Una colección de instrumentos agrícolas en tiempos de Fernando VII
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
Retrato de Fernando VII pintado por Francisco de Goya en 1814 por encargo del Ayuntamiento de Santander. / Wikipedia.
En este breve trabajo queremos sacar a la luz una de las colecciones desconocidas de aperos e instrumentos agrícolas en España en la primera mitad de siglo XIX que formó parte de un proyecto fallido de enseñanza de su uso y que terminó por pasar a manos públicas. Fue uno más de los intentos por introducir las mejoras técnicas que fuera de España se conocían en este momento de pleno auge de las revoluciones agrícolas en Occidente. La situación productiva del campo español no varió sustancialmente por todos los proyectos e iniciativas educativas que se dieron desde fines del siglo XVIII y mediados del siglo XIX, pero, de todos modos, creemos que es importante dedicarles cierta atención para demostrar el trabajo y preocupaciones por enseñar mejoras para intentar cambiar la realidad del agro español, en la línea de nuestros trabajos anteriores sobre este particular, ya que constituyen las primeras etapas de la institucionalización educativa en el estado liberal. También pretendemos, como segundo objetivo, sacar a relucir otra iniciativa del incansable agrónomo Antonio Sandalio de Arias en el seno de la Real Sociedad Económica Matritense, a quien se debe que no se perdiera esta colección y pudiera tener cierta utilidad en la enseñanza agronómica decimonónica.
En el reinado de Fernando VII el coronel suizo Victor Theubet se estableció en el Cortijo de San Isidro de Aranjuez con la finalidad de abrir un establecimiento agrícola con modernos instrumentos agrícolas. Theubet se comprometía a ensayar y trabajar con ellos para enseñar el manejo de estos aperos a los labradores. La empresa fue inspeccionada en julio de 1833 por Antonio Sandalio de Arias por encargo del Gobierno para conocer el estado del establecimiento, el sistema agronómico adoptado y los instrumentos agrícolas traídos. Arias observó que se contaba con una serie de aperos que consideraba sumamente interesantes. En primer lugar, había una serie de arados de Dombasle, agricultor francés que fue el fundador y director del Instituto agrícola de Roville, cercano a la ciudad de Nancy. También se contaba con varias sembraderas de Fellenberg, rastras, carros suizos muy ligeros y, sobre todo, una excelente máquina para trillar y limpiar a un tiempo las mieses bajo cubierto sin necesidad del concurso del viento. A Arias le entusiasmó esta máquina porque en su informe se detuvo aún más al señalar que era movida por caballos y regida por dos hombres y tres muchachos. Pudo comprobar que daba limpios cinco hectólitros de trigo por hora, o lo que es lo mismo, ocho fanegas y cinco celemines. Calculaba que al día podía dar más de cien fanegas de trigo bien trilladas y limpias pero la observación directa de Arias rebajaba esta cifra a setenta.
No sabemos las razones, pero esta especie de escuela fracasó, aunque Arias apunta, quizás, a una mala dirección. El problema actual residía en que se podía perder el conjunto de máquinas reunidas. Vuelve a intervenir Arias cuando en un informe que presenta a la clase de Agricultura de la Sociedad Matritense, el 16 de febrero de 1835, pidió que se solicitase a la reina su adquisición, ya que Theubet pensaba partir a su país y le era preciso deshacerse de los instrumentos, y por lo que sabía, el suizo estaba dispuesto a cederlos por un precio ajustado, oportunidad que no se podía despreciar si se comparaba con lo que costaría en ese momento adquirir máquinas semejantes en el extranjero. Además, siguiendo a Arias, si tarde o temprano había que abrir una escuela práctica de agricultura, parecía lógico hacerse con una colección de máquinas que eran totalmente desconocidas para los labradores españoles. Arias propuso que esta colección se colocase, una vez adquirida por el gobierno, en la Sociedad Matritense o en el Gabinete de Máquinas del Conservatorio de Artes, pero expuestos a la luz pública para que pudiesen verse y aprender el manejo de los instrumentos, con la fabricación de modelos y dibujos. Como comprobamos, Arias pretendía la consecución de un objetivo eminentemente pedagógico, ya sea como fondo para la imprescindible escuela agronómica que había que terminar por fundar, ya fuese en la Matritense o en el Gabinete de Máquinas, pero no de una manera clásica de simple exposición sino dándole a esta muestra permanente un eminente sentido utilitarista, de ahí que pidiese que se levantasen planos y se elaborasen maquetas.
