Navidad y Geopolítica
La Navidad invita a la ilusión, tal vez por aquella pulsión infantil que permanece anclada en nuestra memoria. Soñábamos entonces, de niños, con grandes regalos, en una atmósfera en la que las figuritas y los aromas del musgo de los portales de Belén o los entonces incipientes árboles navideños cargados de bolas relucientes despertaban en nosotros evocaciones y emociones inesperadas. Quizás, aquel turbión de sensaciones nuevas que con la Navidad nos inundaba tuviera que ver con ese hondón del invierno que tiñe el frío solsticio de diciembre de un deseo de calor, de afectos profundos, de un querer y de ser querido que solo en la primavera encuentra un eco parecido a cuando, ya de adolescentes, nos enamoramos por primera vez. Tal vez todo ello distingue la Navidad con un desear que se abre ensoñadamente ante nosotros.
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