Roger Casement y las brutalidades sobre los indios del Putumayo
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Roger David Casement (1864-1916) fue un diplomático irlandés, vinculado al nacionalismo de Irlanda, pero, sobre todo, un personaje clave en la historia de la denuncia de los abusos que el colonialismo infringió tanto en el Congo como en la Amazonia. Terminó trágicamente, porque los británicos descubrieron sus negociaciones con Alemania en 1916, justo antes del Levantamiento de Pascua, lo que le valió ser juzgado por traición y condenado a muerte. En este trabajo no nos interesa su vinculación con el nacionalismo irlandés, sino la otra cuestión, la de los abusos que la población indígena sufrió por el interés económico colonial. Muy famoso fue el Informe Casement (1904) sobre el Congo por el escándalo que supuso que el mundo conociera lo que estaba haciendo Leopoldo II, rey de los belgas. Casement recibió altos honores en el Reino Unido por su trabajo.
Durante la fiebre del caucho, el Foreing Office le encargó que averiguara si eran ciertas las denuncias que se estaban produciéndose contra la Peruvian Amazon Company, de capital británico, aunque su presidente era el peruano Julio César Arana. Fruto de este trabajo sacó The Putumayo Black Book, y escribió un diario, que se publicaría póstumamente.
Pues bien, de esa investigación se hicieron eco los socialistas españoles, que la reseñaron en las páginas de El Socialista, en julio de 1912, y que constituye la principal fuente de nuestro artículo.
El informe de Casement sobre lo que vio en los bosques del Putumayo, y que había publicado el Gobierno británico era, a juicio, de los socialistas españoles, la revelación de “inauditos crímenes” cometidos por los agentes de la Compañía concesionaria de la explotación, que en el siglo XX habían resucitado la esclavitud. Era la “más elocuente condenación de la codicia capitalista”. No hacía falta más que entresacar párrafos del texto para comprobarlo.
En este sentido, el informe explicaba que a comienzos del siglo la población del Putumayo era de unos cincuenta mil indios. Pues bien, en doce años había descendido a diez mil.
Los indios se habían convertido en verdaderos esclavos, recibiendo, por lo demás, castigos como la pena de azotes. Pero, además, en todos los campamentos que Casement visitó comprobó que había cepo y azotadores, especialmente designados para dicha tarea. A algunas víctimas se las ataba con argollas para poder ser azotadas, pero como el grado de sumisión era tan alto no solía hacer falta. Prueba de ello era que cuando un indio llegaba con el caucho recogido y él mismo comprobaba que no era la cantidad establecida, se echaba en el suelo para esperar el castigo. Los latigazos producían heridas y hasta gangrenas. Otra de las torturas consistía en sumergir a la víctima en el río hasta casi el ahogamiento, y así sucesivamente, hasta que moría. También había muertes gratuitas de personas mayores y de niños.
En fin, el relato de las atrocidades cometidas era escalofriante. Pues bien, como sabemos, Arana no sufriría castigo alguno, a pesar de que tuvo que defenderse ante la Cámara de los Comunes. Llegó a redactar algunos escritos para justificarse, tanto en el Reino Unido como en España. Entre ellos, estaría, Las cuestiones del Putumayo, que publicó en Barcelona en 1913.
De los responsables de estas atrocidades Casement redactó un listado, pero solamente serían juzgados los menos importantes.
Los textos de El Socialista salieron en el número 1372, del 26 de julio de 1912.
Se da la circunstancia que la novela de Vargas Llosa, El sueño del celta está inspirada en la vida y obra de Casement.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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