La clase de Agricultura aceptó esta petición en junta de 17 de febrero y la elevó a la junta de la Sociedad que se pronunció en el mismo sentido unos días después, encargando a Arias que redactase de acuerdo con la Secretaría una exposición a la reina para que se adquiriese la colección del suizo, añadiendo que esta colección también debería estar a disposición del profesor de agricultura del Jardín Botánico.
La petición de la Matritense surtió efecto porque el gobierno decidió comprar las máquinas del suizo para depositarlas en el Conservatorio de Artes para que el público pudiese contemplarlas y el profesor de agricultura del Museo de Ciencias Naturales (Jardín Botánico) pudiera usarlas en sus clases. Se encargó a Arias que hiciese la tasación del lote, aunque no conocemos el precio final de la adquisición.
Catálogo de la colección de máquinas e instrumentos
En la petición que realiza la Sociedad Matritense se va añadir una relación del estado de los instrumentos en aquel preciso momento que, a continuación, reseñamos y que está fechada en Madrid, el día 2 de marzo de 1835:
- Una máquina completa para trillar los granos que, al parecer se podía desmontar con facilidad.
- Dos ventiladores para limpiar los granos.
- Dos rodillos o desterronadores perfeccionados para las tierras.
- Ocho rastrillos hechos en los talleres del Cortijo.
- Cinco arados hechos en los talleres del Cortijo.
- Un arado grande de hierro colado, oreja de igual hierro y reja de acero.
- Un arado mediano de hierro colado, oreja de igual hierro, reja de acero, más una oreja grande de hierro colado y dos rejas de acero para el mismo.
- Un arado mediano de hierro colado y una reja de acero
- Un arado mediano de hierro colado y una reja de acero, y oreja de hierro colado, con otra reja de acero de cambio.
- Otro arado igual
- Dos arados iguales.
- Otro arado igual.
- Un arado y oreja de hierro colado.
- Un trineo para conducir los arados a las tierras.
- Cuatro pies o rejillas de cambio para el arado llamado rayonneurs
- Dos arados (Rayonneurs) con pies de hierro.
- Dos estirpadores de ruedecilla, pies de hierro colado y uno de cambio para los mismos.
- Un avan-tren para el arado Rayonneurs
- Una azada para caballo.
- Otra azada para caballo.
- Un sembrador para toda clase de simientes.
- Otro sembrador con el mismo fin.
- Un rastro grande de hierro para tres caballos.
- Otro rastro grande de hierro para dos caballos.
- Un arado de riego.
- Un cuchillo (máquina) para cortar raíces, modelo nuevo.
- Otro cuchillo (máquina) para cortar la paja.
- Un sembrador completo con tubos para sembrar simientes finas de Fellenberg.
- Otro sembrador igual sin tubos.
- Una azada compuesta completa del mismo Fellenberg
- Un arado completo del mismo Fellenberg.
- Dos carros de cuatro ruedas, grandes y bien acondicionados.
Bibliografía y fuentes:
ANTÓN RAMÍREZ, B.., Diccionario de Bibliografía Agronómica, Madrid, 1865.
MONTAGUT CONTRERAS, E., “La enseñanza de la agricultura en España en la crisis del Antiguo Régimen”, en Torre de los Lujanes, nº 40, (1999), págs. 197-245.
RUMEU DE ARMAS, A., El Real Gabinete de máquinas del Retiro, Madrid, 1990.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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