A los de siempre
Todo demócrata tiene razones en España para estar satisfecho. Su satisfacción surge al comprobar que vive en un país en paz en las calles, silencio en los cuarteles y tranquilidad en la mayoría de los hogares. Pero hay un sector de la clase política empeñado en amargarle la existencia. Habrá quien diga que esa tríada de satisfacciones no es para tanto, pero hay que pedir a quien niega su gratificación que eche una mirada al contorno, con un mundo en llamas, regido por irresponsables iracundos, sin escrúpulos a la hora de ensombrecer la existencia millones de personas mediante la guerra, las crisis premeditadamente urdidas para arruinar a las gentes de a pie y un malestar inducido que solo beneficia a unos pocos: los de siempre.
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