguardia las intrigas y enfrentamientos sordos no cesan. Considero que estos hechos deben ser analíticamente tenidos en cuenta y divulgados pedagógicamente. Si se prescinde de ellos, no es posible contemplar con rigor el papel y la función que han jugado y siguen jugando los intereses neo-coloniales.
Un hecho incuestionable es que los anhelos insatisfechos siguen ahí, impertérritos, la dictadura que durante tres décadas ha controlado el país con mano férrea y sus cómplices internos y externos han impedido que los congoleños puedan disfrutar de lo que por derecho les pertenece.
En medio de este panorama desolador, el vigor y la voluntad transformadora de Lumumba siguen ahí mostrando, tozuda y lucidamente, el camino a seguir.
La indiferencia por todo lo que ocurre en esas regiones africanas es significativa. No merece la menor atención de los medios de comunicación que están a otras cosas. Por tanto, no mencionan la corrupción y los turbios manejos que se siguen llevando a cabo.
De cuando en cuando, es saludable romper esa conspiración del silencio, atreverse a formular preguntas incomodas y recordar que la realidad es dialéctica y que quizás en el futuro se nos pueda pedir cuentas por nuestra complicidad y silencio.
Antonio Chazarra Montiel
Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.
Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid.
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