La defensa del voto femenino en el socialismo español en 1928
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Referéndum autonómico del 5 de noviembre de 1933 en Éibar, primera vez que la mujer puede votar, en el resto de España lo hicieron en las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933. Foto realizada por Indalecio Ojanguren.
En distintos artículos anteriores hemos estudiado la cuestión del voto femenino desde la perspectiva socialista española para los años finales de la década de los años veinte, un momento histórico, por lo demás, fundamental en la historia del feminismo socialista en Europa. Hemos interpretado el análisis que se hizo sobre el papel del voto femenino en el triunfo laborista de 1929 y, sobre todo, nos acercamos a un artículo publicado en El Socialista de julio de ese mismo año en defensa del reconocimiento de dicho derecho al calor del debate producido en Francia sobre el sufragio femenino, que no se reconoció en ese momento por la oposición del Senado y la negativa de los radicales frente al apoyo al cambio defendido por la SFIO desde su Congreso en Nancy. En ese artículo se expuso la teoría socialista española de que las “izquierdas burguesas” temían que el voto se inclinase hacia la reacción, una hipótesis que nunca desestimaron los socialistas españoles, pero que no podría ser nunca una razón para no reconocer el derecho. No era posible inhibir a la mujer de la lucha política.
Pues bien, en esta línea de pensamiento estaría la opinión vertida también en las mismas páginas de El Socialista, pero un año antes, en marzo de 1928 sobre el voto femenino, y que reafirma la tesis de la importancia del socialismo español en la lucha por la consecución de los plenos derechos políticos de las mujeres en España.
En los años veinte el órgano del PSOE dedicaba una sección al feminismo socialista todas las semanas, comentando los debates, las iniciativas, y las noticias sobre los derechos de las mujeres en el mundo, además de incluir artículos de María Cambrils y María de Lluria, principalmente. Pues bien, en este caso el comentario aparecía en relación con la presentación por parte del Gobierno conservador británico en el Parlamento de un proyecto de ley para otorgar el derecho al voto de las mujeres a partir de los veintiún años. El periódico comentaba que esa reforma ya había sido preparada por el Gobierno laborista de MacDonald, y que había sido acogida favorablemente por el jefe de la oposición en los Comunes, y ahora jefe del ejecutivo, Baldwin. Pero había tardado cuatro años en dar el paso, aunque al final se había decidido, aunque con disgusto de una parte de su Partido. En todo caso, las perspectivas eran halagüeñas porque la reforma contaría con el apoyo de los laboristas y de los liberales.
Como es sabido, esta reforma iba a completar la anterior de la posguerra cuando se reconoció el derecho a votar a las mujeres, pero de mayor edad, a partir de los treinta. Si se aprobaba se calculaba que se incorporarían al censo electoral más de cinco millones de mujeres, con lo que habría más mujeres votantes que hombres. El periódico se preguntaba a quién darían preferencia las jóvenes electoras, aunque, como hemos estudiado en un trabajo aludido al principio, se interpretaría posteriormente que en las elecciones de 1929 se habían inclinado por los laboristas, en línea con lo que, al parecer, vaticinaban parte de los conservadores, y de ahí, su negativa al reconocimiento de derecho.
Pero el periódico español reconocía que no solamente los conservadores británicos eran reacios al voto femenino, recordando, como también vimos para el año siguiente con el debate en el Senado francés, que los radicales se oponían al cambio al suponer que el voto femenino sería conservador. Los socialistas españoles, como también hemos afirmado más arriba, no desechaban este argumento, pero planteaban la cuestión desde otra perspectiva. No se trataba de saber si la mujer sería adversa a la causa de la izquierda en el momento en el que se pudiera votar en España, sino de defender la igualdad de derechos, reconociendo el derecho al voto femenino sin limitaciones específicas, y solamente las que se impusiesen por ley a ambos sexos. Para los socialistas era una cuestión de principios, asumiendo todas las consecuencias derivadas de la fidelidad a las convicciones, toda una rotunda afirmación que ayuda para combatir una especie de mito o media verdad que lleva tiempo circulando entre determinados sectores historiográficos y/o políticos sobre las prevenciones socialistas ante el sufragio femenino. Era evidente que había temor a que fuera un voto favorable a las derechas, partiendo de la supuesta fuerza moral que ejercía la Iglesia sobre las mujeres, argumento parecido al que se empleaba en Bélgica. Pero también era evidente que, al contrario de lo que defendían ciertas izquierdas dentro y fuera de España, el socialismo español siempre defendió el derecho de la mujer a votar.
Y, como tantas veces hemos visto reflejados en textos, los socialistas españoles pretendían que para evitar el riesgo de un voto hacia lo que se consideraba la reacción, se emprendiese una labor pedagógica política hacia las mujeres. Había que luchar por el feminismo, pero de clase, es decir, socialista.
Hemos trabajado con el número 5962 de El Socialista, de 18 de marzo de 1928.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.