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La explosión del Ilopango (I)


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El conocimiento de la historia, sirve para muchas cosas positivas (lo he escrito con frecuencia) entre otras para no decir bobadas. Pero también actúa como una especie de bálsamo, cuando más angustiados nos sentimos, por los desastres que vivimos. No se trata de aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, lo que incrementaría nuestra angustia y, además es absolutamente falso. Se trata de conocer que la historia, aún con sus retrocesos y/o parones, más o menos largos, al final siempre camina hacia adelante, que de los años horribles, siempre se acaba por salir.

En el siglo VI, el mundo vivió una horrorosa época de climatología espantosa, frío extremo y oscuridad, pues durante ella, los rayos del sol y su calor, no alcanzaban nuestro planeta. Igualmente, seguramente por ello, la recesión económica fue brutal. Durante décadas, los estudiosos han tendido a buscar explicaciones extremistas, en relación a lo que sucedió en dicho siglo VI y, bien han visto esos años, como una crisis de proporciones catastróficas, o bien se han centrado en la resiliencia y la continuidad. Esto, no sólo simplifica en exceso la cuestión, sino que asume que, condiciones similares, prevalecieron en todas partes y, que comunidades en áreas distintas, reaccionaron de la misma forma, cuando no fue así en absoluto. Claramente, la “crisis” de ese periodo, llamado también “de las migraciones”, debió de tener múltiples causas que actuaron en conjunto y, se desarrolló a lo largo de un extenso espacio de tiempo.

Sin embargo, el creciente corpus de trabajos realizados por científicos naturalistas, historiadores y arqueólogos, ha revelado algo más: una corta secuencia de acontecimientos, de una escala y un impacto tales que, al principio, se cuestionó que fueran reales. Todo comenzó con el análisis medio ambiental, de muestras de hielo obtenidas en Groenlandia y la Antártida, en las cuales se identificaron, capas significativas de aerosoles de sulfato, el material resultante de erupciones volcánicas. Más o menos al mismo tiempo, la mejora de la datación, basada en los anillos de los árboles, reveló que el fechado de los aerosoles, se correspondía con un breve periodo, caracterizado por una notable reducción, en el crecimiento de los bosques en grandes extensiones del planeta. A su vez, los científicos naturalistas aportaron datos sobre el polen, que indicaban una regresión de los bosques y, una pérdida de tierras cultivadas, que también encajaba con el mismo periodo de tiempo. Cada día son más las pruebas indirectas que, en conjunto, señalan que un solo suceso climático, o quizá varios en un periodo corto de años, tuvo enorme consecuencias.

Al principio, los historiadores rechazaros esos descubrimientos. Incluso uno de ellos, se refirió a ellos, de forma despectiva, como “la última teoría del Gran Cataclismo”. Pero esta postura cambió pronto. Tras años de de paciente trabajo en todo el mundo, los vulcanólogos y los expertos en modelos climáticos, están ahora seguros: en los años 536 y 539/540, hubo al menos dos erupciones volcánicas, de una magnitud sin precedentes. La primera, debió ocurrir en algún lugar de los trópicos, pero todavía no se ha determinado exactamente el lugar. La segunda, se produjo en el hoy lago de Ilopango, en El Salvador y, fue una explosión tan grande, que el volcán entero se hundió y, sólo quedó la caldera inundada que se aprecia hoy, de una extensión mayor que muchas capitales del mundo.

Se estima, que solo la explosión del Ilopango, produjo hasta 87 kilómetros cúbicos de piroclastos, una cifra tan ingente, que hasta los expertos tienen que leerla dos veces (sí, “kilómetros cúbicos”). Una cifra significamente más elevada, que la de las emisiones del Tambora (1815), la segunda mayor erupción de la historia. La erupción de Ilopango, se cuenta entre las diez mayores, que se han vivido en la Tierra, a lo largo de los últimos siete mil años y, recordemos, se produjo después de la del volcán del año 536, cuya ubicación exacta, no se ha determinado todavía. Nuevas investigaciones sugieren que, para colmo, ambas estuvieron seguidas por una “tercera” gran erupción en el 547.

Pues eso.

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.


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